• Conjunto de diamantes y zafiros de la reina María Amelia, esposa de Luis Felipe. La tiara se habría elaborado con broches que pertenecieron a Hortensia de Beauharnais, hija de la emperatriz Josefina. Las piezas estuvieron en manos de los descendientes de los reyes hasta 1985
  • Broche de diamantes realizado en 1855 por Alfred Bapst para la emperatriz Eugenia de Montijo con gemas de otras alhajas

NUEVA YORK (AP).— Días después del sorprendente robo en el Museo del Louvre, crece la especulación sobre dónde podrían terminar las joyas que una vez adornaron a la realeza de Francia.

Un grupo de expertos advierte que las piezas valoradas en más de 100 millones de dólares podrían ser fundidas o separadas en partes. Algunos dicen que esas prendas más pequeñas podrían ponerse a la venta como parte de un nuevo collar, aretes u otras alhajas, sin llamar demasiado la atención.

“Ni siquiera tienes que ponerlas en el mercado negro, solo las pones en una joyería”, declaró Erin Thompson, profesora de delitos artísticos en el John Jay College of Criminal Justice en Nueva York. “Podrían venderse a la vuelta de la esquina del Louvre”.

Thompson y otros creen que esto se ha vuelto cada vez más común con joyas y bienes metálicos robados, ya que es una forma en que los ladrones pueden cubrir sus huellas y ganar dinero.

No es como si alguien pudiera usar públicamente una de las joyas de la Corona de Francia robadas el domingo y encontrar un mercado para vender las piezas completas sería increíblemente difícil después de que “todos y su hermana” hayan visto fotos de ellas la semana pasada, indicó Christopher Marinello, abogado y fundador de Art Recovery International.

“Al desmontarlas ocultarán su robo”, señaló Marinello, quien agregó que los artículos podrían ser aún más “imposibles de rastrear” si se sacan de Francia y pasan por cortadores y cadenas de suministro en otros países.

Esas piezas a menudo se venden por una fracción del valor de lo robado, debido a su tamaño más pequeño, pero también porque fundir o separar alhajas de alto perfil elimina su valor histórico.

“El verdadero arte en un robo de arte no es el robo, es la venta”, subrayó Robert Wittman, exinvestigador principal del equipo de delitos artísticos del FBI.

Wittman dijo que las personas detrás de tales hurtos son típicamente “mejores criminales o ladrones que hombres de negocios”.

Difícil de vender

A diferencia de otros, Wittman duda que los ladrones logren monetizar con éxito las piezas del Louvre, que incluyen un collar y pendientes de esmeraldas, dos coronas, dos broches, un collar de zafiros y un solo pendiente usado por la realeza del siglo XIX.

Aseguró que las gemas son aún identificables por su claridad, por ejemplo, y el oro que fue refinado cuando se hicieron hace cientos de años no es tan puro como lo que típicamente se demanda hoy. “Debido a lo que son, realmente no tiene sentido destruirlas”, manifestó Wittman, quien admitió los riesgos de vender bienes robados de tan alto perfil.

Scott Guginsky, vicepresidente ejecutivo de la Alianza de Seguridad de Joyeros, una asociación comercial sin fines de lucro centrada en prevenir los robos de joyas, sospecha que los diamantes no están clasificados.

“No es algo que puedas mover en el mercado abierto. No es algo que pueda pasar por una casa de subastas”, aseveró Guginsky, quien solía dirigir el escuadrón contra robos organizados del Departamento de Policía de Nueva York.

Dada la cantidad de preparación que los ladrones probablemente pusieron en esto, Guginsky cree que tienen un plan para vender las joyas, incluso si primero deciden “esperar” a que pasen las sospechas.

“No me imagino que hayan robado las joyas sin tener una idea de lo que iban a hacer. Siempre hay una persona dispuesta a comprar joyas robadas. No importa lo que sea, alguien lo comprará”.

Sara Yood, directora ejecutiva y asesora general del Comité de Vigilancia de Joyeros, apuntó que la mayoría de las empresas de joyería implementan programas contra el lavado de dinero y están atentas a señales de alerta como pedidos inusuales, compras repetidas y solicitudes de sigilo.

Aun así, ella y otros dicen que la antigüedad de algunas joyas —si se desmontan eficazmente— podría en realidad hacer que sea más difícil rastrearlas. Las gemas más nuevas a veces llevan una inscripción láser en su interior que puede ser evaluada en un laboratorio. Pero “debido a que estas son piezas históricas, es bastante improbable que tengan esas características identificativas”, afirmó Yood.

En el pasado, algunos ladrones han hecho demandas de rescate por obras de arte o esperan una recompensa “sin preguntas” de una compañía de seguros, que puede ascender a alrededor de un 10% para algunas piezas aseguradas en Europa.

Sin embargo, las joyas robadas del Louvre no estaban aseguradas de forma privada. A veces, las ofertas gubernamentales de una recompensa por información sobre un robo de alto perfil también pueden acelerar la investigación, aunque el gobierno francés aún no ha hecho público tal pedido.

Si eso cambia, o se descubren pistas prometedoras a partir de los rastros dejados en el Louvre, expertos como Wittman creen que aumentarían las posibilidades de recuperar los artefactos.

Aun así, a medida que pasa más tiempo otros sienten que la posibilidad de encontrar las joyas históricas es escasa. “Creo que van a atrapar a los criminales”, manifestó Marinello. “Pero no creo que los encuentren con las joyas intactas”.

Joyas Detalles

Las gemas más grandes podrían ser recortadas hasta el punto de ser irreconocibles.

Habilidades

Un desafío es encontrar personas que tengan la habilidad de hacer eso y no hagan demasiadas preguntas, advierte la profesora Erin Thomspon.

Contratados

Pero “los tipos que realmente entran en los museos suelen ser todos manos contratadas y casi siempre son atrapados”.

Rescate

En el pasado, algunos ladrones han hecho demandas de rescate por obras de arte o esperan una recompensa. Sin embargo, las joyas del Louvre no estaban aseguradas de forma privada.

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