Hasta hace unos años, en Yucatán había más de 200 filigranistas; hoy, apenas hay 16 en todo el Estado, señaló la maestra artesana María de Guadalupe Pacheco Ucán, quien junto con Raúl Armando Ramos Durán compartió su experiencia en el oficio que, más que una técnica, es un legado, en la charla “Introducción a la filigrana”.
Comprometidos con conservar y promover esta tradición, explicaron que la filigrana tiene un origen milenario.
“Viene de Europa. Mucha gente cree que es una técnica local, pero no lo es. Nació en pueblos antiguos, como los etruscos y sirios; pasó por Italia, llegó a España y finalmente a la Península de Yucatán con los franciscanos. Fue adoptada y refinada por las comunidades mestizas”, relató Pacheco Ucán.
Las joyas antiguamente se elaboraban en oro, combinadas con coral o jade, y eran símbolo de estatus. “Entre más filigrana usabas, más poder representabas. Quien tenía solo una pieza era considerado de bajo nivel social”, explicó.
Actualmente las prendas se realizan principalmente en plata y cobre. Los precios varían según la complejidad: un rosario puede costar desde $700 hasta $25,000.
Por su parte, Raúl Ramos habló del trabajo que se lleva al cabo para obtener una pieza de este tipo.
“El proceso se inicia con la compra de granalla de plata, que fundimos y aleamos para darle resistencia. Luego formamos hilos de distintos calibres, con los que creamos los diseños. Todo tiene un patrón base. De una margarita, por ejemplo, se extraen elementos para un rosario. Cada pieza puede tardar semanas o incluso meses” terminarse, añadió.
Una clave para distinguir una pieza auténtica de filigrana es la precisión y la delicadeza del trabajo. “Muchos compran cosas importadas, hechas de hierro pintado. Se ven bonitas, pero no duran. En cambio, la plata y el oro tienen una textura única. Se sienten. Una pieza artesanal transmite algo. No es lo mismo que lo hecho en masa”, añadió el maestro.
Por último, los artesanos, que impartieron la charla en el Instituto Yucateco de Emprendedores, compartieron un llamado: “Queremos darle a la filigrana el lugar que merece y evitar que desaparezca. Hay talleres y cursos disponibles”.
“No es difícil, solo se necesita paciencia, buena vista y muchas ganas. Incluso, puede convertirse en una herramienta de autoempleo”, reflexionaron.



