Durante mucho tiempo nos enseñaron que la felicidad era una consecuencia. Que primero había que lograr algo, llegar a algún lugar, cumplir ciertas metas… y entonces, quizá, sentirnos bien. Crecimos persiguiendo resultados con la esperanza de que eso nos diera paz.

Con los años he aprendido algo distinto: la felicidad no es el resultado de la vida, es la forma en la que la vida se experimenta.

La vida se sostiene en una sola base: la libertad. Libertad para elegir, para regarla, para cambiar de opinión, para volver a empezar. Sin libertad no hay vida plena, solo supervivencia. Y muchas veces dejamos de ser libres no porque alguien nos quite esa posibilidad, sino porque dejamos de elegir.

La vida, además, se expande por naturaleza. Todo lo que está vivo crece, aprende y se transforma. Aunque no lo pidamos, la vida nos empuja hacia adelante. El conflicto aparece cuando intentamos controlar esa expansión en lugar de acompañarla. Si la libertad es la base y la expansión es inevitable, entonces surge una pregunta importante: ¿cuál es el verdadero propósito de la vida?

Para mí, la respuesta es clara: cómo te sientes mientras la vives. Por eso el evento más importante de nuestra vida no es lo que manifestamos, ni lo que logramos, ni lo que acumulamos. El evento más importante es lo que sentimos en este momento. Porque desde ahí tomamos decisiones, construimos relaciones y definimos el rumbo. En el fondo, se trata de cómo vivimos.

Vivimos en un mundo de contrastes para descubrir lo que deseamos. No porque los objetivos sean lo más importante, sino porque nos ayudan a enfocar la atención y a fluir la energía de la vida a través de nosotros. Las metas no son el fin; son el escenario. Cuando dejamos de vivir solo para el resultado y empezamos a vivir desde la coherencia entre lo que pensamos, sentimos y hacemos, algo cambia. Aparece el flujo. Y cuando hay flujo, vida.

A mí me costó aceptar mi realidad, ponerle agenda a mis problemas, pensar en cosas buenas y no solo en lo que me preocupaba. A esto le llamo Protocolo Felicidad.