En los muros de su oficina, entre libros y papeles que delatan su tiempo como investigador y su pasión por la historia, el doctor Jorge Victoria Ojeda recibe al Diario con entusiasmo, tras haber sido designado cronista de la ciudad de Mérida.
“Es un honor inmenso y también una gran responsabilidad. Nunca pensé en participar en la convocatoria, pero fueron mis propios colegas quienes me animaron. Me insistieron tanto que, al final, decidí presentar mis papeles. Lo vi como comprar un boleto de lotería, lo haces con la ilusión de que puede tocarte”, comparte.
La suerte estuvo de su lado, pero también los méritos académicos y literarios que respaldan su designación.
Así, Victoria Ojeda y el doctor Jorge Cortés Ancona, especializado en literatura, quien también fue nombrado cronista, se suman a Gonzalo Navarrete Muñoz a una tradición que, más allá de la nostalgia, busca darle sentido y coherencia al devenir de una urbe en constante transformación.
Para el investigador de la Unidad de Ciencias Sociales del Centro de Investigaciones Regionales de la Uady, ser cronista no es un cargo decorativo. “La función del cronista es escribir, dejar testimonio, preservar la memoria histórica y compartirla con la sociedad”.
“No basta con repetir anécdotas de tradición oral, hay que documentarlas y plasmarlas en libros, artículos y otros materiales que perduren en el tiempo”.
El perfil del cronista, señala, exige haber trabajado previamente sobre la historia de Mérida y tener obra publicada sobre ella. “Puedes haber escrito sobre muchos temas, pero si no has investigado a la ciudad, no puedes aspirar a este cargo. Por eso se pide producción académica o literaria específica”.
Además, insiste en que la labor debe ejercerse con honestidad intelectual.
“La alcaldesa nos dijo claramente que el cronista debe hablar con la verdad, sea para lo bueno o lo malo. Y tiene razón, la ciudad se ha construido con aciertos, pero también con errores, y ambos deben ser señalados. Callar lo negativo sería traicionar el cargo”.
Lejos del romanticismo con que a menudo se describe a Mérida, el nuevo cronista ofrece una mirada crítica.
“La ciudad es hoy caótica”, sentencia. “Nos hemos convertido en una ciudad refugio, receptora de migración nacional e internacional, pero sin políticas públicas adecuadas para recibir a esa población. La migración es un derecho, sí, pero también implica una obligación de las autoridades para generar condiciones de convivencia”.
Ejemplifica con casos concretos. “En Santa Gertrudis Copó, por ejemplo, la identidad del pueblo prácticamente desapareció cuando se autorizó el asentamiento de desarrollos inmobiliarios. Los nuevos habitantes del norte de la ciudad rechazan las tradiciones de los gremios y en ocasiones incluso se han dado actos de violencia contra ellos. Esa es la cara de una ciudad que crece sin planeación”.
La crítica se extiende al patrimonio arquitectónico.
“Del Paseo de Montejo que conocí en los años setenta y ochenta, ya queda poco. Hoy abundan edificios de cristal que podrían estar en cualquier parte del mundo, pero que borran nuestra identidad. Y mientras tanto, hay fachadas patrimoniales que se pierden porque los trámites legales impiden restaurarlas”.
Piratas y africanos
Una de las particularidades de Jorge Victoria es su interés por temas poco abordados en la historia local. Durante su maestría investigó el sistema defensivo de Mérida contra la piratería, un aspecto prácticamente desconocido de la ciudad colonial. Más recientemente, ha dedicado esfuerzos a rescatar la memoria de la población africana y afrodescendiente en Mérida desde el siglo XVI.
“Siempre se nos ha contado que somos producto de la mezcla entre españoles e indígenas, pero olvidamos la presencia africana. Ellos también dejaron huella en nuestra sociedad y forman parte de nuestra identidad. En breve presentaré un libro titulado “La raíz africana en Mérida del siglo XVI al XXI”, resultado de años de investigación y de una exposición que ha itinerado por varios espacios culturales”.
Consciente de los desafíos actuales, el nuevo cronista sabe que su tarea no se limita a escribir libros para círculos especializados. Comenta sobre las nuevas generaciones: “Los jóvenes hoy se informan a través de las redes sociales. No podemos esperar que todos lean un artículo académico de veinte páginas, pero sí podemos transmitir el conocimiento en formatos breves, visuales, atractivos. Eso no significa renunciar al rigor, sino adaptarlo a los lenguajes de las nuevas generaciones”.
En este sentido, destaca experiencias positivas como la de algunos creadores locales que han llevado la historia a plataformas como TikTok. “Es necesario involucrar a la juventud, como difusores y receptores de nuestra memoria. La historia que no se difunde, no se conoce; la que no se conoce, no se valora; y la que no se valora, se pierde”.
Mujeres cronistas
Otro tema crucial es la participación femenina en el cronismo. “Desde el siglo XVIII los padrones muestran que en Mérida había más mujeres que hombres. No tener su visión en la narración histórica es como escribir una ciudad incompleta”.
Victoria Ojeda reconoce la labor de investigadoras que han trabajado la ciudad desde perspectivas de género, y confía en que en futuras convocatorias se animen a participar. “Sin duda harían un papel magnífico y necesario. No se trata de una concesión, sino de justicia histórica, contar la ciudad desde la mirada de las mujeres”.— Darinka Ruiz Morimoto
Cronista Más detalles
El nombramiento de cronista es honorífico y vitalicio, lo cual implica una entrega total.
Compromiso
“No es un cargo remunerado, pero sí de profunda responsabilidad. Esperamos contar con el apoyo de las autoridades para participar en congresos y actividades que trasciendan las fronteras de Yucatán, porque la historia de Mérida merece proyectarse al mundo”, dice Jorge Victoria.
Mérida Fest
La primera actividad oficial será su participación en un coloquio dentro del Mérida Fest, junto con Jorge Cortés y Gonzalo Navarrete. Pero la tarea apenas comienza, documentar, preservar y difundir la historia de una ciudad que crece aceleradamente y que enfrenta los retos de la modernidad sin perder su esencia.
Hasta la muerte
Al despedirse, el doctor Victoria bromea con el carácter vitalicio del cargo: “Es una responsabilidad enorme y claro, como es (un cargo) vitalicio, también espero no morirme pronto”.
