NUEVA YORK (HealthDay News).— El uso intensivo de redes sociales podría estar agotando la capacidad de concentración de los niños, de acuerdo con un nuevo estudio publicado en “Pediatrics Open Science”.
La investigación advierte que el uso de plataformas como Instagram, TikTok, Snapchat, Facebook y Messenger tiene un impacto directo y negativo en la atención infantil.
El estudio, realizado durante cuatro años con más de 8,300 niños estadounidenses de entre 9 y 10 años, reveló que el tiempo dedicado a redes sociales aumentó de 30 minutos diarios a 2.5 horas hacia los 13 años.
“Nuestro estudio sugiere que son específicamente las redes sociales las que afectan la capacidad de concentración de los niños”, afirmó Torkel Klingberg, investigador senior del Instituto Karolinska, en Suecia.
Los científicos detectaron que incluso un uso moderado reduce la capacidad de atención y que el efecto se incrementa con el tiempo.
Además, los niños que ya presentaban problemas de concentración no aumentaron su consumo de redes, lo que refuerza la hipótesis de causalidad. “Las redes sociales implican distracciones constantes en forma de mensajes y notificaciones”, explicó Klingberg, quien añadió que incluso anticipar un mensaje “puede actuar como distracción mental”.
El análisis no encontró relación entre la falta de atención y ver televisión o jugar videojuegos, ni vínculos con el nivel socioeconómico o predisposición genética al trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Tampoco se detectó un aumento en la hiperactividad o impulsividad.
“El mayor consumo de redes sociales podría explicar parte del aumento en los diagnósticos de TDAH”, señaló Klingberg.
Los investigadores continuarán el seguimiento durante la adolescencia para confirmar si el efecto persiste.
De un vistazo
Efecto cognitivo
Un estudio demuestra que las redes sociales afectan directamente la capacidad de concentración infantil, incluso con un uso moderado, y que el impacto se incrementa conforme pasan los años.
Edades de estudio
Para el trabajo, los investigadores siguieron a más de 8,300 niños de entre 9 y 10 años durante cuatro años.
