Sobre estas líneas, Naomi Osaka en uno de los juegos del Abierto de Estados Unidos en los que estrenó los Labubus de la diseñadora Rose Gold, quien aparece a la izquierda con lentes de Sol de su creación
Sobre estas líneas, Naomi Osaka en uno de los juegos del Abierto de Estados Unidos en los que estrenó los Labubus de la diseñadora Rose Gold, quien aparece a la izquierda con lentes de Sol de su creación

NUEVA YORK (Por Callie Holtermann y Vincent Alban para “The New York Times”).— Mientras Naomi Osaka luchaba en Queens en su partido de cuartos de final del Abierto de Estados Unidos, una artista llamada Kerin Rose Gold se encontraba en una galería del Bajo Manhattan y revisaba ansiosamente el marcador en su teléfono.

Osaka desató una serie de exigentes golpes de fondo para ganar el primer set y luego se estancó hasta empatar en el segundo. Cuando la estrella del tenis consiguió una ventaja de 3 a 1 en el desempate decisivo, Gold corrió a su estudio.

Tenía lo que podría llamarse una emergencia de pedrería. Necesitaba incrustar “unos cuantos miles” de cristales en una figurita de duende de 13 centímetros y tenía menos de 24 horas para hacerlo.

Gold, de 42 años de edad, es la artista que está detrás de los centelleantes muñecos Labubu que Osaka llevó consigo a cada partido del torneo. Cada uno fue adornado a mano y bautizado con un guiño a un coloso del tenis: Billie Jean Bling. Arthur Flashe. Althea Glitterson.

Los Labubu —pequeñas criaturas barrigonas con mejillas sonrosadas y sonrisas un poco amenazadoras— han arrasado en la cultura pop en los últimos meses. Osaka ha mostrado cada uno de los suyos como un gesto triunfal después de cada partido: tras su victoria frente a Karolina Muchová mostró una figurita de color rosa intenso con una raqueta de tenis diminuta.

“Es André Swagassi”, explicó Osaka mientras reía durante una entrevista por televisión. “Es muy singular”.

Su fabricación también requirió mucho tiempo. Cada Labubu personalizado requiere de 8 a 12 horas de trabajo, según Gold: cinco horas para imprimir en 3D y ensamblar los 14 componentes que forman su cuerpo, seguidas de al menos tres horas de pegar cristales a mano. Gold llama al producto acabado “Lablingbling” y vende otros similares en su sitio web por 495 dólares.

Hacia las 10:30 de la noche, Gold se instaló en su escritorio con un plato de sushi comprado en el supermercado para afrontar una larga noche de pegar pedrería. “Estoy funcionando a base de adrenalina”, admitió.

Ante ella había bolsas esparcidas de cristales azul oscuro cuyo tamaño iba desde el de las semillas de ajonjolí hasta el de las catarinas. Exprimió un poco de adhesivo industrial sobre el cuero cabelludo de una figurita que había reservado esa misma mañana, por si acaso.

Con un lápiz de cera, fue aplicando los cristales uno a uno hasta que formaron racimos deslumbrantes. Cuando un cristal no cooperaba, utilizaba un palillo para colocarlo en su sitio. “A veces hablo con los cristales, como si fueran mis amigos”.

No está tan lejos de la verdad. Gold fundó su estudio de lentes y accesorios, A-Morir, en 2008, después de un trabajo en mercadotecnia musical y un período en la boutique de la diseñadora de vestuario Patricia Field, en el centro de Nueva York. Sus lentes de Sol con incrustaciones de cristal despegaron después de que las lucieran estrellas como Rihanna y Katy Perry.

Hoy parece que Gold ha acaparado el mercado de las incrustaciones de pedrería de alto nivel. Ha hecho un chupón para Lady Gaga, una gorra de los Yanquis para Jennifer López, un bastón cristalizado para la gira “Renaissance World Tour” de Beyoncé. En sus dedos medios lleva tatuadas las palabras “razzle” y “dazzle”.

Aun así, no tenía previsto crear figuras Labubu personalizadas para la realeza del tenis. A principios de agosto pasado, Marty Harper, la estilista de Naomi Osaka, le pidió que diseñara unos broches en forma de rosa para complementar los looks de Nike color escarlata y morado de la jugadora para el Abierto de Estados Unidos. Gold accedió y soltó que recientemente había estado experimentando con su propio giro a los muñecos.

Osaka quedó encantada. Durante una entrevista en la cancha después de su victoria en la primera ronda, enseñó su Billie Jean Bling a una multitud emocionada. “Cuando todo el mundo vio el momento que eso creaba, fue como: ‘Oh, necesitamos uno nuevo cada partido’”, recordó.

En la segunda semana del torneo, eso significó completar los muñecos en un plazo de uno o dos días. Osaka y su equipo eligieron a las jugadoras y los nombres con temática tenística, aunque Gold dijo que ella puso el nombre de Billie Jean Bling.

Carly Duguid, directora creativa de Osaka, le pasaba el jugador que habían elegido, y Gold respondía con imágenes de un atuendo que pensaba reproducir. Entregaba el producto acabado a un integrante del equipo de Osaka en Midtown un par de horas antes de cada partido.

A la 1 a.m. del jueves, Gold seguía aplicando cristales rojos brillantes que se extendían desde las axilas del muñeco. Hizo una pausa para dormir, pero volvió a las 9:30 para dar los últimos toques. “No hay lugar para el error, no hay lugar para volver a hacerlo, y se filmará en alta definición”, manifestó.

Con sumo cuidado, hizo un agujero en una raqueta de tenis de juguete y la fijó a la mano del muñeco con un solo clavo. Luego colocó en la frente de la figura una cinta para el sudor hecha con una goma de pelo reutilizada, con mucho cuidado de no dejar manchas de pegamento.

A las 2:19 p.m. del jueves, la obra maestra de Gold estaba terminada. Envió una foto por mensaje de texto a Duguid, quien estaba encantada.

El producto final, llamado John McEnglow, estaba enganchado a la bolsa de Osaka cuando salió a la cancha del estadio Arthur Ashe ese día para lo que resultó ser su último partido del torneo: una dura derrota en semifinales a tres sets contra Amanda Anisimova.

En declaraciones posteriores a la prensa, Naomi Osaka parecía menos disgustada por la derrota que por el hecho de que no podría estrenar un Labubu personalizado para la final. Fue un desenlace decepcionante en el torneo, pero Gold estaba orgullosa de haber participado.

“No me tomo a mí misma muy en serio, pero me tomo este trabajo increíblemente en serio. Para mí, es una forma de arte”.

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