A la izquierda, el presbítero Álvaro Carrillo Lugo al entrar a Cristo Rey; arriba, unas palabras del párroco Emir Pérez Cabrera
A la izquierda, el presbítero Álvaro Carrillo Lugo al entrar a Cristo Rey; arriba, unas palabras del párroco Emir Pérez Cabrera

Mensajes de amor y misericordia de Dios para todas las personas compartió ayer el presbítero Álvaro Carrillo Lugo ante cientos de fieles que acudieron a la iglesia parroquial de Cristo Rey y Santa María de Guadalupe-Santuario del Divino Niño Jesús para conmemorar el 50o. aniversario de su ordenación sacerdotal. La celebración incluyó alabanzas al Creador y la celebración de la Santa Misa.

El sacerdote, actualmente párroco de San Juan Pablo II, en el fraccionamiento del mismo nombre, fue el primer rector del Santuario del Divino Niño Jesús y prestó servicio en esa comunidad durante 23 años, hasta 2016, cuando fue trasladado al poniente de Mérida.

A su llegada al templo, el padre Álvaro Carrillo fue recibido con un obsequio por un feligrés, consistente en un nacimiento, y fue acompañado hasta el altar por colaboradores. Previamente, los asistentes entonaron cantos y alabanzas.

Durante su mensaje, el sacerdote transmitió palabras de alegría y esperanza a los presentes, por quienes elevó oraciones para que fueran liberados de todo mal y protegidos por los ángeles, arcángeles y la sangre de Cristo. Recordó que todos los seres humanos tienen debilidades y que nadie puede considerarse completamente puro, pues el único santo es Dios.

Señaló que, independientemente de la edad, el estado civil o la profesión —sean adultos mayores, jóvenes, esposos, esposas, solteros, profesionales, médicos o empleados—, y aunque parezca que tengan la vida resuelta, Dios guía a todos como a sus hijos más especiales. Añadió que Dios conduce con ternura y es un padre amoroso que mira a cada persona como a un bebé en brazos.

Indicó que el Señor conoce los miedos, los momentos de soledad y desorientación, así como las heridas y frustraciones de cada uno, y que siente ternura y compasión por todos sus hijos.

En ese contexto, pidió que, en el nombre del Divino Niño Jesús, los fieles renuncien y se aparten de toda influencia del mal o dependencia negativa que pudiera estar afectando sus vidas, ya sea del pasado o en el presente.

El sacerdote solicitó a los feligreses y visitantes de la comunidad de San Juan Pablo II que levantaran sus manos y pronunció una oración en la que invitó a renunciar, romper y apartarse, en el nombre de Jesucristo, de toda opresión, poderes psíquicos, maldiciones, hechizos o brujerías que pudieran afectar a las personas, a sus familias o como consecuencia de pecados propios o de los antepasados.

Durante la ceremonia se realizó una procesión hacia el altar con las imágenes del Divino Niño Jesús y de la Virgen de la Dulce Espera.

El padre Emir Pérez Cabrera, párroco de Cristo Rey y Santa María de Guadalupe y rector del Santuario del Divino Niño Jesús, así como el padre Luis Avilés Aguilar dieron la bienvenida al presbítero Álvaro Carrillo.

El padre Carrillo Lugo fue ordenado sacerdote el 16 de diciembre de 1975. Es originario de Mérida, tiene 80 años de edad y es hijo del matrimonio que formaron los señores Mario Alfredo Carrillo y Zoila del Socorro Lugo Pacheco. A lo largo de su ministerio sacerdotal también ha servido en las comunidades de Espita, Dzitás, Abalá y Hunucmá.

Como parte de las celebraciones por su 50o. aniversario sacerdotal, este lunes presidirá una misa en la iglesia parroquial de Hunucmá, a las 7 de la noche.— Claudia Ivonne Sierra Medina

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