• A la izquierda, una asistente presenta un estandarte con la imagen de San Ignacio de Loyola a monseñor Gustavo Rodríguez Vega, arzobispo de Yucatán; arriba, la convocatoria que tuvo la misa de anoche
  • A la izquierda, el padre Luis Gerardo Moro Madrid, provincial de la Compañía de Jesús en México; monseñor Gustavo Rodríguez Vega, arzobispo de Yucatán, y el padre Jorge Alberto Flores Ulloa, superior local y rector de El Jesús, durante la misa de ayer; debajo, un aspecto del templo, que fue colmado por los fieles

Con motivo de la festividad de San Ignacio de Loyola y el centenario de la presencia ininterrumpida de la Compañía de Jesús en Mérida, el arzobispo de Yucatán, monseñor Gustavo Rodríguez Vega, celebró ayer una misa solemne en la iglesia de El Jesús, en el Centro.

Durante su homilía, el prelado subrayó que la gran enseñanza de San Ignacio es aprender a discernir la voluntad de Dios en nuestro interior. Añadió que muchas personas, a pesar de estar bautizadas, no conocen a profundidad la vida de Jesús, ni han leído los Evangelios o las vidas de los santos, y destacó la importancia de este conocimiento transformador.

“El contacto con la vida de Cristo y con los santos nos mueve interiormente, expresó. Dichoso el hombre que medita la ley del Señor día y noche. Dichosos nosotros, porque somos cuestionados para elegir el camino de Dios”.

El Arzobispo recordó que la primera lectura del día aludía a los dos caminos: el del bien, guiado por los mandamientos, y el del mal, marcado por la desobediencia. Invitó a los presentes a aprender de San Ignacio el discernimiento espiritual, que ha sido revitalizado en la Iglesia, especialmente desde el pontificado de San Pablo VI.

“Jesús nos llama a conocerlo personalmente, no solo a opinar como lo hace la mayoría. Los apóstoles tenían opiniones, pero también una experiencia viva con Cristo”, explicó. El discernimiento se ha consolidado en la Iglesia bajo el pontificado del papa Francisco y continúa ahora con el papa León XIV.

“El ministerio de los padres jesuitas es precisamente ayudar al discernimiento”, afirmó. Agregó que muchos laicos comprometidos, inspirados por su fe y la doctrina social de la Iglesia, participan activamente en causas justas que benefician a la sociedad.

Entre estas causas, dijo, “la construcción de la paz ocupa el primer lugar en el contexto actual. Vivimos tiempos de violencia, inseguridad y guerra. En Yucatán, no debemos dormirnos en nuestros laureles, sino seguir trabajando en favor de la paz”.

El Arzobispo también llamó a reflexionar sobre el cuidado de la Casa Común. Recordó que hace 99 años, un día como ayer, se cerraron los templos en todo México, dando inicio a una terrible persecución religiosa que derivó en la Guerra Cristera. Muchos murieron mártires, otros resistieron pacíficamente y apoyaron la difusión de la fe, indicó.

Uno de esos mártires fue el beato Miguel Agustín Pro, jesuita. También recordó que en 1925, un año antes de la persecución, los jesuitas regresaron a Yucatán para continuar su labor, interrumpida por su expulsión años antes.

En Yucatán la persecución ocurrió en 1915, y aunque causó daño, también fortaleció la fe. “Como se dice, la sangre de los mártires es semilla de cristianos”, expresó. Señaló que las regiones donde hubo mayor persecución son hoy las que registran más vocaciones religiosas y laicales.

“Cada jesuita”, añadió, “descubre personalmente lo que Dios le pide, su misión particular y el camino que debe seguir. San Ignacio fue un hombre de su tiempo, de noble cuna, que participó en la milicia. Tras una grave herida, se abrió al conocimiento de Jesús y de los santos, y eso lo transformó profundamente”.

El prelado finalizó su mensaje deseando que la comunidad jesuita continúe con su labor en Yucatán, guiada por el ejemplo de San Ignacio. “Sea alabado Jesucristo”, concluyó.

La misa fue concelebrada por los sacerdotes jesuitas Luis Gerardo Moro Madrid, provincial en México; Jorge Flores Ulloa, superior local y rector de El Jesús; Eugenio Gómez Díaz Barriga, exsuperior regional; Juan Dingler y Enrique Carrasco, y el presbítero Jesús Tec Canché, vicario de la parroquia de Cristo Rey y Santa María de Guadalupe.

Durante la ceremonia, el provincial dirigió un mensaje y la comunidad jesuita renovó su compromiso espiritual. La ceremonia fue armonizada por el coro Magis Universitario, bajo la dirección de Víctor Balcázar, junto con músicos de la Orquesta Sinfónica de Yucatán.— Claudia Sierra Medina

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