Pequeños con edades desde los seis hasta los diez años se convirtieron ayer en minialfareros y, sin saberlo, aprendieron la técnica de la creación de figuras de barro de una de las grandes maestras artesanas de Chiapas, Alberta López Rodríguez.

Esto sucedió como parte del taller “Minialfareros” que se realizó en el marco del encuentro de arte textil “Original Yucatán”, que tiene lugar hasta hoy en el Centro de Convenciones y Exposiciones Siglo XXI.

La actividad se desarrolló a partir de las 13:30 horas y fue muy concurrida. El cupo se llenó y varios niños se quedaron sin tener la oportunidad de participar.

Alberta López Rodríguez, artesana tseltal de Amatenango del Valle, fue la encargada de compartir sus conocimientos a los pequeños, que, entusiasmados, tomaron el barro entre las manos y experimentaron con él.

La maestra artesana les explicó que iban a realizar algunos animalitos con ayuda de ese material, como pájaros, un borreguito o los que ellos quisieran.

Les pidió dividir en dos partes el barro que se asignó a cada uno y luego humedecer sus manos para ir amasando el material, una tarea en la que la instructora ayudó a más de uno.

Usaron su imaginación

Al principio se les dijo que la creación de los animalitos a los que darían forma con las manos era una tarea en la que debían emplear su imaginación y creatividad.

Y así lo hicieron, pues no sólo se inclinaron por hacer palomas, como las que la experimentada artesana hizo en un santiamén, sino que muchos de los menores comenzaron a dar rienda suelta a su creatividad y a moldear figuras tan diversas como tortugas, arcoíris, conejos, mariposas, serpientes, gatitos, perritos, jirafas, corazones, cangrejos e, incluso, hubo un alux.

Una pequeña optó por hacer algo diferente y eligió elaborar una maceta a la que incluso le hizo las flores, mientras otro niño, motivado por sus gustos en materia de videojuegos, dio forma a un personaje de esos títulos, Copuchino, así como la figura que identifica a “Plantas vs zombies”.

Con paciencia, Alberta López, quien lleva 52 años realizando este trabajo artesanal, fue enseñando a los niños la manera en que se debe moldear el barro.

“No le pongan mucha agua, porque si no, no queda; sólo un poquito. Mojen sus manos, las sacuden y con lo que quede de agua van dándole forma”, explicaba.

A los más pequeños los ayudó en el moldeado.

Un niño intentaba hacer una taza sin lograrlo, así que la artesana se detuvo para enseñarle la forma correcta y, mientras le mostraba la técnica, el pequeño le preguntaba cuántos días debían pasar para que su pieza estuviera totalmente seca.

“Unos dos días”, le dijo la maestra artesana; “luego, si quieres la puedes limar, para darle más forma y que quede lisa, y pintarla”.

El pequeño insistió en si era seguro esperar sólo dos días; la artesana le dijo que sí, pero que, si quería, podía esperar tres días.

Al final, el niño declaró que mejor esperaría cuatro días. “Sí, está bien”, le aseguró Alberta, quien en todo momento se mostró paciente con los menores.

Ella aprendió a realizar figuras de barro, tal como los niños de ayer, jugando. Tenía tan sólo ocho años cuando comenzó a moldear el barro y hacer figuras.

Compartió que es una tradición en su familia este tipo de trabajo artesanal, pues a ella le enseñó su madre, y a su madre la suya, y así por al menos cinco generaciones.

En su caso, ya le tocó también enseñar a varias generaciones que le siguen.

No mucho ha cambiado en la forma en la que trabajan, aunque señala que ya casi no encuentran las tinturas naturales que antes hallaban fácilmente en la naturaleza, por lo que han tenido que adaptarse, y ahora, para algunos colores deben usar pintura acrílica.

Cuando usan pintura natural, lo único que cambia en el proceso es que las piezas se pintan y luego se meten al horno, y con el acrílico es al revés, primero se meten al horno y luego se pintan.

Los niños que participaron en el taller salieron contentos con sus figuras de barro en las manos, muy orgullosos de su trabajo, aunque quizá sus padres deban batallar un poco al lavar la ropa de sus hijos, que en varios casos quedó embarrada del material, como muestra de que en ese momento no les importó más que crear y divertirse.— IRIS CEBALLOS ALVARADO

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