Es mejor perseguir un sueño que rendirse a no tenerlos, Julia Navarro.

Últimamente con diversos actores de la cultura, tanto en la entidad como en otros puntos del país, ha surgido el tema de la diferenciación sobre la responsabilidad de ¿quién debe hacerse cargo o gestionar una institución museística? un director o un administrador. Labor que se desconoce y por ende no se entienden las responsabilidades y perfil del encargo.

Platicas que han surgido en gran parte por la inquietud de la falta de un museo de arte contemporáneo en nuestra entidad después del cierre del existente desde 2024 (Museo de Arte Contemporáneo Ateneo de Yucatán – Macay) y la posibilidad de la creación de uno en sustitución del desaparecido; así como en torno del perfil de quien pudiera o debería dirigirlo. Lo que a la fecha parece más una utopía (término que proviene del griego y significa “no lugar” ou – no y topos – lugar), lo que, a la fecha dada la situación presupuestal y la política cultural actual del “Renacimiento de la Cultura Maya”, así como la falta de cohesión y demanda de la comunidad artística, la comunidad académica vinculada, el medio cultural y la sociedad; lo cual hace que su creación sea más un sueño o proyecto irrealizable, que una realidad próxima. Sin dejar de mencionar el compromiso gubernamental (Federal y Estatal) de reabrir un nuevo museo de arte contemporáneo que se mencionó durante el cierre del MACAY.

Primeramente, hay que delimitar el concepto de museo, para lo cual nos remitimos al Consejo Internacional de Museos (ICOM), que, en la Asamblea General Extraordinaria en Praga, el 24 de agosto de 2022, y aprobada del ICOM ha aprobado la propuesta de la nueva definición: Un museo es una institución sin ánimo de lucro, permanente y al servicio de la sociedad, que investiga, colecciona, conserva, interpreta y exhibe el patrimonio material e inmaterial.

Abiertos al público, accesibles e inclusivos, los museos fomentan la diversidad y la sostenibilidad. Con la participación de las comunidades, los museos operan y comunican ética y profesionalmente, ofreciendo experiencias variadas para la educación, el disfrute, la reflexión y el intercambio de conocimientos.

Dirigir un museo de arte contemporáneo implica gestionar estratégica, administrativa y artísticamente la institución, supervisando la conservación, exposiciones, presupuestos y el personal; lo cual requiere una formación o conocimiento de temas cruciales como el patrimonio, historia del arte, gestión cultural, junto con habilidades de liderazgo y relaciones públicas para conectar el patrimonio con el público.

El puesto encargo de director coordina tres áreas principales: administración (recursos financieros y humanos), creación de proyectos expositivos y educativos (curaduría y comunicación) y operaciones (seguridad y logística), lo cual implica conocer sobre manuales de seguridad.

La gestión o dirección de un museo implica la planificación, organización, dirección y control de recursos humanos, financieros y patrimoniales para asegurar su correcto funcionamiento, conservación y difusión cultural; así como la gestión de colecciones (adquisición, conservación), estrategias mercadológicas y promoción), recursos humanos, seguridad y programas educativos, todo lo anterior con el objetivo de servir a la sociedad y mantener la relevancia de la institución museal.

Por lo cual, el contar con la experiencia en el perfil de instituciones afines es de vital importancia (demás del prestigio con el que goce); por otra parte, hay que tener en cuenta que la institución debe a su interior establecer una formación que permita a su personal a desarrollar esta labor dentro o en otra institución similar.

Por su parte, un administrador de museo es el responsable de la planificación estratégica, gestión financiera, recursos humanos y operatividad diaria de la institución; garantizando el funcionamiento eficiente del edificio y sus instalaciones, la vigilancia o seguridad, así como de los servicios de mantenimiento, trabajando en conjunto con el equipo curatorial para cumplir la misión del museo.

En ocasiones estos puestos devienen en cargos por cercanía o amiguismo (tendencia o práctica de favorecer a amigos) o por designación política (activismo y militancia partidista) o favoritismos, como si esta labor no fuera especializada; ejemplo de ello es el caso de Irak Greene Marrufo, medio hermano de Rommel Pacheco Marrufo, quien en 2021 fue incorporado a la nómina del Gran Museo del Mundo Maya en la Dirección Técnica.

Indudablemente tanto el director de un museo como el administrador son necesarios, teniendo en cuenta que, en el organigrama y manual de funciones existe una jerarquización, en la cual el sentido ético y la lealtad a la institución y a su mando superior es un factor importante.

Vale la pena señalar que una “mala dirección” se caracteriza por el desconocimiento de la función administrativa elemental, de las funciones que desarrolla cada elemento de su estructura, la desconexión con la misión cultural de la institución y por ende, del campo o perfil de la institución que dirige; así como por politizar su desempeño. Por lo anterior debe apoyarse en la existencia o creación de un consejo o junta directiva del museo, que es el órgano responsable de establecer la misión, visión y políticas institucionales, garantizando la preservación de las colecciones y la sostenibilidad financiera y supervisar y orientar, en su caso, la actuación del director.

Finalmente, menciono que no obstante que a pesar de cierto escepticismo sobre la existencia o creación de una institución museística dedicada al arte contemporáneo, al igual que otras personas del medio, hay que pensar que para que se logre es necesario intentar una y otra vez lo que parece imposible, esperando que el próximo gobierno esté consciente de lo que una institución cultural representa como legado, y se pueda crear un espacio museal; ello con independencia de que se abran espacios universitarios con parte de la obra donada de la colección del desaparecido MACAY.

Crítico y curador

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