La esperanza es el único bien que todos los hombres poseen —Tales de Mileto

Por asociación de ideas esta palabra me lleva al cardenal Francisco Xavier Nguyen Van Thuan que, siendo arzobispo de Saigón —cuando el comunismo entró a Vietnam—, fue arrestado durante 13 años, viviendo en situaciones infrahumanas.

El pretexto de su confinamiento fue que su nombramiento de arzobispo había sido fruto de un complot. Fue liberado en 1988.

En la prisión, el sacerdote tenía la obsesión de dar alimento espiritual a sus feligreses, algo que era imposible, hasta que se le ocurrió escribir lo que pensaba en sus momentos de soledad, por lo que le pidió a un niño de siete años que frecuentaba la prisión que le trajese papel para poderlo hacer.

El chico le consiguió bloques viejos de calendarios y en ellos el sacerdote plasmó a su pueblo mensajes desde su confinamiento.

Esta acción le dio a Francisco Xavier la esperanza de vivir en medio de la angustia en la que estaba metido y la desesperanza que ello le proporcionaba, esto fue posible gracias a esa virtud que pudo seguir con su ministerio sacerdotal.

Un día, en un retiro espiritual, nos hicieron una pregunta: Para ti, ¿cuál de las tres virtudes teologales —fe, esperanza y caridad— es la más importante? Las contestaciones fueron hacia la primera y la última mencionadas. Nadie dijo: la esperanza. Pero al final se llegó a la conclusión de que la esperanza era la más importante.

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