Con la organización de Proimaya, el investigador William Mex Albornoz ofreció anteayer en la Filey la conferencia “Un acercamiento al calendario de los antiguos mayas”, en la que explicó que en todas las culturas han habido marcadores temporales relacionados con fenómenos naturales, como el movimiento del Sol, la Luna y las estrellas.
“Estos marcadores permitieron a las sociedades organizar actividades fundamentales como la agricultura, la pesca y otras labores cotidianas”, indicó.
En el caso de la civilización maya, su calendario está compuesto por diferentes cuentas. Entre las más importantes están la de 260 días, conocida como Tzolk’in, y la de 365 días, Haab.
De acuerdo con información difundida, Mex Albornoz recordó que “el Tzolk’in se forma a partir de la combinación de 20 nombres de días con 13 números, lo que genera un ciclo de 260 días”, cada uno de los cuales tenía un significado simbólico y augurios asociados.
“Se creía que las personas nacidas en determinadas fechas podían desarrollar cualidades particulares vinculadas con ese signo”.
La cuenta Haab se compone de 18 meses de 20 días cada uno, a los que se suman cinco considerados de mal augurio, conocidos como Wayeb. Cada mes tiene su nombre y está relacionado con elementos naturales, como plantas, animales y fenómenos de la naturaleza.
El ponente destacó que el sistema numérico utilizado en los registros mayas se representaba mediante puntos y barras: el punto equivalía a una unidad y la barra, a cinco. Este sistema, aunque comúnmente se asocia con los mayas, también fue utilizado por otras culturas de Mesoamérica.
De un vistazo
Rueda calendárica
William Mex Albornoz explicó que, al combinarse las cuentas del Tzolk’in y el Haab, se genera la rueda calendárica, un ciclo que se repite cada 52 años.
Proceso cíclico
Esto refleja la concepción maya del tiempo como un proceso cíclico, en el que los hechos pueden repetirse en intervalos determinados.
