• Adolfo Calderón Sabido, Carlos Martín Briceño, Gará Castro y Rossana Colomé Zumárraga en la presentación de la antología de cuentos “Voces desde el límite”, que tienen el suicidio como común denominador

“Si miras de cerca, entre las paredes mohosas de las casonas coloniales, empiezas a notar las grietas. No las del tiempo ni los huracanes, sino las que aparecen en el alma colectiva de una sociedad que se hiere en silencio. En esta tierra el suicidio no es una estadística, es un idioma. Yucatán ocupa el primer lugar en el país”.

Con estas líneas, el prólogo de “Voces desde el límite” introduce de lleno al lector en una problemática que con frecuencia se intenta minimizar, pese a que la entidad carga una pesada “medalla” de plomo. “¿Por qué ocurre? Porque las emociones se tragan, no se escupen. Los hombres aprenden a callar desde niños; las mujeres, a llorar en secreto. La gente vive encerrada en sus casas y en sus mentes, como si admitir el dolor fuera peor que sentirlo”, continúa el texto de Adolfo Calderón Sabido, quien encabeza el Colectivo Literario Uayé y que anteanoche presentó, en Casa 480, la antología de cuentos “Voces desde el límite”.

Diez integrantes del colectivo abordan, con su estilo particular, el fenómeno del suicidio con el afán de visibilizarlo más allá de estadísticas, con ficciones cargadas de realidad.

Publicado bajo el sello Nitro/Press y con un tiraje de mil ejemplares, “Voces desde el límite” es el primer libro que publica Uayé, formado en 2021 a iniciativa de Calderón Sabido.

Sus integrantes —hombres y mujeres originarios de Yucatán o avecindados en el Estado— han encontrado en la literatura un refugio.

El colectivo se ha consolidado como un taller de creación literaria que entiende la escritura como una actividad compartida, donde las miradas de sus integrantes enriquecen el trabajo individual. Con estilos narrativos diversos, han logrado preservar y fortalecer sus voces al tiempo que visibilizan su labor como agrupación.

Rodrigo Puerto Zavala, Rossana Colomé, María Elena Ponce, María Elena González, Erica Millet, Verónica Leal, Patricia Guadarrama, Antonio Cervera Cetina, Carlos Olais y el propio Calderón Sabido aportan textos a la antología, fruto del trabajo realizado en 2023.

La presentación estuvo a cargo de Carlos Martín Briceño, Gará Castro y, en representación del colectivo, Rossana Colomé.

Sobre la obra, Calderón Sabido señala: “En este compendio serás testigo de los naufragios que ocultan las sonrisas cotidianas. No hallarás redenciones baratas ni finales esperanzadores que se destiñan con el tiempo. Cada relato es un espejo agrietado que refleja las fisuras de nuestras vidas. No pretendas salir ileso; los personajes no se ahorraron heridas, ¿por qué habrías de hacerlo tú?”.

La antología reúne 12 cuentos en 80 páginas.

En “Un café para empezar”, de Rossana Colomé, el lector es llevado al centro de una mesa de amigas en que el aroma del café encubre un incesante juicio moral. Los diálogos chisporrotean con familiaridad incómoda mientras se comparte el pan.

La autora también aporta “Las cenizas de Eugenia”, una exploración del duelo materno tras el suicidio de una hija, retratando el peso abrumador de la pérdida y la culpa.

“Una plaga de piojos”, de Patricia Guadarrama, se sumerge en la espiral de odio que consume a Samuel, un hombre marcado por la violencia de su padre y por un pasado que se niega a desaparecer.

“Lejos de Mérida”, igualmente de Guadarrama, retrata la vulnerabilidad de una joven atrapada entre pasado y presente. Camila, marcada por el abuso y la indiferencia, intenta sobrevivir en un entorno donde cada decisión parece una derrota.

En “Tres actos para un final”, de Carlos Olais, el doctor Vasconcelos analiza almas atormentadas como si fueran obras teatrales, pero mientras diagnostica con frialdad los tormentos ajenos el destino le reserva un papel trágico.

“Cuarto de tanque”, de María Elena Ponce, es una partitura de soledad bajo el agua. Félix, el buzo silencioso, se convierte en testigo y cómplice de una despedida final. Las profundidades revelan que el amor no siempre redime y que la muerte, a veces, se percibe como refugio.

En “Hub”, de María Elena González, la metáfora de la telaraña construye una atmósfera oscura y obsesiva. La relación entre los protagonistas se mueve entre el deseo y la repulsión, como reflejo de un alma fracturada.

“Despojo”, de Verónica Leal, explora los estragos emocionales y psicológicos de una pérdida familiar a través de la mirada de una niña, capturando con sutileza el impacto del duelo en una familia quebrada.

“Instrucciones para Natalia”, de Erica Millet, combina ternura y crudeza en la historia de una hija que hereda no solo responsabilidades familiares, sino también la incertidumbre de vivir para otros. El amor y el deber se entrelazan hasta asfixiar.

En “Manos de tijera”, de Adolfo Calderón Sabido, la historia se narra desde la perspectiva de Flamequín, un pastor alemán cuya mirada aparentemente inocente revela la brutalidad de una familia rota.

En “Dominó”, de Manuel Antonio Cervera Cetina, se diseccionan la corrupción y la violencia sistémica: cada personaje es una ficha en un juego perverso que termina devorándolos. El licenciado Morales encarna la tragedia de quien cree que su sacrificio redimirá a un partido desmoronado.

Finalmente, “Auto de fe”, de Eduardo Puerto Zavala, recrea con crudeza la violencia de la Conquista y el peso del sincretismo en la identidad maya. La brutalidad de fray Diego de Landa y sus métodos de tortura recuerdan cómo la fe fue usada como excusa para despojar a un pueblo de su alma.

“El desafío de los escritores es escribir sobre temas controversiales dentro de una sociedad; hacerlo despierta el interés del lector por adentrarse en aquello que se trata de ocultar o evadir. El autor, con su estilo y capacidad, crea textos capaces de atrapar, y eso es lo que hace valiosa a la literatura”, dijo Carlos Martín Briceño.

El libro está a la venta en Librerías Gandhi y en línea.— Emanuel Rincón Becerra

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