Los investigadores Patricia Valdespino, Elsa Arellano, Laura Almaraz, Daisy Valera y Rafael López, integrantes del primer equipo mexicano que participó en una expedición con objetivos científicos en la Antártida
Los investigadores Patricia Valdespino, Elsa Arellano, Laura Almaraz, Daisy Valera y Rafael López, integrantes del primer equipo mexicano que participó en una expedición con objetivos científicos en la Antártida

MÉXICO (EFE).— La llegada de cinco investigadores de México a la Antártida en diciembre pasado supuso un hito para la historia científica del país, al ser la primera expedición nacional en el continente helado en estudiar sus condiciones naturales y evolución climática, según explican los protagonistas de la travesía.

Aunque el proyecto fue aprobado en octubre, los científicos llevaban trabajando cinco años para hacer realidad la iniciativa, que tiene el objetivo de que “más mexicanos tengan experiencia en asuntos antárticos”, destaca la coordinadora de la expedición, Patricia Valdespino, del Instituto de Geología de la UNAM.

Investigadores de la casa de estudios participaron en la travesía, que se realizó con apoyo logístico de Ucrania, cuyas autoridades llegaron a un acuerdo científico para que la Primera Campaña Científica Antártica Mexicana (Camex 1) se convirtiera en una realidad.

El papel de Kiev fue “crucial”, pues facilitó la base científica donde se quedaron algunos investigadores mexicanos tras llegar en barco y se encargó de la logística.

El grueso de la expedición mexicana llegó a la Antártida en el rompehielos ucraniano “Noosfera”, con una tripulación de 50 personas, que partió desde Punta Arenas, en el sur de Chile, y atravesó el Pasaje de Drake para llegar al destino en un viaje de cinco días.

“El Pasaje de Drake separa América del Sur de la Antártida y es el lugar con más tormentas en el mundo (…) El rompehielos ‘Noosfera’ es de clase científica, por lo tanto tiene todas las facilidades para hacer ciencia en el mar y es muy estable”, revela el investigador Rafael López.

Ante las condiciones climáticas tan extremas, tuvieron que prepararse con conocimientos de montañismo y primeros auxilios para trabajar “en lugares tan inhóspitos”, con temperaturas de hasta menos 20 grados Celsius en esta época del año.

Los científicos que permanecieron en el barco se dedicaron a recolectar sedimentos del fondo marino con tubos mecanizados, un proceso que permite “reconstruir la historia” antártica y mundial, señala la doctora Elsa Arellano.

Los otros integrantes de la expedición se quedaron en la base ucraniana de Vernadsky tras llegar al continente helado, desde donde se transportaban en zodiac a los lugares donde recolectaban las muestras. “Era muy agotador porque no es lo mismo caminar aquí que caminar en la nieve”, recuerda la científica Daisy Valera.

Ella trabajó en la Antártida Marítima y en varios de sus islotes, donde recolectaron muestras de la superficie con herramientas como mazas y cinceles.

No se encontró un “desierto de hielo”, sino un “montón de pingüinos” y zonas verdes con capas de musgo, algo que atribuye al aumento de temperaturas en esta parte del planeta. Ése es, de hecho, el objetivo: estudiar a qué velocidad “está cambiando el clima del planeta” en su punto más al Sur.

“La Antártida mantiene el clima del planeta. Si lo extraemos, todo cambiaría. La circulación oceánica, la circulación atmosférica, el nivel del mar… dependen de la Antártida”, subraya a su vez Laura Almaraz.

Los científicos ahora están a la espera de que lleguen las muestras que recolectaron.

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