En varias etapas de mi vida me ha tocado dejar cosas atrás: trabajo, una relación, una sustancia… Por ejemplo, fumé por muchos años, he tenido que modificar mi alimentación para bajar de peso varias veces. Y desde hace seis años no tomo alcohol.

Te comparto esto porque en todos esos procesos he pasado por una transición emocional: primero ira, luego entendimiento. Y solo después, el cambio.

Pongo el ejemplo del cigarro, éste aplica perfecto para una relación tóxica sentimental . Al principio me molestaba no poder fumar, lo extrañaba, hacía coraje y, aunque sabía que me dañaba, mi mente estaba atrapada en la narrativa de “no puedo fumar” en vez de “no quiero fumar”. Eso cambia todo.

Estaba en una frecuencia mental negativa, conectando con frustración, enojo, ansiedad. El proceso no comenzaba realmente hasta que transformaba esa emoción en decisión.

¿Cómo cambiar esa frecuencia? Construyendo una nueva relación con lo que dejamos atrás. No se trata sólo de renunciar: se trata de resignificar. Necesitamos tomarle gusto al cambio, encontrarle sentido, pasar esa barrera de dolor y llegar al siguiente escalón.

Ahí es donde empieza el verdadero poder. Al principio es fuerza de voluntad: lo que fue herida, se transforma en herramienta; lo que fue sólo conocimiento se convierte en una experiencia . En una experiencia vivida.

Porque si sólo acumulamos conocimiento, somos como una base de datos: almacenamos, pero no actuamos. En cambio, cuando ponemos ese conocimiento en práctica, lo procesamos. Y los procesadores… crean.

Convertir el dolor en sabiduría requiere trabajo. Si estás en tu propio proceso, mi recomendación es: busca ayuda. Construye un nuevo círculo. Recuerda que eres arquitecto de tu realidad.

Mi nombre es Alejandro Granja Peniche, y escribo para compartir desde la experiencia, no desde la teoría. Porque yo también estoy procesando. Y en ese camino, mi intención es acompañarte, servir, y ayudarte a que tú también conviertas tus “erizos” en superpoderes.

Nos leemos el lunes.