En su más reciente novela, José Luis Trueba Lara —en la imagen, en entrevista con el Diario— retrata la figura de Carlota en voz de su sirvienta
En su más reciente novela, José Luis Trueba Lara —en la imagen, en entrevista con el Diario— retrata la figura de Carlota en voz de su sirvienta

¿Puede la locura conducir una línea narrativa? Más aún, ¿es posible confiar en ella y asumir como verdadera la historia que cuenta? A partir de estas preguntas, el escritor y periodista José Luis Trueba Lara se adentra en la vida de la emperatriz Carlota en su novela “Carlota: La otra historia” (Océano, 2025).

La propuesta resulta singular: la historia no se narra desde la perspectiva de la emperatriz, sino desde la voz de su sirvienta, quien también padece de locura. Este giro permite construir un relato desde un ángulo distinto, atravesado por la fragilidad mental y la subjetividad. Así lo explicó el autor durante su participación en la Feria Internacional de Lectura Yucatán (Filey).

Tras incluir a Carlota en breves apariciones en obras anteriores, decidió convertirla en protagonista. Sin embargo, se enfrentó a un reto clave: ¿cómo explorar a un personaje tan cargado de historia sin repetir lo ya dicho? La respuesta fue cambiar el punto de vista.

A través de su sirvienta, Trueba Lara reconstruye la intimidad de la emperatriz: la confianza que depositó en ella, su aparente dulzura y, sobre todo, el progresivo deterioro de su mente desde una edad temprana. “Carlota enloquece por ahí de los veinte años y muere a los ochenta; sesenta años de su vida estuvo loca”, señala el autor.

Ese prolongado extravío de la razón es narrado por otra mujer que también comienza a perder la cordura. De ahí que, en apariencia, la novela pueda parecer una “chifladura”. No obstante, Trueba Lara defiende su propuesta con contundencia: “Todo lo que pasa en la novela es real, y mientras más chiflado le parezca a la gente, más real es”. Para sustentar su historia, el autor se sumergió en diarios, memorias y correspondencia de Carlota y Maximiliano, tanto entre ellos como con sus familiares.

“Son los chismes de la familia”, comenta, aludiendo al valor íntimo de estos documentos.

Uso del lenguaje

Trueba Lara reconoce que escribir ficción histórica implica lograr un equilibrio complejo. El nerviosismo, dice, nunca desaparece. En ese proceso, su principal herramienta es el lenguaje.

A diferencia del cine, en el que múltiples recursos capturan la atención, en la literatura todo depende de la fuerza narrativa: “El chiste es que agarres la novela y que, desde sus páginas, mi mano te sujete y no te deje ir”. A través de ese lenguaje, el autor explora aspectos poco difundidos de la vida de Carlota, como su relación con Maximiliano.

Lejos de la imagen romántica, plantea una historia de desamor: “Carlota le daba asco a Maximiliano; nunca la tocó. Incluso, en su viaje de bodas, decidió visitar la tumba de su exnovia acompañado de ella”. Esa tensión emocional constituye uno de los ejes de la novela.

En cuanto a su relación con la historia oficial, Trueba Lara cuestiona ciertas narrativas establecidas. “Si todos (en México) estaban a favor de Juárez, ¿cómo es que llegaron?”, plantea.

Recuerda que el imperio de Maximiliano se sostuvo durante tres años, un período significativo en un contexto político inestable.

Más allá de los grandes acontecimientos, le interesa la vida privada: aquello que ocurre puertas adentro y que rara vez queda registrado.

La novela también reflexiona sobre el poder y sus efectos. Para el autor, existe una relación inevitable entre poder, soledad y locura.

“Cuando ejerces el poder, tu palabra es ley; no hay quien te detenga”, afirma. En el caso de Carlota, esta dinámica se acentúa al haber vivido siempre bajo estructuras de autoridad, primero como princesa y luego como emperatriz.

“El deterioro mental de Carlota y Maximiliano es el deterioro de los poderosos. No hay poderoso que termine en su sano juicio”, sentencia. En ese contexto, la figura de la sirvienta adquiere relevancia como confidente: la única persona ante quien Carlota puede mostrarse vulnerable y compartir sus fracasos, anhelos y un amor no correspondido.

Finalmente, Trueba Lara invita a los lectores a acercarse a su obra como una experiencia placentera: “Una buena novela es una tarde bien vivida”. Subraya, además, que el pasado no es estático: se reinterpreta constantemente. Su novela, dice, ofrece precisamente eso: otra mirada, otra historia. “Cambia más el pasado que el presente”.— Eunice Alejandra Cruz Molina

De un vistazo

Intimidad imperial

“Carlota: La otra historia”, de José Luis Trueba Lara, explora la vida privada de la emperatriz, destacando su deterioro mental progresivo y la relación emocional fallida con Maximiliano.

Fuentes reales

José Luis Trueba utilizó cartas, memorias y documentos familiares para construir una narrativa basada en hechos reales.

Pasado cambiante

La novela invita a reinterpretar el pasado, mostrando que la historia no es fija.

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