Un concierto dedicado a los 51 años de trayectoria del cantante y compositor Felipe de la Cruz se vivió en la penúltima noche de 2025 en el Palacio de la Música: “El arte de hacer canciones”.
En compañía de amigos y colegas, el escenario reunió a Iván Niquete en el piano, Roberto Arcila en el bajo, César Lechuga en la batería y Miguel Mañaná en las percusiones. Fungió como presentador Pedro F. Rivas, amigo de Felipe, quien se dijo emocionado por haber sido elegido y aseguró que el título del concierto describía con precisión al músico.
“Una gran inspiración permanentemente acompañada de altas dosis de dedicación, estudio y disciplina. De esa rica combinación nace el oficio, el arte de hacer canciones”, declaró.
Rememoró cuando ambos se conocieron y cómo, con el paso de los años, su amistad se fue forjando. “Me encontré con un ser humano sencillo, amable, filósofo profundo, con una visión positiva de la vida, que me recibió desde el principio sin presunciones vanas, como un igual en dignidad”, añadió.
Finalmente, lo felicitó por un año más de vida artística.
El programa estuvo compuesto por 15 canciones, entre ellas algunas inéditas, interpretadas por De la Cruz con su guitarra, acompañado por los músicos.
El público fue su cómplice, pues desde las butacas se escucharon gritos, aplausos y risas en los momentos en los que De la Cruz narraba alguna anécdota.
La primera canción fue el funk “Si te conozco mejor”, seguido del bossa “La mejor noticia”. Al interpretar “En honor a la verdad” recordó con emoción cómo esta pieza creó una experiencia “maravillosa” junto a Armando Manzanero, a quien le gustaba el tema e incluso le invitaba a cantarlo.
Después se escuchó el pasillo “A tu paso”, seguido de “Témpanos de hielo”, en jazz-bossa, y el bolero “La puerta chica”. Enseguida, Felipe se quedó solo con Roberto Arcila en la guitarra para ofrecer “Imagino”, un dueto que resonó por todo el recinto.
Después, la escena volvió a cambiar y ahora el dueto fue con Carlos Milán al piano en “Tumbas separadas” y “Caminando al Sol”, permitiendo que el piano y la voz sobresalieran durante ambas interpretaciones.
Retomando la puesta inicial, el concierto continuó con el huapango “Lunasol”, seguido del swing “La receta”, que puso a bailar a algunos en sus lugares. La energía se mantuvo con la cumbia “Los cocuyos”, el vals peruano “Amor barato”, el bolero “Corazón baldío” y cerró el programa con la rumba “Quiero tomar”.
Pero la velada no terminó ahí, pues la atmósfera creada por los músicos dejó insatisfecho al público, que no dejó de pedir otra canción.
Para el encore y como despedida, los músicos —que no habían ensayado la pieza, pero confiaron en su talento para improvisar— interpretaron una canción que De la Cruz describió como “nostálgica”, ya que habla de su lugar de origen.
En una anécdota final, contó que la escribió tras encontrarse con un acta escrita a mano en la que se indicaba su lugar de nacimiento y le surgió la pregunta “¿Qué sucedió en Akil?”, dando origen a la canción “Sucedió en Akil”, que puso fin a la velada y motivó una ovación.— Karla Cecilia Acosta Castillo
