Antes de que la Nochebuena llegara a su fin, cientos de devotos asistieron la noche del miércoles a la Catedral para participar en la misa de la víspera de la Navidad.
Desde temprano, el interior del templo lució lleno de familias que esperaban recibir la bendición antes de regresar a sus casas para la cena y convivir.
La eucaristía fue presidida por el arzobispo de Yucatán, mons. Gustavo Rodríguez Vega; el padre Juan Pablo Moo Garrido, rector del templo; y Fernando Bermejo Salmerón, diácono permanente de la Catedral.
La homilía de monseñor Gustavo Rodríguez estuvo centrada en el sentido de la Navidad como una memoria viva, no solo como un recuerdo del pasado. “Todo en la Iglesia es memoria”, dijo recordando que “la memoria y la identidad es vivir hoy; el pasado se hace presente”.
Además, recordó que el nacimiento de Cristo marcó un antes y un después en la historia, y que así como en Belén fueron unos cuantos pastores quienes acudieron a adorarlo, hoy son millones los creyentes que, desde distintos lugares del mundo, se acercan al Niño Dios para reconocerlo.
De igual manera, reflexionó sobre el dolor, la violencia y las tragedias que siguen ocurriendo en el mundo, subrayando que muchas veces no hay respuestas claras, pero siempre se debe aceptar lo que Dios permite.
“Muchas cosas no las vamos a entender. Como hombres y mujeres de fe, aceptemos lo que el Señor permita que suceda”, agregando a la reflexión que Dios respeta la libertad humana y no impone el bien.
“Él, como buen Padre, respeta la libertad de cada uno de nosotros” y “no quiere convertirnos en títeres”.
También hizo mención del accidente aéreo reciente en el que perdieron la vida varias personas, entre ellas un niño que viajaba para recibir atención médica. Monseñor expresó que el dolor se queda para la familia y los seres queridos, pero que, desde la fe cristiana, para el niño esto representa la paz eterna.
“Para el niño no es una desgracia, porque quien deja este tiempo, entra a la gloria de Dios nuestro Señor”.
Antes de concluir, incluyó una oración por todos los niños del mundo, especialmente por quienes viven en pobreza, atraviesan situaciones de depresión o están expuestos a la violencia y el abandono. Aprovechando para hacer un llamado directo a las familias, ya que son “los padres son los primeros catequistas”, y que la formación en la fe no puede delegarse por completo, sino asumirse desde el hogar con el acompañamiento de la Iglesia y la comunidad.
Su mensaje concluyó con una invitación para que todos vivan una Navidad más consciente y profunda, pidiendo que “por medio de María y San José podamos vivir más intensamente esta Navidad”, y que la fe se traduzca en esperanza y compromiso con los demás.— Karla Cecilia Acosta Castillo
