Fiel al estilo del Cirque du Soleil, “OVO” reúne acrobacia y arte, como la danza área de la izquierda. Debajo, un número que deja en evidencia la destreza de los ejecutantes del espectáculo, que recrea una comunidad de insectos que trabajan, revolotean y juegan
Fiel al estilo del Cirque du Soleil, “OVO” reúne acrobacia y arte, como la danza área de la izquierda. Debajo, un número que deja en evidencia la destreza de los ejecutantes del espectáculo, que recrea una comunidad de insectos que trabajan, revolotean y juegan

MÉXICO (EFE).— Las acrobacias imposibles del Cirque du Soleil se muestran en México durante dos semanas, en las que los espectadores podrán disfrutar de un fenómeno internacional que, bajo la temática de los insectos, fue desarrollado por cien personas de distintos países.

Todo ese crisol de nacionalidades viene al país para presentar el famoso espectáculo “OVO” (huevo en portugués) del conocido como Circo del Sol, creado en 2009 y cuya primera función fue el miércoles pasado en el Palacio de los Deportes.

Antes del debut, los 53 acróbatas del circo hacían ejercicios físicos y ensayaban concienzudamente sus números más arriesgados, mientras los operarios montaban el escenario móvil con ayuda de un centenar de trabajadores locales, siempre pendientes del reloj: tan solo tenían 12 horas para dejarlo todo listo. Y el tiempo jugaba en su contra.

Uno de esos artistas era el argentino Ernesto Lea Place, quien a su preparación física “bastante rigurosa” sumó otra condicionante: la altitud de Ciudad de México (2,240 metros sobre el nivel del mar) que le hace un “poco más difícil” respirar, confesó en una pausa entre ejercicios.

Pese a todo, parece que nada le va a quitar la sonrisa cuando habla de lo que van a poder ver los espectadores y qué supone para él formar parte de este espectáculo.

“Ser parte de esto es como tener una estampa, de que llegué a un lado muy especial. Es un lujo y es un orgullo compartir el escenario con artistas de nivel tan alto”, afirmó.

Para este bailarín clásico de profesión, que en el Cirque du Soleil actúa como “mariposa de noche” en dúo de cintas, no todo son luces, dado que durante las giras por distintos países paga el precio de estar alejado de su familia y rutina. No obstante, le merece la pena por todo el trabajo que hay detrás.

Fuera del escenario, en las entrañas del recinto donde tiene lugar el show, hay multitud de pasillos y habitaciones laberínticas, entre las que destaca el lugar donde se guardan los trajes.

Vestuario

Disfraces de abeja, de libélula, de mosca y de araña sobresalen de los armarios. En total, 800 piezas son confeccionadas a mano por cerca de 300 personas con un año de antelación, todos hechos a medida de la envergadura y el físico de los artistas.

Este trabajo, que a simple vista no se aprecia, es arduo y meticuloso. La confección de un solo traje de grillo puede llevar más de 65 horas, según explicaron desde la organización.

Más allá de los acróbatas, tras bambalinas el Circo del Sol cuenta con siete músicos, cantante incluido, para amenizar el show con música en vivo, al tiempo que los artistas desafían las leyes de la gravedad con giros y maniobras impredecibles.

Permanecen debajo del escenario, en un segundo plano, pero son una pieza imprescindible del engranaje, al igual que los técnicos de automatización, responsables de cambiar los escenarios a medida que la historia avanza, para acompañar las maniobras de los artistas.

El máximo responsable es Esteban Martínez, quien lleva diez años en la compañía y coordina desde su monitor el cambio de escenografía.

De un vistazo

Presentaciones

El Cirque du Soleil ofrecerá funciones de “OVO” en Ciudad de México hasta el próximo domingo 23.

Objetivo

“Tratamos de mantener el formato y la cualidad del show” en todos los países, destacó Eduardo Martínez.

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán