NUEVA YORK (HealthDay News).— Detectar los primeros signos de la enfermedad de Alzheimer podría ser algún día tan sencillo como colocar un hisopo en el interior de la nariz.

Un hisopo experimental, patentado por Duke Health, detectó cambios tempranos en las células nerviosas e inmunitarias incluso antes de que hubiera problemas de pensamiento y memoria.

“Si conseguimos diagnosticar a las personas lo suficientemente temprano, podríamos iniciar terapias que prevengan el desarrollo del alzhéimer clínico”, dice el doctor Bradley Goldstein, profesor en la Facultad de Medicina de la Universidad de Duke en Durham, Carolina del Norte.

Su equipo publicó recientemente los hallazgos de un pequeño y alentador estudio sobre el hisopo nasal en “Nature Communications”.

Plan para confirmar el alzhéimer a tiempo

El objetivo, subraya, es poder “confirmar el alzhéimer muy pronto, antes de que el daño tenga oportunidad de acumularse en el cerebro”.

Para el estudio, los investigadores obtuvieron muestras nasales de 22 participantes. Primero, aplicaron un aerosol anestésico y luego guiaron un pequeño cepillo a la parte superior de la nariz, donde están las células nerviosas que detectan olores.

A partir de esas muestras, observaron qué genes estaban activos, indicador de actividad en el cerebro.

Los hisopos les permitieron medir la actividad de miles de genes en cientos de miles de células individuales, sumando millones de datos. Detectaron así cambios tempranos en células nerviosas e inmunitarias, incluso en personas con signos de alzhéimer en laboratorio pero sin síntomas.

La conclusión: la prueba de hisopo distinguió correctamente el alzhéimer temprano y clínico de pacientes sanos en el 81% de las ocasiones.

Los análisis de sangre del alzhéimer que se usan ahora detectan marcadores que aparecen solo más adelante en el proceso de la enfermedad, según indican los investigadores.

Hisopo nasal captura la actividad nerviosa e inmunológica viva

El hisopo nasal captura la actividad nerviosa e inmunológica viva, lo que puede ofrecer una visión más directa de los cambios relacionados con la enfermedad y allanar el camino para una intervención más temprana.

“Gran parte de lo que sabemos sobre el alzhéimer proviene del tejido de la autopsia”, recuerda el primer autor Vincent D’Anniballe, estudiante del programa de formación de científicos médicos de Duke. “Ahora podemos estudiar tejido neural vivo, abriendo nuevas posibilidades para el diagnóstico y el tratamiento”.

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