• Un retrato de Salvador Alvarado se exhibe junto a una foto antigua del Ateneo Peninsular, como parte de la muestra sobre la historia local que alberga el nuevo museo
  • Pie de foto
  • Arriba, descripciones en código Braille y relieve que representa a un hombre sosteniendo tamales de maíz. A la izquierda, figuras halladas durante las excavaciones para construir el Tren Maya
  • A la izquierda, otra de las piezas prehispánicas en exhibición; junto a estas líneas, la placa conmemorativa de la primera exposición de la Escuela de Bellas Artes, en 1916, y, arriba, la sala que presenta la historia del Ateneo Peninsular

El Ateneo Peninsular, edificado en 1536 y transformado a lo largo de los siglos, alberga hoy en día una amplia colección de objetos que forman parte de la historia de la Península.

El pasado 26 de abril, y después de tres años de someterse a un proceso de rehabilitación, este emblemático lugar reabrió sus puertas al público con una exposición de vestigios mayas que fueron hallados durante los trabajos de construcción del Tren Maya.

Administrado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el sitio alberga 102 piezas arqueológicas, otras 12 históricas, 15 reproducciones táctiles, nueve audiovisuales y una maqueta.

El recorrido se divide en tres partes y se concluye en un tiempo aproximado de 35 minutos.

En la primera parte se presenta la historia del lugar, que en 1916, por orden del gobernador Salvador Alvarado, se convirtió en la Escuela de Bellas Artes.

Entre los objetos destacados de esta sección se encuentra la placa conmemorativa de la primera exposición de arte que se llevó al cabo el mismo año de la fundación de la Escuela.

Ateneo Peninsular, un espacio incluyente

Desde el inicio del recorrido por el Ateneo hay estaciones incluyentes con reproducciones táctiles de las piezas expuestas, así como imágenes en relieve, descripciones en código Braille y elementos audiovisuales.

En la segunda parte de la visita se aborda la historia del Palacio Episcopal, cuya construcción se desarrolló entre 1573 y 1579. Antes de convertirse en un centro cultural, el edificio pasó por varias etapas.

A lo largo de esa transformación como sede episcopal, y antes de su cese en 1867, por ella pasaron personajes reconocidos, como los frailes Diego de Landa, Gonzalo de Salazar e Ignacio Padilla, y Crescencio Carrillo y Ancona, cuyos retratos se encuentran exhibidos alrededor de la sala.

Finalmente, en la tercera parte del recorrido se ingresa al Museo del Tren Maya (Tsíimin K’áak), que presenta la exposición titulada “Por las vías del salvamento, sendero del tiempo”.

Siete tramos por recorrer

La muestra se divide en siete tramos —los mismos que tiene la ruta del Tren Maya—, en los que se agrupan las zonas arqueológicas de acuerdo con la región en la que se encuentran.

En el tramo siete se presentan los descubrimientos efectuados en Dzibanché-Kinichná, Kohunlich, Calakmul y Xpuhil; en el seis, los de Oxtankah, Chacchoben, Ichkabal y Muyil; en el cinco, los de El Meco, Tulum, Xcaret y Cobá, y en el cuarto, los de Chichén Itzá, Ek Balam y Balankanché.

El tercero incluye a Uxmal, Kabah, Dzibilchaltún, Izamal, Mayapán y Xcambó; el segundo, Edzná, Xcalumkín, Labná y Chunhuhub, y el primero, Palenque, Pomoná, El Tigre y Moral-Reforma.

No solamente se exhiben las piezas encontradas, sino que también se clasifican y contextualizan.

Ateneo Peninsular: horarios

La exposición no se limita a mostrar los objetos, sino que igualmente explica cómo se relacionan desde la cosmovisión y la vida cotidiana de los antiguos maya.

Platos, vasijas de barro, lanzas y pendientes son algunos de los objetos que los pobladores originales de la Península utilizaban en su día a día y que forman parte del conjunto en exhibición.

El museo se puede visitar de martes a sábado de 9 de la mañana a 2 de la tarde. La entrada es gratuita por ahora.