La Orquesta Sinfónica de Yucatán presentará dos conciertos en los que convergerán la experiencia y la juventud, con la participación del maestro Enrique Diemecke, reconocido director de vasta trayectoria internacional, y el violinista mexicano David Rivera, un joven talento con formación académica en México y China. Ambos músicos, provenientes de familias con tradición artística, coinciden en que su amor por esta disciplina nació incluso antes de que vieran la luz.
El maestro Diemecke, con más de 50 años de carrera y una reconocida trayectoria en escenarios de América, Europa y Asia, dirigirá a la orquesta, mientras que David Rivera se desempeñará como solista invitado. Juntos ofrecerán dos presentaciones: mañana viernes a las 20 horas y el domingo 19 a las 12 horas, ambas en el Palacio de la Música. El director participa además en el proceso de selección del nuevo titular artístico de la agrupación.
Nacido en una familia de ocho hijos, Enrique Diemecke creció rodeado de música. Su padre, también maestro, formó con los cuatro hijos mayores un cuarteto de cuerdas familiar en el que el pequeño Enrique tocaba el violín segundo. “Mi papá nos enseñó que el cuarteto era el núcleo de la música, porque ahí se podían entender la polifonía, la armonía y los ritmos”, recordó el maestro a Diario de Yucatán.
Cuando tenía siete años preguntó a su padre por qué le había puesto el nombre Enrique Arturo, a lo que este respondió que “Enrique” era por su abuelo yucateco y “Arturo” por Toscanini, el célebre director de orquesta. Desde entonces decidió que quería ser director. Su padre le advirtió que se trataba de una profesión exigente, que requería conocer a fondo los instrumentos, la teoría musical y la historia de las obras.
A los 13 años, Diemecke ya formaba parte de la Orquesta de Guanajuato como músico profesional. Más adelante, continuó su formación en la escuela de dirección orquestal de Pierre Monté, en Estados Unidos, y en la Universidad Católica de Washington D.C. También estudió en Europa, en Francia, Italia, Austria e Inglaterra. En sus viajes buscó conocer no solo la técnica, sino también comprender el contexto y el espíritu de los compositores, visitando los lugares donde se gestaron las obras.
“El trabajo técnico sirve para liberar al intérprete y permitirle expresar lo que entiende de las partituras; solo cuando se domina la técnica se puede alcanzar la verdadera interpretación”, señaló.
Reto musical
Por su parte, el joven violinista David Rivera interpretará por primera vez el Concierto número 2 para violín y orquesta de Serguéi Prokófiev. Aunque conocía la obra desde sus años de estudiante en la Escuela Superior de Música del INBA, no la ha ejecutado completa ante un público.
Rivera explicó que el maestro Diemecke lo invitó a participar en las presentaciones con la OSY en agosto pasado, cuando él se encontraba preparando el Concierto número 2 de Paganini, que interpretó hace apenas dos semanas en Querétaro.
Pese al poco tiempo para preparar la obra rusa, aceptó el reto. “Fue un trabajo muy intenso; creo que nunca había estudiado con tanta concentración, pero me di cuenta que disfruto esta música con la que crecí y me identifico profundamente”, admitió.
El joven músico, hijo de los también artistas Cuauhtémoc Rivera (violín) y Yolanda Martínez (piano), comenzó a tocar a los cinco años y estudió en la Escuela Superior de Música, de la que egresó con mención honorífica. Posteriormente cursó una maestría en violín en el Conservatorio Central de Música de Pekín, China.
Relató que su llegada al país asiático fue un verdadero impacto: “Tenía compañeros de seis años tocando las mismas obras que yo, pero con una técnica impecable. Tuve que ponerme a estudiar con una intensidad que cambió completamente mi manera de tocar y entender la música”.
Su paso por China marcó un antes y un después en su carrera. “Hay una diferencia abismal entre cómo tocaba antes y cómo toco ahora, cómo comprendo el arte y la profundidad de esta profesión”, afirmó.
Aunque en sus inicios soñaba con ser también compositor, pianista y director de orquesta “como Mozart”, finalmente eligió dedicarse por completo al violín. Sin embargo, busca mantener la versatilidad, alternando su carrera como concertista con la docencia. “Me apasiona compartir lo que he aprendido; enseñar también es una forma de seguir creciendo como músico”, expresó.
Los conciertos de este fin de semana prometen ser un encuentro entre la madurez interpretativa de Diemecke y la energía fresca de Rivera, en una experiencia musical que combina el legado de generaciones y la búsqueda constante de perfección artística.— IRIS CEBALLOS ALVARADO



