Credit: los editorialistas de religión

“OFRECÍ LA ESPALDA A LOS QUE ME GOLPEABAN”

Hoy escucharemos el relato de la pasión y muerte de Jesús. El siervo de Yahvé del que habla el profeta Isaías en la primera lectura es un siervo que cumplirá su misión sin el estruendo y la violencia de la guerra, con su dolor silencioso y la verdad de su palabra profética.

Además, el siervo será luz de las naciones. Los rasgos con los que se presenta la figura del siervo de Yahvé son tales que, a posteriori, fácilmente se adivina la figura de Cristo.

En cuanto al texto de san Pablo en la segunda lectura, con toda seguridad se trata de un himno de la primitiva comunidad cristiana, en el que se canta a Cristo como “Señor”. San Pablo lo utiliza para presentar a sus lectores a Cristo como modelo, para que todos tengan los mismos sentimientos que tuvo Cristo. Dicho himno se ocupa en primer lugar de la preexistencia del Salvador, y nos habla de la categoría de Dios que le es propia a Cristo antes de la encarnación.

Se dice, después, que Cristo no tenía por qué hacer alarde de lo que realmente era y de aquella gloria que tuvo delante del Padre antes que el mundo existiera. Como afirma san Pablo en otro contexto, Cristo siendo él rico se hizo pobre por nosotros, para que nos hiciéramos ricos por su pobreza.

Así pues, la salvación no pasa a través de caminos triunfales, sino por el camino que todavía hoy en la ciudad de Jerusalén se llama “Vía Dolorosa”, que va desde un tribunal hasta un lugar de ejecución capital, para terminar en un sepulcro. El condenado es Jesús, que vivió las últimas horas de su vida en una progresión de humillaciones y de sufrimientos.

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