El libro de memorias “Reconciliación” de Juan Carlos I
El libro de memorias “Reconciliación” de Juan Carlos I

PARÍS (EFE).— Juan Carlos de Borbón, rey emérito de España, confiesa en sus memorias que vive mal su “exilio” en Abu Dabi, al que define “casi como un encarcelamiento” en el que destaca la presencia de su nieto mayor, Felipe Juan Froilán, “una satisfacción que ilumina el día a día”.

“El divorcio de sus padres y una cierta falta de autoridad paterna le condujeron a una vida desvergonzada (…) Alimentaba la crónica de sucesos con un comportamiento poco ejemplar. Iba de fiesta en fiesta, de discoteca en discoteca, metiéndose en peleas y con malas compañías”, revela en el libro de memorias “Reconciliación”, que llega hoy a las librerías francesas.

Tras haber sido convocado por su hijo Felipe VI “para sermonearle”, Juan Carlos propuso a Froilán irse a vivir con él a Abu Dabi, primero en su propia casa y, posteriormente, en un estudio en el centro de la ciudad.

“Podía ayudarle a encontrar trabajo y un apartamento”, asegura Juan Carlos I, quien añade que el primer día fue a desayunar con él a las 7, “la hora a la que normalmente se acostaba”.

“En un día se acomodó a una vida sana y recta. Empezó a hacer deporte y régimen. Se dedicó intensamente a su trabajo. Se ocupaba de la logística de la COP28. Era el primero en llegar al despacho y el último en marcharse”, indica.

“Le acogí bajo mis alas y le di un marco estable y la oportunidad de construirse un destino. Ha tomado su impulso y su camino con total independencia”.

En otra parte del libro, el emérito asegura que la muerte de su hermano Alfonso en 1956, mientras ambos jugaban con una pistola, marcó un “antes y un después” del que nunca se recuperaría.

“No me recuperaré de esta desgracia. La gravedad me acompañará en adelante”.

En un capítulo de apenas dos páginas, admite que no le gusta hablar del tema y es la primera vez que se expresa sobre ello. “Lo echo de menos, me gustaría tenerlo a mi lado, poder hablar con él. He perdido a un amigo, a un confidente. Dejó un vacío inmenso. Sin su muerte, mi vida habría sido menos sombría, menos infeliz”.

Tras el funeral, el silencio reinaba y fueron “momentos terribles”, pero dos días después fue enviado de regreso a la Academia militar en España porque hacía falta “retomar la vida”.

Asimismo, considera que nunca demostró “tanta autoridad” como cuando el 23 de febrero de 1981 obró contra el golpe de Estado del general Milans de Bosch.

En aquella asonada, sobre la que aún tiene “preguntas y dudas sobre el desarrollo de los hechos y el compromiso de algunos”, el emérito calcula que de las 11 capitanías generales “la mitad apoyaba la rebelión pero no osaba desobedecerle” porque era “un rey constitucional, pero sobre todo el jefe de las fuerzas armadas, su antiguo compañero de armas y había sido designado por Franco”.

“Hablaba con aplomo y persuasión porque sabía que el destino de la Corona y del país estaba en juego”.

Un actitud que, dice, mantuvo en todas las conversaciones telefónicas que tuvo durante la asonada con el “traidor” Alfonso Armada.

“Aquella noche mi obra política estaba en juego y el destino de los españoles estaba en mis manos”.

Sobre su relación con Sofía de Grecia, declara que “nada podrá borrar nunca mis profundos sentimientos hacia mi esposa Sofi, mi reina”.

“Sigo muy unido a mi mujer, que conserva toda mi admiración y mi afecto. No hay nadie igual a ella en mi vida y así seguirá siendo, aunque nuestros caminos se hayan separado desde mi marcha de España”.

La describe como una reina remarcable e irreemplazable, así como una mujer excepcional que encarna “la nobleza de alma”.

“España no podría haber tenido una reina más dedicada e irreprochable”.

Añade que una relación de sesenta años conlleva “altos y bajos”, “alegrías y penas”, “fases de acercamiento y de alejamiento”, pero su ausencia en Abu Dabi le pesa.

“A pesar de mis ausencias y gracias a mi mujer, espero haber creado un hogar seguro y agradable”.

Amargo “obsequio”

De su hija menor, Cristina, confiesa que ella no esperaba que su hermano Felipe le retirase en 2015 el título de Duquesa de Palma, en pleno caso de corrupción Nóos que condenó a la cárcel a su marido Iñaki Undargarín.

“Es mi hijo Felipe, una vez nombrado rey, quien decide, justo en los 50 años de Cristina, retirarle el título (…) Ella no se esperaba un regalo semejante de cumpleaños de parte de su hermano”.

Cristina ya “estaba dispuesta” a abandonar su título nobiliario, según el rey emérito, quien detalla que su hija había mandado una carta, a través de su abogado, a la Zarzuela para ese fin.

“Los medios hostigaron a mi hija y a su marido, filtraciones judiciales sobre su vida privada fueron publicadas. Fueron difamados y nunca disfrutaron de la presunción de inocencia, todo lo contrario”, critica.

Cuenta que el “¿Por qué no te callas?” que lanzó en 2007 a Hugo Chávez en la Cumbre Iberoamericana en Chile se convirtió en “un eslógan de resistencia política”.

“Recibí muchos mensajes elogiosos sobre mi intervención inesperada y no solo de la parte de la oposición venezolana”, revela.

“Mis relaciones con todos los jefes de Estado fueron respetuosas, menos una vez (…) El presidente venezolano Hugo Chávez logró sacarme de mis casillas”.

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