La bióloga Marina Rosado Chico durante la conferencia “Tiburón vs humano. ¿Quién es el verdadero depredador?”, que ofreció anteayer
La bióloga Marina Rosado Chico durante la conferencia “Tiburón vs humano. ¿Quién es el verdadero depredador?”, que ofreció anteayer

A pesar de su papel fundamental en el equilibrio de los ecosistemas marinos, los tiburones siguen siendo víctimas de estigmas y miedos que, alimentados por la cultura popular y la desinformación, los han convertido en villanos del océano.

Esta fue la premisa de la charla “Tiburón vs humano. ¿Quién es el verdadero depredador?”, impartida anteanoche por la bióloga Marina Rosado Chico, quien expuso por qué es momento de replantear nuestra visión sobre estos grandes peces.

Ante un público diverso —integrado por científicos, buzos, pescadores y ciudadanos interesados en aprender—, Rosado Chico comenzó el recorrido por la antigüedad y diversidad de los tiburones. “Son parte de uno de los linajes más antiguos del planeta, con más de 410 millones de años de existencia. Existen alrededor de 540 especies de tiburones en el mundo, y al menos 69 están en el Golfo de México y el Caribe mexicano”.

Sin embargo, cerca del 50% de las especies objetivo de pesca en la región están en alguna categoría de riesgo, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

La bióloga también confrontó una de las creencias más arraigadas: el miedo a los ataques. “En promedio se registran seis muertes por ataque de tiburón al año en todo el mundo. La probabilidad de morir así es de una en más de cuatro millones. En contraste, los mosquitos matan a 750 mil personas al año y los humanos, a más de 400 mil”, puntualizó.

Las verdaderas causas del miedo, dijo, se encuentran en la sobreexposición mediática, el amarillismo noticioso y películas como “Tiburón”, que desató campañas de caza masiva tras su estreno.

Rosado Chico ofreció una mirada cruda a prácticas como el “finning” o aleteo, en la que se cortan las aletas de los tiburones para devolverlos aún vivos al mar, donde mueren lentamente. Esta práctica, aún vigente en México, responde a un mercado que valora las aletas por encima del equilibrio ecológico. “Ellos matan para sobrevivir. Nosotros, ¿por qué lo hacemos?”, cuestionó.

En su análisis, la especialista explicó que los tiburones no solo son depredadores tope que regulan poblaciones, sino también sanitarios del océano, ya que se alimentan de animales enfermos o moribundos.

El descenso de su número desata desbalances que afectan desde los herbívoros marinos hasta los pastos submarinos, vitales para la producción de oxígeno y la captura de carbono.

Además, subrayó que conservar tiburones vivos no solo es una decisión ética, sino también económicamente viable. “El turismo de buceo con tiburones en México genera entre 455 millones y 725 millones de dólares al año. Un solo tiburón vivo puede valer hasta 200 mil dólares a lo largo de su vida; uno muerto, apenas 200”, advirtió.

En sitios como Playa del Carmen y Cabo Pulmo, el avistamiento de tiburones toro representa un porcentaje clave del turismo anual.

La charla se cerró con un llamado a la acción. Rosado Chico instó a los asistentes a cuestionar sus hábitos de consumo, exigir trazabilidad pesquera cada vez que se consume cazón en la región, apoyar el turismo responsable, informarse en fuentes confiables y conectar emocionalmente con la vida marina. “El cambio empieza cuando dejamos de verlos como monstruos y comenzamos a verlos como lo que son, nuestros guardianes del mar”, afirmó.

Admitió que jamás le pedirá a la gente que deje de consumir productos del mar, pero sí que sea crítica y se cuestione si lo que está comiendo es realmente lo que se ofrece en el menú, ya que muchas veces no hay manera de comprobar de dónde vino el animal que ingiere.

Tras la ponencia se abrió espacio a preguntas y respuestas, en el que se levantaron muchas manos con dudas, otras con felicitaciones y algunas más instando a los presentes a apoyar la labor de la bióloga que comparte sus conocimientos en aras de cambiar las perspectivas frente a los tiburones.

En un tiempo en que las narrativas de miedo siguen afectando tanto a los ecosistemas como a las decisiones políticas, encuentros como este reafirman que el conocimiento y la empatía pueden transformar el vínculo entre humanos y naturaleza. El verdadero depredador, como bien apuntó Rosado Chico, no siempre tiene aletas.

El encuentro con Marina Rosado no fue casualidad, sino el resultado de una red de afinidades científicas y del compromiso de divulgar conocimiento fuera de espacios tradicionales. La invitación a impartir esta charla vino de la Sociedad de Científicos Anónimos Mérida, que a través de su coordinador estatal, el médico Jaim Rajamín Cobá Canto —especialista en Epidemiología del Instituto Mexicano del Seguro Social—, ha impulsado actividades que acercan la ciencia a la vida cotidiana.

Desde su visión, llevar la ciencia a espacios informales, como cafés o bares, permite un diálogo más cercano, cómodo y efectivo con la sociedad. “Ese siempre ha sido el objetivo de nuestra organización, que la ciencia no se quede en las universidades o en los hospitales, sino que salga y llegue a todos”.

La charla forma parte de una serie de eventos gratuitos abiertos al público que buscan visibilizar distintas áreas del conocimiento. En entregas anteriores han contado con la participación del doctor Eliab Canul Canché, astrofísico, y próximamente se harán encuentros con especialistas en antropología, herpetología y otras disciplinas científicas.

También hace una invitación para que cualquier persona con vocación por compartir ciencia se sume. “No cobramos, solo buscamos espacios y abrimos el micrófono para quien quiera comunicar. Y a quienes deseen aprender, los esperamos con las puertas abiertas”, concluyó el organizador.

Para conocer más sobre las próximas charlas y actividades pueden consultarse las cuentas de la Sociedad de Científicos Anónimos Mérida en redes sociales o contactar directamente a @jaim_rajamin en Instagram.— Darinka Ruiz Morimoto

“Ellos matan para sobrevivir. Nosotros, ¿por qué lo hacemos?”

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