Antes de que el personaje de Marah fuera creado hace dos años por la actriz y dramaturga Claudia Rojas, su historia ya vivía en el interior de la autora. Marah, entonces de cinco años, veía por la televisión de su natal Cuba algunas películas de la Época de Oro del cine mexicano.
De esos filmes en blanco y negro le llamaban particularmente la atención aquellos en cuya trama aparecían esplendorosas, alegres mujeres que al ritmo de la rumba y portando sugerentes, reveladores vestuarios, pletórico de brillos, bailaban en medio de las pistas de centros nocturnos despertando admiración y deseo.
Esa pasión por la rumba heredada de su familia afrodescendiente, apegada a la cultura de los esclavos que llegaron del Continente Negro a la isla mayor de las Antillas, con sus ritmos y creencias, fue creciendo inspirada por figuras consagradas en México, como Ninón Sevilla, María Antonieta Pons, Amalia Aguilar, Rosa Carmina, Meche Barba y Tongolele, nombres que dieron lustre a una época.
Para Marah no había duda: su sueño mayor era brillar en el mundo del espectáculo como aquellas rumberas que trascendieron a través de su baile, belleza y carisma.
Marah no es otra que la propia Claudia Rojas Morales, bailarina, actriz, dramaturga, guionista y realizadora de contenidos audiovisuales. En un momento de introspección, el personaje surgió para convertirse en protagonista de una historia que nos habla de lucha, perseverancia, sueños y una libertad coartada por los pesados grilletes de los prejuicios sociales, de los que al final se va librando.
La historia del personaje, cuyo nombre está inspirado en la admiración que Claudia tiene por el mar, se recoge en el unipersonal “La última rumbera”, que bajo la dirección de Francisco Solís y al cobijo del Teatro del Sueño, se presentará mañana viernes y el sábado en el Foro Alternativo “Rubén Chacón”, ex Penitenciaria Juárez del Parque de la Paz.
La historia se nutre de la propia de Claudia, quien en la vida real llegó a Mérida a finales de la década de 1980 como integrante de los cuerpos de baile traídos de Cuba que, causando furor, se presentaban regularmente en espacios como “El Tucho” y “Ciudad Maya”. Ella era parte de “Las Terrícolas”.
Entrevistada por el Diario, Claudia nos habla de este proyecto tan significativo para ella, largamente acariciado y que por vez primera verá la luz de la mano de Teatro del Sueño. “Para poder entender ‘La última rumbera’ habría que comenzar por explicar la historia detrás de la autora”, dice. “La trama es mi propia vida: momentos, anécdotas, pasajes, situaciones, nada en el monólogo me es ajeno, es ir contando mi historia en la piel de Marah”.
“Llegué a Yucatán a finales de los años 80 como parte de ‘Las Terrícolas’, un cuerpo de bailarinas que participaba en las producciones que se ofrecían en diversos restaurantes y espacios con variedad de la ciudad”.
“Ciudad Maya” es para ella un espacio de añoranzas, ahora abandonado y vandalizado. “De aquellos días de gloria, de luces, música, baile y llenos totales de público entregado no queda más que un cascarón”, lamentó.
Creencias yorubas
“Me crié en un hogar de raíces afrodescendientes, cercana a la yoruba cubana, la religión de la diáspora africana en Cuba, conocida como santería o Regla de Osha-Ifá”, explicó.
Llevados a Cuba como esclavos, los yorubas transmitieron sus creencias, que se sincretizaron con el catolicismo y el espiritismo, formando una religión vibrante y un elemento fundamental de la identidad cubana.
“También fuimos una familia muy cercana a las raíces gitanas, aquellas que hicieron de la rumba un signo de identidad”, añadió.
“Mi sueño era ser rumbera, como las celebridades que se labraron un lugar en la Época de Oro del cine mexicano; para eso me preparé, me entrené y me aventuré. Estando en Yucatán, las posibilidades de triunfar eran reales”, continuó.
Aquí la historia de Claudia da un giro para revestirse en la piel de Marah, la joven que iba tras un sueño y que se frustró en su intento de viajar a Estados Unidos.
Marah se queda en Ciudad de México, donde opta por estudiar enfermería y es en este punto en el cual “La última rumbera” adquiere forma y textura para los espectadores: Marah es una enfermera con 30 años de experiencia que recientemente ha enviudado.
La mujer en secreto ha escuchado y bailado la rumba, ha confeccionado su ropa a mano, metiendo a la casa telas a escondidas de su esposo Rogelio, quien desde el primer momento de la relación rechazó todo lo que tenía que ver con sus costumbres, cultura y gustos.
Marah es la última rumbera porque en México ya no existen. En La Habana bailaba rumba y su abuela la acompañaba con la guitarra. Su habitación en México ha sido su único lugar de realización por 30 años.
“Este es un homenaje a todas las grandes artistas que, a través de su cultura, y la valentía para defenderla, nos hicieron la vida mejor y más amplia. Es un homenaje a las rumberas que nos iluminaron con sus cantos y sus bailes”, dijo Claudia.
Las funciones de mañana viernes y el sábado serán a las 20 horas. La cuota de recuperación es de $150 general y $100 estudiantes y personas con credencial del Inapam. Reservaciones al teléfono 9991-63-31-54.— Emanuel Rincón Becerra
De un vistazo
Como actriz
Claudia Rojas Morales ha participado como actriz en producciones como “La vida es silbar”, en Cuba; “De ida y vuelta”, en México, y “La novia de Lázaro”, en España.
En televisión
Trabajó en TeleMadrid como presentadora de programas y en producciones como “Uno más entre nosotros”.
Cine escolar
En 2019 fue creadora del Primer Festival Interescolar de Cine Independiente en Playa del Carmen “Cámara en mano”.
Reconocimientos
Ha sido premiada como actriz revelación por su participación en “La vida es silbar” en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, y como mejor actriz por “La novia de Lázaro” en el Festival de Cine de Málaga y “90 Millas” en el Festival de Huelva.
En Estados Unidos
Su trabajo ha sido presentado en Estados Unidos en una gira organizada por la Red de Mujeres Realizadoras Cubanas, el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos y Woman in Film.
Familia
De 54 años de edad, la artista está casada con un yucateco, tiene una hija y en la actualidad radica en la capital del Estado.
