MADRID (EFE).— De joven soñaba con formar una familia, el feminismo era algo que sentía lejano, pero a sus 73 años Gisèle Pelicot cree que ha aportado “su grano de arena” a este movimiento.
“No soy una heroína, pero he despertado conciencias”, dice en Madrid, donde ayer fue condecorada por el gobierno español por sus logros contra la violencia sexual.
Pelicot, Legión de Honor francesa, recuerda el momento en que tomó la decisión de celebrar a puerta abierta el juicio por su caso, en 2024, lo que la ha convertido en un icono.
“Me di cuenta de que era algo que concernía a muchas otras mujeres, no podía imaginar algo así, pensaba que era la única que había sufrido ese tipo de violencia”, admite en entrevista en la residencia de la embajadora francesa en Madrid.
A lo largo de una década, Dominique Pelicot la sedó para que decenas de hombres la violaran mientras él lo grababa. El caso se destapó en 2022, cuando su marido fue detenido por grabar a mujeres debajo de la falda en un supermercado y, dos años más tarde, él y 50 hombres más fueron condenados en un juicio público.
Ahora Pelicot ha decidido contarlo todo en un libro que quiere transmitir “esperanza” a otras mujeres. “Tenemos en nuestro interior recursos que no imaginamos, yo pensaba que mi vida se desmoronaba, que lo había perdido todo, pero he renacido de mis cenizas”.
Desde la adolescencia se preguntaba cuál era su papel en este mundo y el 2 de septiembre de 2024, cuando se opuso a un juicio cerrado, encontró la respuesta. “Quizá era necesaria una palabra femenina para denunciar todas esas violencias sexuales que las mujeres no se han atrevido”, enfatiza.
A esas mujeres las anima a hablar, a no aislarse, a superar la vergüenza. “Yo he sufrido esa vergüenza durante todo el juicio y me convencí de que ésta debía cambiar de bando”, señala en referencia a esa expresión que hizo suya en el juicio, pero que atribuye a la abogada Gisèle Halimi por otro proceso histórico que impulsó un cambio de legislación en Francia en 1978.
En octubre de 2025, Francia aprobó una reforma de su código penal con una definición de consentimiento que tuvo muy presente el precedente español, tal y como reconoció la embajadora de Francia, Kareen Rispal, en la presentación del libro recién publicado de Pelicot.
“España ha sido un ejemplo para Francia”, coincide Pelicot, quien se siente “honrada” por la condecoración en el Palacio de la Moncloa, sede del gobierno.
“Es un honor para mí ser recibida en su país, que ha estado tan motivado en la lucha contra la violencia hacia las mujeres”, afirma.
“También siento una responsabilidad porque han ido por delante de Francia, donde la ley sobre el consentimiento se votó más tarde”.
Cuando le preguntan de dónde saca la fuerza, Pelicot dice que siempre ha estado ahí, desde que a los 9 años perdió a su madre y vio la tristeza de su padre. “Ya entonces supe que no iba a ser una niña como las demás, que debía madurar más rápido, eso me dio la fuerza”.
Pero no cree que haya una fórmula para renacer. “Todos somos diferentes frente al sufrimiento”, advierte. “Yo toda mi vida he pensado que era más fuerte que los demás, aunque hubiese momentos muy complicados”.
Instalarse en la isla francesa de Ré, donde vive actualmente, y tener momentos de soledad fueron clave en su caso. “Me ayudó en la reconstrucción el mar, el bosque, los largos paseos, la música, el chocolate y después recibir ayuda, no he estado sola, me han rodeado amigos, psicólogos, este es un paso obligado, no se puede hacer solo”, enfatiza.
Aún le impacta pensar que, de todos esos hombres que participaron en las violaciones, ninguno se compadeció de ella, uno de los motivos por los que se niega a reducir los hechos a que su exmarido fuera “un monstruo”.
“Es preciso interrogarse sobre ciertos comportamientos masculinos”, sin querer generalizar. “Espero que este libro sirva a todos, hombres y mujeres, para preguntarse cómo vivir juntos en armonía”.
