En la península de Yucatán, se teje un vínculo profundo entre los devotos y su fe inquebrantable en la Virgen de Guadalupe, símbolo de unidad y esperanza, y un incipiente pero vibrante culto a su hijo más querido, San Juan Diego.
La doctora Ella Fanny Quintal Avilés, investigadora del INAH, destaca la relevancia de esta devoción en la región, particularmente en las peregrinaciones que cada año congregan a antorchistas de diversas comunidades que, a pie, corriendo o en bicicleta, llegan al santuario de la Guadalupana en la iglesia meridana de San Cristóbal.
En su evocadora descripción, señala: “Este fenómeno, el antorchismo, se manifiesta especialmente entre jóvenes que, acompañados de fe y agradecimiento, hacen de esta travesía un acto de amor hacia la Morenita del Tepeyac”.
Monseñor Pedro Sergio Mena Díaz, obispo auxiliar de Yucatán, resalta el vínculo entre la Virgen Morena y San Juan Diego, enfatizando que “el acontecimiento guadalupano no es un mero capricho de la Virgen, sino una intervención divina que busca ofrecer amor y esperanza a través de Jesucristo”.
Las voces de los devotos resuenan con fuerza, y tres testimonios reflejan la gracia y los milagros que la Virgen de Guadalupe y San Juan Diego han otorgado.
Para la doctora en Antropología del Centro INAH Yucatán, la devoción a la Virgen de Guadalupe se manifiesta como un hilo conductor que une corazones y fortalece la identidad de su gente. Esto resalta la profundidad de esta fe, visible en la figura de los antorchistas, quienes, impulsados por una promesa, emprenden un viaje que trasciende lo físico, convirtiéndose en un verdadero acto de amor y entrega.
Al llegar al templo, los peregrinos oran por la Virgen. El sacerdote los recibe, descansan y regresan a sus lugares de origen, envueltos en un manto de júbilo y satisfacción por la promesa cumplida. “El recibimiento, lleno de aplausos en sus comunidades, es un tributo a su esfuerzo, a su devoción”.
El apego a la Guadalupana no se limita a México, su luz trasciende uniendo a migrantes en Estados Unidos en ceremonias que llenan el aire de espiritualidad y amor.
La relación con la Guadalupana va más allá de lo religioso. La doctora Quintal subraya que el color de su piel, que refleja la herencia mexicana, permite una identificación emocional profunda. La figura de la Morenita se erige como un ícono de la identidad mexicana, simbolizando la fe y el legado cultural de un pueblo que encuentra en ella un reflejo de sí mismo.
“A través de los años, el culto a la Virgen de Guadalupe ha evolucionado, amalgamando elementos de religiosidad y emociones, y, aunque parezcan ajenos a la política, también es una reafirmación de la identidad nacional”, apunta.
El vínculo glorioso entre la Virgen de Guadalupe y San Juan Diego, descrito por monseñor Pedro Sergio Mena Díaz, es una prueba de la intervención divina en la vida de los hombres. “Este acontecimiento nos muestra cómo Él elige a sus mensajeros, a sus instrumentos”, expone. “Juan Diego se convierte en el canal de la primera evangelización y testigo del amor y la misericordia de Dios”.
Monseñor Mena Díaz recuerda que la devoción a la Morenita perdura en la península de Yucatán desde que, en el siglo XVIII, los frailes franciscanos comenzaron a promover la veneración en el desaparecido Convento Grande de San Francisco hasta la creación de la iglesia de San Cristóbal. “Imágenes de Juan Diego, como la que se exhibe en el retablo de la iglesia de Maxcanú, refuerzan la importancia de su culto, recordando a todos que él también es un santo que intercede ante Dios”, afirma el obispo.
“La Virgen María, que se manifiesta en distintas advocaciones, en Guadalupe se muestra como una madre cálida y atenta a nuestras súplicas. La tilma de Juan Diego no sólo es una obra de arte, sino también un mensaje de la cercanía divina”, asegura.
Las revelaciones de tres fieles llegan a los corazones de quienes buscan pruebas o favores de la Virgen y San Juan Diego. Lilia Puerto, estilista cosmetóloga, comparte con emoción: “La Virgen de Guadalupe me ha hecho muchos favores. Al nacer mi segunda hija nos dijeron que una de las dos podría morir. Nos encomendamos a la Virgen y, milagrosamente, ese día las dos nos salvamos”.
Por su parte, Guillermo de Jesús Cetina Burgos, licenciado en Derecho, rememora: “Durante la visita a México de Juan Pablo II en 2002 mi hermanita cayó a un pozo y salió ilesa. Hoy es una mujer de bien y madre de un hijo”.
“Todo se lo debo a la Guadalupana y a San Juan Diego”.
Finalmente, Felipe de Jesús Canul Canul, sacristán en la capilla de San Juan Diego, en la colonia Vicente Solís, confiesa: “Mi familia es un gran milagro de la Virgen de Guadalupe”.— Carlos Fernando Cámara Gutiérrez
La Virgen de Guadalupe Joyas 34, 36, 77, 85 y 88
Dos días después de la celebración en honor de la Virgen de Guadalupe (12 de diciembre), en prácticamente toda la geografía nacional e incluso en el extranjero, y a cuatro de la fiesta de San Juan Diego (9 de diciembre), en la península de Yucatán todavía vibra la luz de la fe en estas dos veneraciones, presentes en el proyecto “100 joyas del arte sacro de la península de Yucatán”.
Joya número 34. Retablo de la iglesia de San Cristóbalde Mérida
En el nicho central del primer cuerpo es cobijada la venerada imagen de la Virgen de Guadalupe y a San Juan Diego hincado a su lado. Se registra en el apartado I. Retablos de las iglesias de la categoría b) Esculturas en madera y piedra.
Joya número 36. Retablo de la iglesia de Maxcanú
En la parte central del tercer cuerpo destaca un óleo de Juan Diego que sostiene en su tilma la imagen de la Virgen Morena. Según el doctor Cuauhtémoc Fernando Garcés Fierros, la pintura tiene todas las características de ser obra de Miguel Cabrera. El altar mayor también se considera en el primer apartado de la categoría b) Esculturas en madera y piedra.
Joya número 77. Vírgenes de Guadalupe en la Catedral de Mérida, el Seminario Conciliar y la iglesia de Lourdes
Corresponden a la categoría c) Cuadros o pinturas. También honran a la Madre de Dios en su advocación de la Morenita. Los dos primeros óleos de la Guadalupana, del pincel del artista novohispano Miguel Cabrera, datan del siglo XVIII. La tercera pintura es de la autoría del creador yucateco Pedro Cardeña Alpuche, en 1950.
Joya número 85. Pintura de Juan Diego con la Virgen de Guadalupe, sobresale en la parte superior del retablo del templo de San Miguel Arcángel de Maxcanú
De acuerdo con el testimonio de monseñor Pedro Sergio Mena Díaz, obispo auxiliar de Yucatán, el extinto tercer arzobispo de Yucatán, monseñor Manuel Castro Ruiz, la tomó como evidencia del culto al vidente de la Virgen de Guadalupe durante su proceso de canonización. El tesoro religioso también corresponde a la categoría c) Cuadros o pinturas del proyecto multiplataforma.
Joya número 88. Campanas de la Catedral de Mériday de la iglesia de Monjas
Una de las campanas, la mayor, que en 1980 se adquirió a instancias del entonces arzobispo Castro Ruiz, se dedicó a Santa María de Guadalupe. Este dato se cita en la categoría d) Objetos litúrgicos.





