Mérida recibe estos días a una de las figuras más sólidas y respetadas del flamenco contemporáneo. La bailaora y coreógrafa española María Juncal, referente internacional del arte jondo, se encuentra de visita en la ciudad como parte de las actividades del Mérida Fest 2026, marco en el que hoy presentará el espectáculo “Una mirada”, en el Teatro Armando Manzanero.
Anteanoche sostuvo un encuentro con la comunidad dancística local bajo el título “Más allá del escenario”, en el Teatro de las Artes “Nina Shestakova” del Centro Municipal de Danza.
La conferencia se abrió con la bienvenida a cargo de Claudia Chapa Cortés, quien, a nombre del Ayuntamiento de Mérida, destacó la relevancia de contar con creadoras de esta talla en los festejos de la ciudad.
Posteriormente, la maestra Pamela Ruz Carrillo, responsable del área de Danza Española del Centro Municipal de Danza, compartió una semblanza de María Juncal y condujo la charla, que pronto se transformó en un relato íntimo, generoso y pedagógico de la visitante.
Desde el primer momento, María Juncal agradeció el recibimiento cálido de Mérida y celebró el crecimiento de la comunidad flamenca local. “El arte y el amor por la danza nos reúnen”, expresó, antes de abrir la puerta a una historia personal marcada por la disciplina, la constancia y una vocación que, más que elegida, parecía aguardarla desde la infancia.
Impulso
Nacida en Las Palmas de Gran Canaria, dentro de una familia vinculada al flamenco por línea materna, Juncal relató cómo el baile estuvo presente desde sus primeros años; no fue una imposición, más bien un impulso natural.
Recordó sus inicios en academias locales, el primer conflicto entre el deseo de crecer artísticamente y las decisiones familiares, y el momento en que, tras un breve alejamiento, regresó al baile con una certeza inquebrantable, sabiendo que no podía vivir sin él.
Uno de los pasajes más significativos de su relato fue el referente a su llegada a Madrid y, en particular, a la emblemática escuela Amor de Dios, espacio que definió como un lugar donde no solo se aprende técnica, sino ética y una manera de entender el flamenco desde su profundidad cultural y humana.
Allí, confesó, también sintió miedo ante el nivel que encontró, pero decidió quedarse y apostar todo al trabajo diario, con un objetivo claro y humilde: bailar un poco mejor cada día.
Su crecimiento profesional estuvo acompañado por figuras fundamentales del flamenco, entre ellas el maestro Güito, Eduardo Serrano Iglesias, quien le dio su primera gran oportunidad escénica dentro de una compañía de alto nivel.
Juncal recordó esos años con gratitud, reconociendo que lo que tenía entonces no era experiencia ni fama, sino una voluntad férrea y un compromiso absoluto con el oficio. Esa constancia la llevó, más adelante, a crear sus propias piezas, a investigar, a equivocarse y a entender que una obra no nace definitiva, sino que se transforma junto con quien la interpreta.
Al hablar de su proceso creativo, destacó la importancia de la investigación histórica y personal, ejemplificada en la farruca que marcó un punto de inflexión en su carrera y que le valió su primer Premio Nacional de Danza. Un trabajo que, dijo, le enseñó que también es válido descartar, replantear y volver a empezar.
México ocupó un lugar especial en la charla. Juncal recordó su primer viaje al país, surgido de manera casi accidental en una clase de Amor de Dios, y cómo esa experiencia inicial dejó una huella profunda.
Desde entonces, su relación con México se ha fortalecido a través de escenarios, proyectos pedagógicos, giras, festivales y vínculos afectivos que van más allá de lo profesional. Reconoció en el público y en el alumnado mexicano una entrega y una pasión que la han acompañado a lo largo de los años y que influyeron en proyectos como “Bailamos flamenco” y su presencia constante en encuentros como Ibérica Contemporánea.
Motor de vida
Al cierre del conversatorio, María Juncal reflexionó sobre el flamenco como motor de vida. Más que una disciplina artística, lo definió como un compañero que rescata, exige y sostiene. Un arte que no se aprende a medias ni a través de pantallas, sino en el estudio, en el sudor, en la convivencia y en la honestidad con uno mismo.
A las nuevas generaciones les dejó un mensaje claro: el flamenco es de quien lo trabaja, de quien lo hace suyo y de quien está dispuesto a entregarse por completo, sin compararse ni negarse la posibilidad de crecer. Al finalizar se abrió una sesión de preguntas y respuestas, en la que la audiencia participó gustosa, y hubo reflexiones que quedarán en la memoria de los presentes; luego, una foto para el recuerdo de la bailaora junto a su entrevistadora y de fondo el público, el aplauso fue unánime y de pie, al cerrar la sesión. Al término del evento, la fila se hizo larga para poder obtener una foto con la artista. La visita de María Juncal a Mérida suma un espectáculo de alto nivel a la cartelera del Mérida Fest 2026, que deja una huella formativa y humana en la comunidad dancística local, recordando que, más allá del escenario, el arte se construye con tiempo, alma y pasión.— Darinka Ruiz Morimoto


