La actividad física adaptada a la edad favorece la salud del corazón
La actividad física adaptada a la edad favorece la salud del corazón

En Yucatán, donde el envejecimiento de la población avanza de forma sostenida y cada vez más personas superan los 60 años de edad, especialistas advierten que el infarto agudo al miocardio sigue siendo uno de los principales riesgos para la salud.

Se trata de un problema que no solo se refleja en las cifras de mortalidad, sino que también impacta en la calidad de vida.

El cardiólogo intervencionista Ricardo Alejos Mex explica que, según las estadísticas médicas, la edad promedio en la que ocurre un infarto se mantiene relativamente estable desde hace años. En los hombres suele presentarse alrededor de los 64 años, mientras que en las mujeres aparece varios años después, generalmente cerca de los 70. Esta diferencia, señala, se debe en gran medida al efecto protector de las hormonas femeninas antes de la menopausia, lo que podría retrasar el desarrollo de enfermedad coronaria.

Sin embargo, la edad por sí sola no es condición para tener un infarto, sino que éste es resultado de un proceso silencioso que se extiende por décadas, en el que las arterias se van estrechando por acumulación de grasa, inflamación y endurecimiento progresivo.

Por ello, en la mayoría de los adultos mayores el evento cardíaco ocurre cuando se suman varios factores de riesgo que han permanecido sin control durante años.

Entre los principales factores asociados al infarto en personas mayores destacan la hipertensión arterial, la diabetes, el colesterol elevado, el sobrepeso, el tabaquismo y el sedentarismo. En Yucatán, estas condiciones son particularmente frecuentes, lo que incrementa la vulnerabilidad cardiovascular de la población adulta.

El especialista recuerda que durante la vejez en los varones predominan antecedentes como tabaquismo prolongado, presión arterial elevada y enfermedad coronaria, así como uso de fármacos para la disfunción eréctil. En las mujeres destacan la diabetes, obesidad abdominal y trastornos metabólicos, que tienden a agravarse después de la menopausia.

Además, las mujeres mayores suelen presentar síntomas menos evidentes, lo que retrasa la búsqueda de atención médica.

Otros síntomas

En la edad avanzada, explica el doctor Alejos Mex, el infarto no siempre se manifiesta con el clásico dolor intenso en el pecho. Muchos pacientes presentan síntomas atípicos como falta de aire, cansancio extremo, sudoración fría, náuseas y una opresión leve que se confunde con gastritis o cansancio. Esta característica motiva que numerosos adultos mayores lleguen tarde a los servicios de urgencias, cuando el daño al corazón ya es considerable.

El cardiólogo advierte que uno de los mayores retos en la atención de la población mayor es la tendencia a normalizar las molestias, atribuyéndolas al envejecimiento. Alerta que cualquier síntoma nuevo, persistente o fuera de lo habitual debe evaluarse de inmediato, en especial si se trata de presión en pecho, dolor que se irradia al brazo o cuello, dificultad para respirar o malestar que aparece en reposo.

Para reducir el riesgo de infarto en personas mayores, el especialista insiste en la importancia de la prevención continua. Recomienda mantener control estricto de la presión arterial, la glucosa y el colesterol mediante revisiones médicas periódicas, incluso cuando no haya síntomas. También enfatiza la necesidad de seguir tratamientos de forma constante, sin suspender medicamentos por decisión propia.

Entre las medidas preventivas más efectivas menciona la actividad física regular adaptada a la edad, como caminatas diarias, ejercicios de movilidad o rutinas supervisadas; una alimentación equilibrada baja en sal, azúcares y grasas saturadas; evitar el consumo de tabaco; moderar el alcohol y tener descanso adecuado.

Agrega que el manejo del estrés y el acompañamiento emocional son igualmente importantes, pues la ansiedad, depresión y aislamiento social influyen en el deterioro cardiovascular.

El médico subraya que el cuidado del corazón en la vejez debe entenderse como una responsabilidad compartida entre pacientes, familias y sistema de salud. Considera fundamental fortalecer la educación preventiva desde la atención primaria, así como promover revisiones periódicas a partir de los 50 años, cuando el riesgo cardiovascular comienza a aumentar de manera significativa.

Enfatiza que el infarto en adultos mayores no es inevitable. En la mayoría de los casos puede prevenirse o retrasarse mediante hábitos saludables y vigilancia médica oportuna.

Llegar a la tercera edad con un corazón sano es posible si se mantienen controles adecuados a lo largo de la vida y se atienden a tiempo las señales de alerta, pues el corazón, subraya, casi siempre avisa antes de un evento grave.— Darinka Ruiz Morimoto

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