Con motivo del Día Mundial de la Suegra, hoy 26 de octubre, la especialista en terapia familiar y de pareja Gabriela Flores Gama dice que el papel de la suegra es un tema tan cotidiano como complejo en los hogares.
Más allá de los chistes y los estereotipos, en el tejido familiar de Yucatán la suegra ocupa un lugar mucho más que simbólico. En muchas familias la presencia de la generación mayor, abuelos, tíos, suegros, es habitual, y ello configura una red de apoyo que trasciende la familia nuclear.
“En contextos como el de la región yucateca, donde la convivencia intergeneracional está más viva, la suegra no es solo una visita ocasional, en muchos casos puede convertirse en un mediador, transmisora de tradición y un soporte emocional para el núcleo familiar”, afirma Flores Gama.
Esa presencia se traduce a veces en acompañamiento activo, cuidado de los nietos durante algunas horas, colaboración en tareas domésticas, asesoría, transmisión de recetas de alimentos o simplemente preservación de ciertas costumbres.
En zonas rurales, donde la economía, los horarios y el estilo de vida favorecen mayores lazos comunitarios, esa intervención tiende a ser más visible, pero muchas veces también dificultosa: la suegra puede vivir cerca, visitar frecuentemente, participar en la dinámica doméstica, incluso compartirse la casa o el terreno con ella.
En las ciudades, como en Mérida, la vivienda independiente de la familia joven suele reducir esa convivencia, pero la suegra sigue siendo figura de apoyo, solo que quizá con menor frecuencia o intensidad.
La participación en la crianza de los nietos es cada vez más reconocida. Gabriela Flores indica: “Cuando los padres jóvenes trabajan fuera de casa o tienen horarios exigentes, la suegra muchas veces funge como relevo o corresponsable de la crianza. Eso no significa que sustituya a los padres, pero sí que forma parte de la red”.
“Esa disponibilidad puede generar gran bienestar, pero también puede generar fricción si no se establecen límites claros”, admite.
Y es precisamente en la convivencia donde se hallan tanto los grandes beneficios como los retos. En Yucatán, la convivencia entre suegra y nuera o yerno puede estar marcada por el respeto tradicional que caracteriza a la comunidad, donde la generación mayor es valorada, pero ese mismo esquema puede generar tensiones si la pareja joven aspira a una autonomía, solicitando apoyo de la suegra.
“Uno de los factores de fricción frecuentes es la diferencia de puntos de vista: la generación de la suegra puede tener un estilo de crianza, de autoridad, de rol de género distinto al de la pareja joven”, señala Flores Gama.
El otro lado
La suegra puede intervenir en los temas de la pareja con buenas intenciones, pero para la nuera o el yerno esa actitud puede sentirse como una intrusión. “Es ahí donde aparece la tensión”, explica la psicoterapeuta.
Los estereotipos de la suegra entrometida, criticona o celosa tienen eco en muchas partes del país; se realizan bromas, memes y chistes, pero en Yucatán, aunque ciertamente también se practican esas bromas o clichés, la realidad muestra matices, se nota mucho más respeto en las familias.
La especialista aclara: “Sí existen suegras que revisan decisiones, que opinan sin que se les pida, que sienten que deben participar; pero también hay muchas que colaboran, acompañan, respetan los límites. En este sentido, el estereotipo existe, pero no define todos los casos. Aquí, la tradición familiar extensa y el valor de la generación mayor hacen que la suegra sea muchas veces más aliada que enemiga, aunque no ausente de conflictos”.
Lo que también es innegable es que en muchos más casos es más favorable la relación suegra-yerno, que suegra-nuera.
¿Es la suegra yucateca más tradicional que en otras partes del país? Probablemente en muchos casos sí. Las familias en Yucatán, tanto en la zona urbana como en lo rural, tienden a mantener alguna forma de vínculo con la familia extensa, y esos lazos implican un mayor peso de la generación mayor en la vida familiar. “Ese arraigo implica que la suegra conserve una autoridad moral, una voz que se escucha, un papel activo; al final, también es la abuela. En otros contextos del país donde la familia extensa está menos presente, ese papel puede atenuarse”, refiere la terapeuta.
Sin embargo, también reconoce que la modernidad, la movilidad urbana y los cambios en los estilos de vida han modificado esa circunstancia. “Hoy la vivienda propia, los horarios de trabajo, la educación diferente de la pareja joven influyen mucho. El papel de la suegra está adaptándose”.
En términos de estabilidad emocional del hogar, la suegra puede funcionar como un pilar. “Cuando la relación es positiva”, dice la especialista, la suegra es un puente generacional que aporta contención, memoria familiar, sentido de pertenencia. Su presencia puede aliviar el estrés de los padres, ofrecer relevo en el cuidado de los hijos, y contribuir al bienestar emocional del núcleo familiar.
Pero cuando la relación es tensa, cuando hay falta de límites o resentimiento, puede convertirse en fuente de estrés y afectar la armonía. Esa dualidad es clave para entender el papel, ni héroe ni villana, sino factor de dinamismo emocional.
Doña Margarita Domínguez tiene cuatro hijos varones y por ende cuatro nueras, “todas son distintas, todos mis nietos son diferentes, pero siempre termino brindando apoyo para ellos, incluso a costa de mis propias actividades y no me pesa, lo hago con mucho amor, eso sí no es que me lleve igual de bien con todas mis nueras, pero nos respetamos”.
Las diferencias generacionales son un factor determinante en cómo se vive ese papel hoy. La suegra de la generación mayor puede venir de un contexto distinto, con normas de género más rígidas, vivienda compartida, expectativas de autoridad. La pareja joven, en cambio, vive una época de mayor autonomía, de elecciones distintas, de menor tolerancia a la injerencia. “Por eso, muchas fricciones surgen de expectativas no conversadas: la suegra cree ‘estar ayudando’, la pareja joven siente ‘ser tutelada’. Es importante que haya claridad, respeto, diálogo”, apunta Flores Gama.
En los últimos años la figura de la suegra en Yucatán ha cambiando, advierte la psicoterapeuta. La transformación no es abrupta, pero sí perceptible: “Sí, ha cambiado. La vivienda separada, el menor número de miembros en casa, el trabajo fuera de casa, la tecnología, la migración, todo ello hace que la suegra participe de forma distinta, quizá menos diaria pero más puntual. Además, las parejas jóvenes están menos dispuestas a aceptar roles tradicionales sin cuestionar. La suegra también asume que los tiempos son otros, que sus formas deben adaptarse”.
La psicoterapeuta propone varias recomendaciones para fomentar una buena convivencia: que suegra y pareja definan juntas el tipo de apoyo, cuándo y cómo; la pareja joven exprese con respeto su necesidad de autonomía; la suegra reconozca su valor sin sentirse imprescindible; haya comunicación abierta sobre papeles y límites; se fomenten actividades compartidas donde todos se sientan incluidos sin que la suegra asuma el mando; el cuidado de los nietos se pacte con claridad, respetando tiempo, forma y límites, para evitar sobrecarga o dependencia excesiva, y, finalmente, se valore la experiencia de la generación mayor sin dejar de reconocer que los tiempos han cambiado. En Yucatán, este papel tiene particularidades culturales que lo hacen más visible y relevante, y al mismo tiempo más exigente en términos de adaptación. Como recuerda Gabriela Flores: “La suegra no debe ser ni vigilante ni ausente, puede ser acompañante, aliada. Las familias que aprenden a dialogar, a reconocer y respetar los cambios generacionales construyen relaciones más armónicas”.— DARINKA RUIZ MORIMOTO
