Para Laura Restrepo, Mérida no es una ciudad extraña, aunque esta fue la primera vez que participó en la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (Filey). Ya había visitado la ciudad en otras ocasiones y, a pesar del crecimiento que la urbe ha tenido, considera que conserva esa calidez y blancura que los colombianos llaman “muy de tierra caliente”.
En charla con Diario de Yucatán, la autora comparte detalles sobre su novela “Soy la daga y soy la herida”, que le permite nuevamente explorar los efectos de la violencia y cuestionar las figuras de poder.
“Estamos viviendo un momento de perplejidad absoluta, una crisis de civilización; a partir del genocidio de Gaza se acabó el lenguaje”, explica en relación con el tema de la violencia contemporánea que aborda en este nuevo libro.
“Todo lo humano, lo solidario, la alegría, los derechos humanos… todo eso se acabó, porque dejaron de valer, les pasaron por encima, desapareciendo un pueblo y borrándolo de la faz de la tierra… Bueno, no lo han desaparecido, pero lo sacaron de su tierra y mataron muchísimo. Y hoy en día hay agresiones permanentes por parte de un imperio que se está cayendo, pero que desgraciadamente intenta caernos encima”, advierte.
Señala que la violencia es irracional, no tiene explicación, prueba de ello es que figuras de poder como el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y sus homólogos no pueden dar razones que justifiquen el genocidio que están llevando al cabo en Irán, creando un caos que mantiene en vilo la paz mundial.
“En el momento en el que se acabe el petróleo tendremos que replantear la cultura absolutamente. Estamos en la incertidumbre. Nosotros que somos pueblo estamos sujetos a su ira, ambición, a lo que sea. México tiene esa presión brutal del Norte (con Estados Unidos) y, sin embargo, la ha logrado manejar con una gran dignidad e inteligencia, mientras que a Venezuela la decapitan de buenas a primeras, quitándole su dirección. Y luego tenemos a Colombia, que también ha recibido amenazas con castigos económicos”, dice.
En su opinión, esta brutalidad ha cobrado una cuota excesiva que ha logrado romper con el simbolismo que envuelve a las figuras de poder, pues sus discursos “se han vuelto payasadas”, por lo que ahora es más común cuestionarlos y criticarlos, siendo los jóvenes un público, tanto político como lector, que hoy se enfrenta a esa violencia pero desde una perspectiva más crítica.
“Es verdad que durante décadas, a través de los medios, de la televisión y las series, incluso la propia cultura, se había llegado a un esquema en el que había una violencia buena y una violencia mala. La buena eran los blancos agrediendo a unos morenos como nosotros, que éramos los agresores. Ese tipo de violencia, en series como ‘La ley y el orden’, como tantas otras, venían enseñando a los niños o jóvenes que había una violencia ejercida a nombre de los derechos de una cultura blanca que merecía castigar a unos que permanentemente la estábamos asediando, violando, importunando. Afortunadamente, eso ya se cayó”, añade.
Considera que la juventud de hoy es más consciente de que aquel cuento no fue más que un discurso supremacista blanco, que se ha visto reflejado en la actualidad en ataques a los migrantes.
“Nosotros no somos (los agresores), somos los agredidos y tenemos que buscar la forma de defendernos con toda la dignidad y alegría, con las armas que tenemos los que no tenemos armas, que son la palabra, la dignidad, la solidaridad, la presión social, la vocación de patria y de continente”.
Para la autora, su arma transformada en letra se ve reflejada en “Soy la daga y soy la herida” en un viejo recurso literario: la sátira.
“Burlarse del poder es una forma de confrontarlo. Estos políticos de ahora tienen egos tan enormes que, de verdad, son payasos, son ridículos, ellos se exponen y, bueno, hay que aprovechar para burlarse de ellos”.
“En su individualismo, estos líderes han creído que pueden hacer lo que quieran, pero lo cierto es que el mundo les está demostrando que no es así”, indica.
Finalmente, Laura Restrepo comparte su alegría de departir con los lectores en un encuentro como la Filey, a la que espera regresar como invitada para seguir obsequiando no solo sus letras, sino también teniendo intercambio de ideas con jóvenes —y no tan jóvenes— que nutren la literatura, ese espacio en el que cada escritor y lector han encontrado un lugar para, en medio del caos que parece regir el mundo, resistir.— CECILIA NOEMÍ DOMÍNGUEZ MONTAÑEZ
