En una misa celebrada ayer en la iglesia de Nuestra Señora del Carmen, el arzobispo de Yucatán, monseñor Gustavo Rodríguez Vega, presidió la ceremonia conmemorativa del 75o. aniversario de la fundación de la Casa de Protección de la Joven “María Suárez Molina”, A.C., obra que durante más de siete décadas ha ofrecido hospedaje, formación y acompañamiento a jóvenes procedentes del interior del Estado y del extranjero.
Durante su homilía, el prelado destacó la importancia de esta institución, al considerar que representa la continuidad de la obra de Cristo y de la doctrina social de la Iglesia. “Los pobres, aunque no vivan en la miseria en sus lugares de origen, no pueden realizar su sueño de prosperar en la ciudad si no hay quien los reciba y les brinde un hogar. Esa también es una forma de pobreza”, señaló.
El Arzobispo subrayó que la Casa de Protección de la Joven responde precisamente a esa necesidad de las mujeres que buscan oportunidades de estudio o trabajo fuera de sus comunidades, brindándoles seguridad, acompañamiento y una formación integral. “Esta obra fue inspirada por el Espíritu Santo; quienes la fundaron y quienes hoy la sostienen lo hacen bajo su guía y fortaleza”, expresó.
El Arzobispo reflexionó sobre las distintas formas de pobreza, más allá de la material o económica, como la ignorancia, la soledad y la falta de salud o de oportunidades. En ese sentido, reconoció el valor de la obra de la Casa “María Suárez Molina”, que ofrece un lugar seguro para jóvenes que buscan un futuro mejor. “Mientras unos pueden costear departamentos a sus hijos en distintas ciudades, muchas jóvenes necesitan un espacio donde puedan vivir, formarse y trabajar bajo la protección de Dios y de la comunidad”, añadió.
Durante la celebración eucarística, Rodríguez Vega estuvo acompañado por el obispo auxiliar Mario Medina Balam, los sacerdotes Bartolomé Tuz Mut y Juan Dingler, jesuita, así como por el diácono permanente Carlos Rivas Ríos. El prelado agradeció a Dios por la labor de quienes integran el patronato y por las consagradas del Instituto Secular Misioneras de María Inmaculada, quienes se encargan de dirigir la casa y continúan con el legado fundacional.
En su mensaje, también hizo alusión a la festividad litúrgica de San Lucas, resaltando su colaboración con San Pablo y su énfasis evangélico en la oración, la presencia del Espíritu Santo y la valoración de la mujer. “San Lucas pone de relieve la importancia de las mujeres en el plan de Dios, y esta casa procura que las jóvenes crezcan integralmente ante Dios y ante los hombres”, señaló.
Asimismo, recordó la reciente exhortación apostólica “Dilexi te” —“Te he amado”— publicada el 4 de octubre por el papa Francisco, inspirada en el ejemplo de San Francisco de Asís. “Dios no nos llama a todos a despojarnos de todo como San Francisco, pero sí a reconocer en los pobres la presencia viva del Hijo de Dios”, dijo.
Tras la misa, se tomaron fotografías conmemorativas con las generaciones de residentes, integrantes del patronato, bienhechores y las actuales responsables de la institución: María Francisca Cabrera, directora, y Silvia Noemí Chi Romero, subdirectora. Posteriormente, los asistentes se trasladaron a la Casa de Protección de la Joven, ubicada en la calle 59 entre 50 y 52 del barrio de La Mejorada, donde participaron en una convivencia fraterna con recuerdos y palabras de agradecimiento.
Fundada por el presbítero Fernando Ávila, esta obra altruista ha brindado alojamiento, alimento y acompañamiento espiritual y humano a más de siete mil jóvenes en sus 75 años de existencia. En la actualidad, acoge a 30 residentes y cuenta con capacidad para recibir a más.— CLAUDIA SIERRA MEDINA




