Eneida Rendón, con discapacidad visual y auditiva, volvió a escuchar gracias a un implante coclear que le devolvió la emoción de la música
Eneida Rendón, con discapacidad visual y auditiva, volvió a escuchar gracias a un implante coclear que le devolvió la emoción de la música
  • Eneida Rendón, con discapacidad visual y auditiva, volvió a escuchar gracias a un implante coclear que le devolvió la emoción de la música
  • Eneida Rendón ha desarrollado su pasión por tocar el piano

A los ocho años, Eneida Rendón comenzó a perder la audición; a los 14, ya era completamente sorda, condición que se sumó a la ceguera congénita que padecía. A pesar de ello, nunca se rindió. Buscó nuevas formas de comunicarse y encontró en la música un refugio: aprendió a tocar el piano guiándose únicamente por las vibraciones de las teclas.

Durante 11 años vivió sin poder ver ni escuchar. La falta de recursos económicos y los prejuicios en torno a los implantes cocleares retrasaron su acceso a esta tecnología que, más adelante, transformaría su vida. Cuando finalmente, a los 25 años, recibió el implante, la emoción de escuchar por primera vez las notas que tocaba la hizo olvidar la partitura.

Originaria de Guadalajara, Eneida nació con discapacidad visual y desarrolló sordera progresiva desde los ocho años. En un principio utilizó auxiliares auditivos, pero a los 14, después de una intoxicación, perdió por completo la capacidad de oír. Aun así, aprendió a comunicarse por otros medios, aunque su voz comenzó a deteriorarse al no poder escucharse.

Diez meses después de perder la audición, conoció la existencia de los implantes cocleares, pero su madre descartó la cirugía debido a la desinformación. Le dijeron que era un procedimiento riesgoso, que podía dañar el cerebro y que no era candidata. Años después, Eneida descubrió que todo aquello era información falsa.

Con el paso del tiempo aprendió a usar la computadora mediante el sistema braille y, con acceso a internet, investigó sobre la cirugía. Comprendió que, aunque su caso era complejo, no era imposible. “Le dijeron a mi mamá que el implante daña el cerebro, le platicaron mal las cosas, no daña el cerebro, no es verdad, el implante no tiene que ver con el cerebro”, explica.

La joven cuenta que el proceso fue costoso, pero el esfuerzo valió la pena. Al someterse a los estudios médicos, algunos dudaban de su capacidad para escuchar sin ver, pero Eneida insistía: “No te implantan para leer labios, es para escuchar, para hablar por teléfono”.

Finalmente, tras una valoración exhaustiva, los especialistas determinaron que sí era candidata. Con apoyo de familiares y amigos, entre ellos Roberto Garza, mexicano radicado en Estados Unidos, y Horacio Esparza, se logró reunir los fondos necesarios.

El primer intento de implante, en el oído derecho, fracasó porque el dispositivo no se adaptaba a la forma de su cóclea. Un médico español indicó que sí era posible conseguirlo con un modelo adecuado. Así, Eneida fue sometida a una segunda cirugía en el oído izquierdo, con un implante Med El que finalmente resultó exitoso. Han pasado casi 17 años desde entonces.

La música, su gran pasión, ha sido una constante. Cuando quiso aprender piano, muchos se negaron a enseñarle porque “para ser pianista se necesita un oído perfecto”.

Ella recordaba el ejemplo de Ludwig van Beethoven y convenció a la maestra Edna Aguiar de enseñarle. Primero, Eneida le enseñó la musicografía braille y así recibía las partituras adaptadas. Aprendió a tocar siguiendo las vibraciones.

Tres meses después de que encendieran su procesador auditivo, pudo escucharse tocar el piano por primera vez. “Comencé a tocar y escuché lo que estaba haciendo, lo que había aprendido, me emocioné tanto que olvidé la partitura”, recuerda. Beethoven sigue siendo su mayor inspiración.

Hoy en día, Eneida imparte clases de piano en línea y trabaja en la Unidad de Recursos Informativos y Repositorio Digital de la Universidad de Guadalajara. Asegura que el implante coclear le cambió la vida: “Requiere esfuerzo, incluso después de la cirugía, con terapias auditivas y verbales, pero vale mucho la pena”.

“Mejoró mi calidad de vida. Ahora disfruto los sonidos de la naturaleza, puedo interactuar con las personas y viajar sola. Para mí hay un antes y un después del implante coclear. Hay que soñar en grande y hacerlo realidad; todos los sueños son posibles con amor y paciencia”, concluye la pianista.