MÉRIDA.— En el marco de las fiestas carnestolendas, el gran salón “José Trinidad Molina Castellanos” del Club Campestre se convirtió el pasado viernes por la noche en el corazón palpitante de la selva. Bastó cruzar el umbral para que el murmullo cotidiano se transformara en un latido profundo, verde y envolvente.
Así fue el ambiente del baile del carnaval del club social en el cual el Amazonas reclamó su lugar como protagonista absoluto, junto con la reina Sofía Molina Rincón.
El baile ofrecido por la soberana llevó por nombre “Ritmo del Amazonas”, y desde el primer instante dejó claro que no se trataba solo de una fiesta, sino de una experiencia sensorial completa, en el que 83 parejas se movieron al ritmo de diferentes estilos musicales.
Bajo el espíritu de la Madre Naturaleza, Sofía Molina Rincón apareció encabezando el baile, acompañada por su pareja, Juan Pablo González López.
La narrativa coreográfica titulada “Amazonas: Latido de vida” llevó al público por un viaje simbólico. Sofía se adentró en la selva y se transformó en una vibrante Guacamaya Escarlata, rodeada de aves multicolores. Más adelante, ante la llegada de exploradores, invocó la fuerza de la Pantera, liderando a leopardos y águilas para proteger la paz del santuario. Finalmente, la armonía triunfó y, entre un vuelo de alas, la reina renació como una Mariposa Multicolor, uniendo a toda la selva en una celebración de vida y ritmo.
El cuerpo de baile se movió al ritmo de un explosivo remix que incluyó, entre otros temas, Tiburón, Wepa, On the Floor, Brasil, La mujer del pelotero, Oh Fortuna, Funky Town, Bebé Malo, Vamos pa’ la conga, Beso en la boca, Magalenha y La nena, entre otros.
El público, completamente prendido, acompañó cada número con silbidos, aplausos y gritos de ánimo, convirtiéndose en parte viva del espectáculo.
Y aunque el baile fue el verdadero corazón de ese Amazonas, en realidad la selva empezó a contar su historia antes de dar el primer paso dentro del recinto. Un impactante video mapping en el motor lobby dio la bienvenida a los invitados. La proyección fue creada a partir de cuatro piezas artísticas que marcaron el hilo narrativo de la noche.
Ya en el interior, una sinfonía de verdes envolvía la mirada. Guacamayas, águilas, tucanes, mariposas, jaguares y panteras emergían entre follajes exuberantes y cortezas de árboles que parecían abrazar el salón.
El concepto visual nació de cuatro cuadros pintados ex profeso por Natalia Rincón Millet de Molina, mamá de la reina, en los que se plasmaron los cuatro bloques que estructuraron el baile: vegetación y cortezas, aves, felinos y águilas, y mariposas azules y rosas. Estas obras fueron digitalizadas y transformadas en inmensos telones que dieron vida a la escenografía, logrando una continuidad estética impecable y profundamente emotiva.
La decoración cuidó cada detalle. En la entrada del salón, una gran pared de plantas naturales, heliconias y frutos propios de la selva dieron la bienvenida. Los baños también se pintaron a mano por la propia señora Rincón Millet de Molina, replicando los motivos amazónicos, llenando de vida incluso los espejos. Los manteles largos en tono beige servían de base para caminos de mesa que retomaban los cuatro ejes temáticos, mientras que los centros de mesa, elaborados con follajes naturales, aves del paraíso y heliconias, aportaron frescura y volumen.
Cuatro espejos monumentales, también pintados a mano, multiplicaron la selva en reflejos, y la boca del escenario, tapizada con cortezas de árboles, reforzó la sensación de estar dentro de un santuario natural.
La tarima, de poco más de 36 metros, se dividió en niveles estratégicamente pensados para que las 83 parejas lucieran cada movimiento.
La dirección artística del baile estuvo a cargo de Janette Pasos, con coreografías de Karin Lizama Cárdenas, Juan Pablo Rivero Perera y Tobías Ojeda Carrillo. El vestuario, diseñado por Vero Díaz, acompañó cada transformación con piezas llenas de color. La producción creativa fue de Quique Sauri López, la coordinación ejecutiva de Gabriela Peón Palomeque de Martín, y la selección y edición musical estuvo en manos de Anabell López Poot y Javier Chim Sánchez.
El carnaval se extendió también a los asistentes, quienes hicieron gala de creatividad con disfraces que iban desde vaqueros, cazadores, exploradores y astronautas, hasta japonesas, hindúes, árabes, egipcios, romanos y romanas. No faltaron personajes icónicos como Cruella de Vil, Campanita, el Capitán Garfio, caperucitas y lobos feroces, hombres de negro con extraterrestres, jedis y hasta la entrañable vecindad del Chavo del 8. Un mosaico cultural que reforzó el espíritu lúdico y festivo de la noche.
La conducción estuvo a cargo de Tatiana González y Montserrat Pastrana.


















































