Óscar Muñoz interviene en la primera sesión de la jornada final de Septiembre Cultural y Literario, ayer
Óscar Muñoz interviene en la primera sesión de la jornada final de Septiembre Cultural y Literario, ayer

En la última jornada del Décimo Septiembre Cultural y Literario “Mérida, la memoria, las artes”, seis escritores compartieron su mirada sobre la ciudad y sus múltiples rostros, en una mesa moderada por la investigadora Eloísa Alcocer Vázquez.

Entre poesía, crónica y reflexión, cada uno de los autores llevó al público a recorrer paisajes sonoros, naturales y urbanos, así como memorias que aún palpitan en la experiencia colectiva.

El primero en abrir la primera sesión de ayer fue Óscar Muñoz, quien subrayó la importancia de leer y difundir a las nuevas generaciones de escritores. Su intervención fue un llamado a no perder de vista las voces jóvenes que, desde distintos registros, están renovando el panorama literario local.

Después, Luis Herrera Albertos llevó la atención a la música de la ciudad. Su ponencia exploró cómo los sonidos cotidianos —desde el pregón de los vendedores hasta los ruidos urbanos— forman parte de la identidad meridana. Invitó a escuchar con detenimiento, a “no perdernos” en la costumbre de oír sin atender, porque en esos ecos se esconde la memoria viva de la urbe.

Con tono íntimo, Nadia Escalante Andrade, poeta y actual doctoranda en la Universidad de California, compartió fragmentos de “La raíz negra de los astros” (UNAM, 2023), un libro en el que los árboles de Yucatán son raíz y lenguaje. Cedros, ramones, zapotes negros y chicleros aparecieron en sus versos como presencias que acompañan la vida cotidiana.

“Más que identidad nacional o regional, lo que nos define son esas presencias que están ahí, que nos van marcando con la memoria y el cuerpo”, explicó, dejando ver cómo la naturaleza se convierte en herencia afectiva y poética.

Oficios olvidados

La voz del cronista de la ciudad Jorge Cortés Ancona trasladó la reflexión a los oficios casi olvidados. En su ponencia “Bolero triste por los limpiabotas”, evocó a los aseadores de calzado que antaño ocupaban un lugar central en la Plaza Grande y otros sitios de la capital yucateca. Recordó a quienes interrumpían su labor para rendir honores al lábaro patrio o devolvían zapatos embarrados de lodo “casi como recién salidos de la caja”.

“Los limpiabotas han figurado a lo largo de nuestra vida, pero muy poco recuerdo de ellos hay en obras literarias”, lamentó, insistiendo en la necesidad de rescatarlos del olvido.

El poeta y ensayista José Díaz Cervera, autor de “Licanta” y “Las elocuencias del delirio”, planteó desde el inicio que la literatura no puede quedarse en perspectivas idílicas: “El escritor trabaja con las miserias humanas para abrir la posibilidad de la esperanza”. Sus crónicas urbanas, leídas con la cadencia de quien conoce la ciudad desde la ventanilla de un camión, retrataron escenas de la vida en el transporte público; choferes prepotentes, pasajeros hartos que estallan con insultos, estudiantes y ancianos ignorados por el sistema. En esos episodios, la violencia y la solidaridad se entrelazan, convirtiendo al autobús en un microcosmos de la Mérida real, con sus tensiones y resistencias.

Finalmente, el poeta y ensayista Rubén Reyes Ramírez, con formación en Cuba y España, cerró la mesa con “Exilio y fugas bajo la lluvia. Reflexión pandémica desde mi ventana en Mérida”, un texto de prosa lírica que devolvió al público a los días de confinamiento. “La tormenta nos quebró y no queremos regresar esto. Y qué necesario es, porque nos recordó esta fragilidad humana”, expresó, aludiendo a la pandemia como un diluvio contemporáneo que nos obligó a reconocernos vulnerables.

Su lectura, cargada de imágenes intensas, fue también un llamado a no olvidar y a encontrar en la fraternidad la única salida posible frente a la adversidad.

La moderadora Eloísa Alcocer fue tejiendo los hilos entre cada intervención y destacó la riqueza de este recorrido, desde la invitación a leer a jóvenes autoras, la atención a los sonidos de la ciudad, la memoria vegetal de los árboles, los oficios invisibles, las escenas del transporte urbano y el recuerdo de la pandemia. Todas, piezas que forman parte de un mismo mosaico, la memoria cultural y colectiva de Mérida.

El cierre de esta mesa literaria dio paso a los últimos eventos del proyecto, que inició sus trabajos el viernes pasado y congregó a ponentes durante ocho sesiones.—- DARINKA RUIZ MORIMOTO

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