San Francisco de Asís, conocido como “el gigante de la santidad”, es recordado por su humildad, amor a la creación y entrega total al Evangelio.

Patrono de los ecologistas y fundador de la orden franciscana, su vida inspiró a generaciones y continúa guiando a la Iglesia actual.

Su ejemplo de pobreza, caridad y reconciliación sigue siendo modelo de fe viva.

Desde el Centro de Caridad San Francisco de Asís, en Yucatán, su legado se mantiene como inspiración para servir con amor a los más necesitados y promover una sociedad más justa y solidaria.

Así lo expresa el editorialista Eduardo Seijo:

San Francisco de Asís, siempre actual

Los santos son los grandes testigos en los que se manifiesta la fuerza y la santidad de Dios ante la comunidad en general. Son testigos victoriosos del amor de Dios y nos han dejado un modelo de vida plena a imitar adaptándolo a nuestro propio estado de vida.

No pasan de moda porque sus virtudes y sus obras de amor dan gloria a Dios, trascienden, son siempre actuales; transparentan la gracia de Dios.

El personaje que hoy veneramos y del cual hablaremos escuetamente es San Francisco de Asís. Su ejemplo fue decisivo para el bien de la Iglesia de su tiempo, cumpliendo lo que le pidió el Cristo de San Damián y sigue siendo fuente de inspiración para la Iglesia de nuestros días, como han reiterado los últimos Papas.

Es uno de los más grandes santos en la historia de la iglesia. Ha recibido muchos apelativos y elogios entre los que resalta: “El gigante de la Santidad” expresado por el Papa Benedicto XVI.

El Papa Pio XI, en 1926 dijo de él: “No parece que haya habido otra persona, en la que la imagen de Jesucristo y el modo de vivir evangélico brillen en un grado tan enorme y manifiesto como en San Francisco de Asís.

San Juan Pablo II, el 29 de noviembre de 1979, lo proclamó patrono de los ecologistas por su ejemplar respeto a la naturaleza al considerarla un magnífico don de Dios, porque veía la grandeza divina en cada criatura, porque lleno de Dios atraía a los animales y éstos le obedecían. Su visión de la creación se refleja en el “Cántico de las Criaturas”.

Inspiró mucho el pontificado del Papa Francisco, quien adoptó su nombre para recordar la necesidad de una Iglesia cercana a los más pobres y hoy continúa haciéndolo con el Papa León XIV, quien recientemente señaló refiriéndose a San Francisco de Asís (SFA) que, “debemos transformar nuestros estilos de vida porque la creación es inseparable del amor a Dios, de la justicia para los pobres, del compromiso con la sociedad y de la paz interior”.

Siguió con tanta fidelidad la vida de Cristo que se le conoce como: Otro Cristo, el santo del Padre Nuestro, doctor eucarístico, oración y eclesialidad personificada, el seráfico, suma pobreza, el santo de la perfecta alegría, entre otros.

Vivió radicalmente la humildad y la pobreza material. De la humildad decía: “confunde toda soberbia”.

Su amor era universal: amó a pobres, a ricos, a la creación entera. Era dulce, amable, gran evangelizador, amaba a la Iglesia y a la Eucaristía. Fue instrumento de paz del Señor: Promovió la reconciliación entre los hombres y para con la creación entera. Se mortificaba ásperamente, superaba con paciencia las dificultades y vivía como obrero.

Aceptaba con alegría las enfermedades y la vida entera. Le fueron concedidas las llagas de Nuestro Señor un 14 de septiembre, en el día de la exaltación de la santa cruz. Tuvo el don de profecía y de hacer milagros. Esperó la muerte cantando, en el suelo y desnudo.

Fundó la orden franciscana hace más de 800 años. Sus integrantes han ido por todo el mundo difundiendo la palabra y haciéndola vida. Vinieron a evangelizar México y América y sus hijos espirituales están íntimamente ligados al acontecimiento Guadalupano.

Tres fueron las fuentes principales de su inspiración espiritual: el Evangelio, el ideal de conformación con Cristo y su amor a la Iglesia Católica.

Todo lo dicho sobre SFA, su singular vida de santidad, señalando su heroica manera de vivir todas las virtudes, es para agradecer a Dios el testimonio de este santo, animarnos a seguir su ejemplo y contribuyamos a edificar una sociedad más justa y solidaria conforme a la voluntad de Dios.

Me permito tomar de sus biógrafos algunas de sus prácticas en la dimensión caritativa: se compadecía y tenía especial predilección por los pobres a quienes socorría con rapidez; prometió, incluso antes de su conversión plena, que nunca negaría una limosna a quien la suplicara por el amor de DIOS; no ahorraba nada con tal de ayudar a los pobres y con frecuencia les ofrecía su propia ropa; regaló a una madre de dos hermanos en extrema
pobreza el único Nuevo Testamento que tenía para que lo vendiera y se ayudara; sufría al ver a alguien más pobre que él; pedía a los ricos ayudas para los pobres; consolaba con su afecto siempre pero especialmente cuando no podía socorrer materialmente; no toleraba que se maltratara a los pobres; era especialmente severo con los hermanos que hablaban mal de los pobres.

Es santo patrono, entre otros, de Italia, de comunidades enteras, de la ecología, de los veterinarios, los sastres, de variadas organizaciones benéficas en el mundo entero, como el Centro de Caridad SFA, sede de Cáritas de Yucatán y obras hermanas. Ha sido una fuente constante de inspiración para el seguimiento de Cristo en el servicio de la caridad.

Este su amor a los pobres y su amor universal le llevo a decir: “La santa caridad confunde todas las tentaciones del demonio y de la carne y todos los temores humanos”.