El “Plan Marsahll” —representante del capitalismo global— en menos de 15 años hizo pasar a Europa y a América de la depresión, a la bonanza económica, generando sociedades ricas que vivían muy bien, no sin tensiones y contradicciones generadas por dos polos opuestos.

Por un lado, la URSS, heroína de la Segunda Guerra, estratégicamente expandió la ideología marxista por el mundo entero a través de los ambientes académicos y laborales, hablando de igualdad, equidad y justicia social.

Por el otro lado, la ideología capitalista global, heroína de la bonanza económica, presentaba el capitalismo como la panacea que resolvería la pobreza mundial.

Ambas ideologías presentaron serias contradicciones. Por parte de los marxistas, se veían académicos muy versados en Karl Marx y en Engels, desarrolladores de la ideología y doctrina marxistas, pero que vivían como capitalistas.

Del lado del capitalismo, hubo expansión y crecimiento del modelo empresa, que hacía cada vez más rico al empresario pero el trabajador no terminaba de salir de pobre.

Lo anterior, combinado con factores políticos e ideológicos, generó un largo período de tensión entre el capitalismo y el comunismo que, aunque sin conflictos bélicos entre las grandes potencias, hubo enfrentamientos, espionaje y robo de información estratégica. Esta fue la “Guerra Fría”.

En esos fuertes enfrentamientos ideológicos entre la URSS y el mundo occidental, la que prevaleció en los ambientes intelectuales y universitarios fue la ideología marxista.

En este ambiente, alimentado y retroalimentado por el enfrentamiento y la confrontación, es donde surge la “ideología de género”. Continuará…

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