“PREPAREN EL CAMINO DEL SEÑOR”
Con este relato comienza la vida pública de Jesús, y no cabe duda de que la intención de san Mateo es manifestar que la predicación de Jesús es prolongación de la predicación de Juan el Bautista. En cuanto a la persona de Juan el Bautista, san Mateo la ve a la luz del texto del profeta Isaías (40,3). Dentro de esta perspectiva, lo importante en aquella época en la que el profeta anunciaba la vuelta del destierro era el camino hacia la tierra de las promesas.
Dios, como en los tiempos del Éxodo, marchaba con su pueblo para abrirse camino hacia la Tierra Prometida. Por lo tanto, para san Mateo lo importante no es que el Señor atraviese el desierto, sino que lo que hace falta es que el pueblo extienda un camino para su Señor que viene: un camino llano y recto, que le permita al Mesías llegar hasta su pueblo.
El anuncio solemne de la llegada del Mesías se hace en el desierto: el lugar donde nacen los movimientos mesiánicos. Además, san Mateo describe la vestimenta del Bautista para que los lectores piensen en el profeta Elías (2 Re 1,8). Luego, el evangelista nos describe el afluir de personas y más personas, impresionadas por aquellas palabras que anuncian la inminencia de la llegada del Reino mesiánico.
Hoy se nos presenta la Palabra de Dios con el rostro serio de las exigencias que implica la Fe. Juan el Bautista y Jesús comenzaron a predicar diciendo: “Conviértanse porque ya está cerca el Reino de Dios”. Y “convertirse” significa cambiar mente y vida, cambiar camino. También significa tensión, búsqueda, decisión e inquietud. Descubrir el rostro de Dios de la justicia porque “la justicia es el primer paso del amor, y el respeto es la fuente del abandono en Dios”, como afirmó George Bernanos.
