“No quiero ser un poeta famoso, yo busco ser un poeta de culto”. Con estas palabras, el escritor yucateco Javier Adalid describió una vida dedicada a la poesía, en una búsqueda constante de una voz propia que se convirtió en su sello distintivo.
Tras un breve intento en la pintura, su camino dio un giro definitivo hacia la poesía, en la que encontró un espacio idóneo para explorar emociones, recuerdos y la esencia de su mundo interior. “La vida te va dirigiendo hacia donde debes estar. La vida te dice: sirves para hacer poemas, no sirves para ser pintor”, recuerda el autor.
Su acercamiento a la literatura se dio durante su formación como docente, cuando tuvo el primer contacto formal con la poesía. Al asumir este nuevo rumbo, decidió convertirse en alumno de talleres que moldearon su técnica. Entre sus maestros figuraron Roldán Peniche Barrera en poesía y Joaquín Bestard Vázquez en narrativa. Posteriormente, el contacto con Francisco Lope Ávila le brindó las herramientas para consolidar un estilo propio.
Desde su perspectiva, ser poeta exige lectura constante, reflexión y escritura. El primer paso de su proceso creativo lo compara con el trabajo periodístico, pues siempre inicia con la investigación. Posteriormente, entra en la etapa de gestación de ideas, compleja pero necesaria para dar forma al texto. Luego llega la “iluminación”, cuando se organiza y escribe el material, lo que considera el momento más desafiante.
En 1991 su esfuerzo rindió frutos al obtener el segundo lugar en los Juegos Florales México, Centroamérica y Panamá, celebrados en Guatemala, con el poema “Tres mestizas”. Desde entonces, su trayectoria se ha consolidado en cinco poemarios que cierran un ciclo personal, cada uno con una propuesta estilística diferenciada.
El primero, “Resolar de lunas”, publicado en 1999, surgió de la palabra “resolana”, que escuchó en el poema “Sol de Monterrey” de Alfonso Reyes, y marcó el inicio de su exploración poética. “Maíz hablado”, en cambio, está dedicado a Yucatán, con poemas extensos que combinan narrativa y reflexión sobre su tierra. En “Incandescencias” recurre al haikú para abordar el amor sentimental y carnal con fuerza y concisión.
En “Galería Yo” adopta la prosa poética, recreando biografías apócrifas de siete pintores —Van Gogh, Leonardo da Vinci, Salvador Dalí, entre otros— y de un músico, John Lennon, poniéndose en la piel de los artistas para explorar su experiencia vital. Su quinto libro, “Ático”, continúa la búsqueda de voz propia y consolida nuevas formas de expresión.
Adalid defiende un estilo propio, bajo la convicción de que el artista primero debe conocer las corrientes —surrealismo, dadaísmo— para después “separarse y destruir esas escuelas” y hallar su sello personal. “Lo más difícil es encontrar la voz, el estilo, la forma de expresión para que digan: este es de Javier Adalid”.
Para él, el arte también se define por la conexión con el público. “El verdadero artista es aquel que sube a escena y es aplaudido, aunque sean pocos, en lugar de ser ignorado o escuchado con indiferencia”.
Su sensibilidad poética se nutrió además de su ascendencia familiar: su tío abuelo Gabriel Albornoz Nahuatl fue poeta y su tío Lázaro Albornoz Nahuatl, recitador memorioso, lo introdujo al ritmo y la riqueza de la palabra.
Durante 25 años se dedicó a la docencia, labor que considera parte integral de su identidad. “Si volviera a vivir, volvería a ser docente”, afirmó. Desde su visión, enseñar literatura y ser poeta no son caminos distintos, sino profundamente interrelacionados.
El trayecto no estuvo exento de dificultades. La publicación de sus libros implicó años de maquetación y ajustes, hasta que finalmente logró dar a conocer sus cinco poemarios este año. “Cuando logré mi objetivo de publicar los cinco libros, brindé, me puse feliz, porque al fin y al cabo es un logro”, recordó.
El escritor afirma con orgullo su identidad yucateca, que ha sido fuente constante de inspiración para su obra. “Yo me siento más orgulloso de ser yucateco que de ser mexicano”, expresó.
Sus obras no están a la venta, pues para él la poesía no es cuestión de fama ni de dinero. Quienes deseen conocer su trabajo pueden hacerlo directamente a través del correo normandojairo@gmail.com o al teléfono 9995-75-54-60, para acceder a su obra de manera personal.— Karla Cecilia Acosta Castillo
