• El elenco del concierto “Ópera y zarzuela, voces del alma”, anteanoche en Casona 333. En el orden de costumbre aparecen, delante, Wílberth Gardea, Marcela Echeverría, Andrea Gutiérrez, Oscaris Moraima, Adriana Peraza, Ana Méndez, Iliana García, Blanca Briceño, Andrea Poot y Estela Alcocer, y, detrás, Emilio Vega, José Moreno, Gerardo Rosado, Orlando Julien, Óscar Medina, Andrés García, Elliot Lara y David Sandoval
  • Cuatro imágenes de la presentación de anteanoche del Estudio de Ópera Mérida con un repertorio de composiciones operísticas y de canciones de zarzuela

La velada nocturna de anteayer en Casona 333 fue un viaje al corazón mismo de la entraña española.

Bajo el título “Ópera y zarzuela, voces del alma”, el Estudio de Ópera Mérida ofreció su primera gala, que resultó ser una experiencia inolvidable para los amantes de este arte. Con la dirección musical y escénica de David Sandoval, Andrea Priscila Gutiérrez y Elliot Lara, el escenario se llenó de emociones, virtuosismo y un talento que confirmó, una vez más, que Yucatán guarda voces de talla universal.

Emilio Vega agradeció a los presentes, contó los objetivos del Estudio de Ópera Mérida y agradeció el respaldo de Casa Sympho, Casona 333 y la Universidad de las Artes de Yucatán (UNAY), instituciones que han confiado en este proyecto y han hecho posible que las voces del alma encuentren eco en su propia tierra.

El acompañamiento al piano de Adriana Peraza y Gerardo Rosado fue el hilo conductor de una noche que recorrió clásicos inmortales del repertorio operístico y de la zarzuela española, con una entrega apasionada de cada solista, duetos y el coro.

La gala se abrió con la intensidad de “Habanera (L’amour est un oiseau rebelle)” de Georges Bizet, interpretada con fuerza y elegancia por Marcela Echeverría, quien desde su entrada a escena atrapó al público con su talento, y el coro dio muestra de su nivel.

Luego, la imponente “Canción del toreador”, en la voz de David Sandoval, pieza que estremeció con su energía envolvente. La velada transitó hacia el mundo de la zarzuela, con pasajes como “En mi tierra extremeña” y “Caballero de alto plumero” de “Luisa Fernanda” (Moreno Torroba), en las voces de Oscaris Moraima y David Sandoval, y Ana Méndez y Elliot Lara, respectivamente, generando sin recato los aplausos de los asistentes.

El público fue seducido con el dramatismo de “Para comprar a un hombre” y la desgarradora “La petenera” en la voz de Estela Alcocer, acompañada en el primer caso de David Sandoval. Ambos imprimieron carácter y hondura a cada frase. La frescura llegó con el “Vals del Caballero de Gracia” de “La Gran Vía” (Chueca y Valverde), en el que el coro brilló con singular energía respaldando a Sandoval.

La ternura y el lirismo se hicieron presentes con “No te asustes, tu alma mía” (“El puñao de rosas” de Ruperto Chapí), en las voces de Andrea F. Poot y David Sandoval, mientras que Marcela Echeverría conmovió una vez más con “Carceleras” (“Las hijas del Zebedeo”).

Uno de los momentos más ovacionados fue la interpretación de Andrea Priscila Gutiérrez en “Canción del ruiseñor” (“Doña Francisquita” de Amadeo Vives), en la que realmente emuló al ave de canto amoroso, seguida del dramático “No puede ser” (“La tabernera del puerto” de Pablo Sorozábal), en que Elliot Lara arrancó bravos al público.

La complicidad entre Andrea Priscila y Elliot alcanzó su punto más alto con “Torero quiero ser” (“El gato montés” de Penella).

La velada cerró con la frescura coral de “Por ser la Virgen de la Paloma” (“La verbena de la Paloma” de Tomás Bretón), un estallido festivo que coronó la gala.

Al finalizar, en entrevista con Diario de Yucatán, la soprano Andrea Priscila Gutiérrez González expresó su emoción, resaltando que se encuentra sumamente feliz y satisfecha de compartir su arte con la comunidad local tras travesías internacionales.

“Este fue el primer concierto del Estudio de Ópera y lo que buscábamos era que la gente se acercara a este repertorio, lo disfrutara. Confirmo que las voces en Yucatán son un verdadero privilegio. Tenemos un semillero enorme de profesionales que necesitan escenarios como este”, dijo.

Elogió el profesionalismo de sus compañeros y exhortó a mantenerse al pendiente de próximos eventos.

“La zarzuela tiene esa magia de ser un género que combina el canto con la teatralidad, con historias cercanas y humanas, que logran conectar de inmediato con el público. Al cantar en español, la emoción se vuelve más íntima, más directa; no hay barreras, la gente comprende cada palabra y se siente parte de lo que está sucediendo en escena. Esa cercanía era lo que buscábamos, que el público no solo escuchara, sino que viviera con nosotros cada historia, cada nota y cada gesto”.

Por su parte, el tenor Elliot Jael Lara Pineda destacó la esencia del proyecto. “El proceso es lo más bonito, porque se demuestra que aquí hay talento de sobra. La idea es que este sea solo el inicio de muchas producciones más grandes”, declaró.

También comparó la música con una novia a la que amaste tanto que el corazón te pide volver, y añadió, “creo que el verdadero motor es la pasión; no se trata solo de cantar, sino de entregar una parte del alma en cada función. Cada ensayo, cada aplauso, me recuerdan por qué elegí este camino, y no me veo no haciendo esto”.

Ambos coincidieron en que el objetivo principal es acercar la ópera y la zarzuela a la comunidad, ofreciendo programas que el público pueda entender y disfrutar en su propio idioma, sin perder la profundidad del género.

La noche en Casona 333 fue también un manifiesto; en Yucatán la ópera tiene futuro y las voces locales reclaman su lugar en la escena. Un inicio brillante para el Estudio de Ópera Mérida, que promete convertirse en un faro cultural en la ciudad.— DARINKA RUIZ MORIMOTO

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