Una de las propuestas que las autoridades deben considerar a partir de las investigaciones y planteamientos de los académicos para la construcción de las ciudades es una iluminación justa, señaló la investigadora Edna Hernández González, de la Universidad de Brest.
La arquitecta urbanista explicó que en ciudades francesas se tiene la propuesta de disminuir la luz artificial como medida para combatir la contaminación lumínica. En ese sentido, consideró que si se desea cuidar los atractivos de Yucatán se debe tomar acciones y poner atención a este tema.
Durante su participación en el Seminario “Representaciones sociales, género y vulnerabilidad”, coordinado por la doctora Fátima Flores Palacios, ayer en la sede Rendón Peniche del Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales (Cephcis), la investigadora mexicana impartió una conferencia sobre las representaciones sociales desde el urbanismo con enfoque de género.
Hernández González opinó que incrementar la iluminación artificial para garantizar la seguridad de las mujeres no resolverá la fractura social que persiste ante la ausencia de políticas con enfoque de género y en la que aún prevalece una masculinidad hegemónica.
Explicó que modelos como los aplicados en Francia no pueden trasladarse a países donde la población demanda más iluminación. “La realidad de Yucatán no es la misma que la de Ciudad de México ni la de Francia”.
Dijo que lo importante es inspirarse en el principio de niveles de iluminación justa, que permita evitar la contaminación lumínica y conservar la riqueza natural.
Experiencia francesa
Añadió que en Francia se busca desacelerar el ritmo urbano y modificar el medio ambiente de manera responsable. En Brest, ciudad donde reside, se intenta iluminar de manera justa, sin necesidad de grandes brillos.
“Iluminar menos reduce la contaminación lumínica y contribuye a la conservación de la biodiversidad: aves, plantas y especies nocturnas”, explicó. Añadió que en esa ciudad el trabajo se realiza barrio por barrio, con consultas ciudadanas.
“Hay un proceso de sensibilización importante: los habitantes comprenden que menos luz permite el regreso de luciérnagas y aves migratorias”, expresó.
En Mérida, una ciudad que experimenta un crecimiento acelerado, sugirió actuar “con pinzas”, tomarse el tiempo para analizar el impacto ambiental y no aplicar soluciones tecnológicas iguales en todas las zonas.
“En Brest se tomaron el tiempo para caminar la ciudad y cambiar toda la estructura del alumbrado público. Lo más fácil es poner luces LED en todos lados, pero no se puede tener el mismo nivel en todas las áreas urbanas”, advirtió.
Añadió que se deben hacer evaluaciones ambientales y procesos de concertación con los habitantes, aunque ello implique renunciar a proyectos de crecimiento inmediato o grandes centros comerciales. “Trabajamos en cambiar la representación de progreso. Tal vez lo que creíamos que era progreso no lo era”, manifestó.
En Francia, continuó, algunas zonas turísticas han perdido visitantes debido al deterioro ambiental.
Reiteró que cuidar los atractivos naturales exige investigación, acciones y atención. Insistió en que deben tomarse medidas estructurales para garantizar la seguridad de las mujeres, así como políticas de movilidad y alumbrado público.
“En Francia reducimos los niveles de luz. El reto es cómo las mujeres se sienten en ese nuevo entorno nocturno. Todo depende de cómo nos representamos la noche”, concluyó.— Claudia Sierra Medina
