“Monseñor Álvaro García Aguilar fundó material y espiritualmente la comunidad de María Inmaculada y creó grupos de apostolado que siguen trabajando, como Rocamar”, recuerda el presbítero Cristian Uicab Tzab, expárroco del templo.
“Él vio la construcción de la iglesia con la ayuda de la comunidad y fomentó la participación de la gente”, comenta de monseñor, quien falleció ayer a los 92 años, después de larga dolencia.
Durante 42 años permaneció al frente de la parroquia de María Inmaculada, la cual se ha distinguido por la participación de los jóvenes impulsada por el padre Álvaro García. “Tenemos más de 50 grupos y servicios en la parroquia que todavía continúan, entre ellos Rocamar y Valores, que son los de mayor arraigo, entre otros que surgieron a lo largo de los años, por ejemplo, la Catequesis, el Equipo de Liturgia, Vicentinas y Amsif”.
“Fue una labor muy importante y significativa la que hizo el padre en nuestra comunidad y se le agradece todo el trabajo y el esfuerzo que puso en su momento y que nos tocó cosechar los frutos”.
Monseñor Álvaro García dejó la parroquia en octubre de 2015 y el presbítero Cristian Uicab se convirtió en el segundo párroco del templo, ubicado en el fraccionamiento Campestre.
Posteriormente, el padre Uicab Tzab dejó la parroquia el 21 de agosto de 2021 para entregarla al tercer párroco, el presbítero Antonio Escalante Pantoja, quien hoy sigue al frente de la comunidad. El padre Uicab fue nombrado párroco de Hunucmá en agosto de 2021.
Seguir su ejemplo
“Fue un reto el dar continuidad a un gran trabajo hecho por el padre Álvaro”, subraya el presbítero Cristian Uicab.
“Como dije cuando llegué a la parroquia: ‘no vengo a sustituir al padre, vengo a continuar ese gran trabajo que ha hecho’”.
Recuerda que monseñor Álvaro García era vecino de la colonia Itzimná y colaboraba en algunas capillas y en la Casa del Sacerdote.
Gracias a su gran labor, remarca, el padre fue muy apreciado por la gente “porque vio nacer esta comunidad parroquial, que tiene las capillas de San Jorge y María de Guadalupe”.
La parroquia de María Inmaculada tiene 43 años de fundación, pero como comunidad tiene 45.
Entre las obras fundadas por el padre destaca el Instituto Patria, institución educativa ubicada en el Periférico Norte. “Fue una labor muy titánica, el trabajo y el esfuerzo que realizó el padre Álvaro García”
El padre Christian Uicab afirma sentir un gran aprecio por el presbítero, pues antes de ser párroco de María Inmaculada fue vicario del templo, por lo que convivió y trabajó con él de 2007 a 2009.
“El padre Álvaro siempre se caracterizó por su buen humor, siempre estaba de buen ánimo”, recuerda.
El padre Alvaro fue “capellán del Papa” e hizo varios viajes a Roma.
“María Inmaculada tiene un gran sentido social, de apoyo, y eso lo inculcó el padre Álvaro y lo hemos seguido fomentando”, subraya el padre Uicab Tzab.
Como informamos en su momento, el padre Álvaro García tuvo un accidente el 26 de julio de 2021 en la casa donde residía, la cual le causó una lesión en la cadera por lo que el sacerdote fue sometido a una cirugía.
Hijo espiritual
Durante los años de servicio de monseñor Álvaro Aguilar en María Inmaculada surgieron 22 vocaciones sacerdotales, una de ellas fue la del arzobispo Fermín Sosa Rodríguez, ex nuncio apostólico de Papúa Nueva Guinea.
Monseñor Fermín Sosa, hoy nuncio de Bolivia, afirma ser un hijo espiritual de María Inmaculada y de monseñor Álvaro García.
“Nací en María Inmaculada”, subraya el prelado. “Soy de una de las familias que estuvo en la fundación de María Inmaculada. Cuando mi familia se pasó a vivir al Campestre, la parroquia no existía; el padre Álvaro García la empezó después”.
Recuerda que él creció con monseñor Álvaro García al ser acólito de los 7 a los 16 años de edad. “Vi el crecimiento de la parroquia y en cierta manera vi todo el trabajo que el padre Álvaro realizó por la comunidad; fue una labor titánica para él pero la sacó adelante con mucho amor y apoyo”.
En una plática con Diario de Yucatán, recuerda que una de las cosas que observó fue el cariño de la comunidad por el padre. “Cuando necesitaba apoyo, la comunidad respondía; eso me gustó y ahí nació mi vocación sacerdotal y de entrega total del sacerdocio a la comunidad”, comparte. “A mí me marcó muchísimo”.
Recuerda que cuando era acólito el grupo estaba conformado por ocho a diez pequeños, quienes recibían clases del padre sobre cómo acolitar en una misa. “Con ese grupito de niños de 7 a 10 años hacíamos excursiones a empresas y a museos; existía un cariño paternal hacia los niños y ese es uno de los grandes carismas que él siempre tuvo, ese encuentro con los niños y con los jóvenes”.
Con dicho carisma, el padre Álvaro García era un imán de jóvenes, al grado que los fines de semana en la parroquia se congregaban más de mil personas en diferentes grupos.
Así nació la idea de construir las dos torres aledañas a la parroquia porque empezaba a crecer el número de personas y de jóvenes que asistía a la parroquia y se veía la necesidad de tener instalaciones amplias.
Luego de concluir su servicio como acólito, monseñor Fermín Sosa formó parte de grupos como Renovación Carismática y Grupo de Valores Humanos y Cristianos y formó un grupo apostólico con otros amigos que se llamó Siempre con Dios, con el que impartía clases de catecismo y ayudaba a nivel social en una hacienda.
Su último grupo apostólico fue Rocamar.
Para monseñor Fermín Sosa una de las mayores enseñanzas que le dejó el padre Álvaro García fue su entrega generosa para el bien de la comunidad.
Grupo de tradición
Rocamar es uno de los grupos apostólicos con mayor tradición en la parroquia de María Inmaculada. Erick Gómez Cepeda, uno de los asesores del grupo desde hace más de una década, convivió con el padre Álvaro García por más de 15 años, desde que participó en su Rocamar (retiro) en 1998 hasta que monseñor se fue de la iglesia.
“Al morir mi papá, (monseñor Álvaro García) fue como un padre para mí, un amigo con el que podía ir al cine, a cenar, iba a la casa, teníamos mucho contacto. Siempre estuvo pendiente de mi matrimonio desde el noviazgo y hasta el nacimiento de mis hijos”.
En Rocamar “nos enseñó muchísimas cosas y tuvimos infinidad de experiencias, fue una persona con el don para trabajar con los jóvenes, tuvo la facultad de hablar en el lenguaje del joven y poder explicarle la misericordia de Dios con ese lenguaje.
“Fue una persona que siempre estuvo al pendiente de todos, preocupado por las necesidades de los demás; fue muy caritativo”, comenta.
Recuerda que le gustaba tomar un buen whisky y las buenas comidas. “Hacía mucho ejercicio, siempre caminaba alrededor del parque de San Juanistas”. También “tenía un carácter recio y decidido; lo que se proponía, lo lograba”.
“En los retiros de Rocamar le encantaba contar sus experiencias de sus viajes”, recuerda.
“Siempre estuvo dispuesto a enseñar. En mi caso, mi problema siempre ha sido el peso y siempre estaba detrás de mí para ponerme a dieta”.
“Con él hemos llorado y disfrutado mucho y hemos visto cómo la gracia del Señor se derrama sobre los jóvenes haciendo milagros de vida”, agrega.
“Rocamar era su apostolado predilecto porque le encantaba ver cómo cambiaba vidas, le encantaba salir con los jóvenes a cenar después de las juntas o un domingo después de misa”, relata.
Le gustaba alimentarse bien saludablemente. En el retiro siempre había fruta y yogur para él. “Era una persona invaluable, única, que dio su vida por Dios, la iglesia y su comunidad. Fue muy devoto de la Virgen María, siempre llevaba su rosario en la bolsa del pantalón y todo el día rezaba. Fue un excelente director espiritual”.
El padre Jorge Martínez Ruz, vocero de la Arquidiócesis de Yucatán, también remarca el don que tenía monseñor Álvaro García para acercarse a los jóvenes.
El sacerdote, quien fue vicario de la iglesia en tiempo del padre García Aguilar, de 2013 a 2014, recuerda que surgieron muchos grupos juveniles.
“Había muchos jóvenes y además los grupos con carismas distintos: apoyar el catecismo en algunas parroquias, otros se iban a misiones o al penal o la organización de retiros”.
Afirma que al padre “le gustaba confesar y pasaba mucho tiempo confesando y lo seguía haciendo hasta después de que fue párroco de María Inmaculada.
“Él estaba con los jóvenes promoviendo su formación; de hecho, uno de los grupos más fuertes es Rocamar, que muchos años él acompañó directamente: el padre iba a los retiros, impartía los temas y confesaba”.
Asimismo, ayudaba al prójimo. “Para Navidad juntaba muchas despensas que repartía a varias parroquias del interior del Estado porque él apoyaba a otras iglesias con la ayuda de las personas”.
El vocero de la Arquidiócesis formó parte del grupo de Valores durante tres años y con el pasar de los años se convirtió en el vicario.
“El padre Álvaro García se entregó a su sacerdocio y además invirtió en la formación de los jóvenes y consiguió que surgieran muchos grupos apostólicos con sus carismas”, resalta el entrevistado, quien finaliza diciendo que el sacerdote será recordado por “su acompañamiento a los jóvenes, la confesión frecuente y la adoración eucarística”.— Claudia Sierra Medina
Vida sacerdotal Más detalles
Monseñor Álvaro García Aguilar falleció ayer a los 92 años, tras prolongada dolencia
Familia
Nacido el 19 de febrero de 1933 en la capital yucateca, el apreciado sacerdote fue hijo del matrimonio que formaron los señores Manuel García Montalvo y Francisca Aguilar Fernández. Su única hermana fue Ligia García Aguilar de Palma y sus sobrinos son Álvaro Edgardo, Alejandro Antonio, Ligia Isela del Rosario y Rommel Manuel.
Grupos seglares
En 1965 fue nombrado responsable de la sede parroquial de San Cristóbal de Mérida, en donde se distinguió por guiar a grupos de seglares, entre ellos los Escuderos de Colón. También fue capellán de esa agrupación y organizó en el estado a las Colombinas de María, agrupación femenina que no existía en el movimiento.
Con el Papa
En agosto de 1993, durante la histórica visita del papa Juan Pablo II a Yucatán, el padre Álvaro García tuvo la responsabilidad de atender al Vicario de Cristo.
Instituto Patria
Monseñor también fue el fundador del Instituto Patria, un colegio de inspiración católica.
Crematorio
Como párroco de María Inmaculada convenció a un amigo de abrir el primer crematorio en Mérida. La iglesia del fraccionamiento Campestre también fue la primera en recibir las cenizas de difuntos tener aire acondicionado para la comodidad de los fieles.
Obras
Con la ayuda de la comunidad se concretaron obras como las Casas del Sacerdote y de Nazareth, así como la capilla de San Jorge en el fraccionamiento Villas del Sol.





