“Jesús nos vuelve a decir a todos: ‘lávense los pies los unos a los otros, es decir, den los servicios más humildes a sus hermanos de familia o incluso desconocidos”, exhortó anoche el arzobispo de Yucatán, monseñor Gustavo Rodríguez Vega, en la celebración de la misa en la que se conmemoró la última cena del Señor, en la Catedral.
En la ceremonia, que marcó el inicio del triduo pascual, el Arzobispo recordó que este día se conmemora la institución de la Eucaristía, del sacerdocio y el mandamiento del amor, elementos centrales de la fe católica.
“Es el mandamiento del amor. La Eucaristía es amor de Dios por todos nosotros. No despreciemos este sacramento; aprovechemos al máximo, pero que quienes lo recibimos nos convirtamos verdaderamente en servidores los unos de los otros”, señaló.
Durante la celebración, monseñor Rodríguez Vega realizó el tradicional lavatorio de pies a 12 personas integrantes del equipo de liturgia, cofradía y custodios de la Catedral, en recuerdo del gesto realizado por Jesucristo con sus apóstoles.
Ante numerosos fieles, muchos de ellos en actitud de recogimiento, el prelado presidió la Eucaristía en un ambiente solemne. Como es costumbre en estas fechas, las imágenes religiosas permanecieron cubiertas con telas moradas.
Al inicio de la homilía, el prelado saludó al presbítero Juan Pablo Moo Garrido, rector de la Catedral, al diácono Fernando Bermejo Salmerón y a los participantes, y subrayó la importancia del momento litúrgico.
“Hoy iniciamos el triduo pascual, que tiene tres momentos sobresalientes. Hoy recordamos la institución de la Eucaristía. No es una Eucaristía más; es la Eucaristía que celebra la institución eucarística”, enfatizó.
Añadió que también se celebra la institución del sacerdocio, recordada previamente en la misa crismal realizada el miércoles en la misma Catedral, donde los sacerdotes renovaron sus promesas.
La pasión y muerte de Cristo
Explicó que el segundo momento del triduo es el Viernes Santo, con la conmemoración de la pasión y muerte de Jesucristo, seguida de la adoración de la Santa Cruz, y el tercero, la Vigilia Pascual del sábado por la noche, en la que se celebra la resurrección.
El arzobispo contextualizó la última cena dentro de la tradición judía de la Pascua, instituida siglos antes, y explicó que fue en ese marco donde Jesús instituyó la Eucaristía al ofrecer el pan y el vino como su cuerpo y sangre.
Recordó que este acto no es solo un recuerdo, sino una vivencia actual del misterio de la salvación. “Memoria es vivir en la actualidad lo que sucedió hace tantos años, pero que sigue sucediendo hoy”, indicó.
Asimismo, explicó que el evangelio de San Juan resalta el sentido de la Eucaristía a través del gesto del lavatorio de los pies, símbolo de humildad y servicio.
“Cristo, en la Eucaristía, se humilla por amor a nosotros, se hace pan por amor a nosotros”, expresó.
El prelado destacó que este gesto, propio de los esclavos en la antigüedad, fue asumido por Jesús como ejemplo para sus discípulos, quienes inicialmente no comprendieron su significado.
“Si yo, que soy el Señor y maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros”, recordó.
Monseñor Rodríguez Vega subrayó que, aunque la práctica de lavar los pies ya no es habitual, existen múltiples formas de servicio humilde en la vida cotidiana, tanto en el hogar como en la sociedad.
Se refirió al trabajo de las amas de casa y a la corresponsabilidad familiar, así como a la atención a enfermos, ancianos y personas en situación vulnerable, como expresiones concretas de este mandamiento.
Finalmente, el prelado realizó el lavatorio de pies a Miguel Viana Piña, Manuel Pisté Rivero, Joaquín Castillo Aguilar, Tere Contreras Berzunza, Danna Viana Contreras, Carlos Sosa Balam, María de Jesús Martín Novelo, Georgina Chávez Martínez, Kenneth Pech Ordoñez, Gilmer Lizama Gómez, María Concepción Tenorio Benítez y Patricia Rufino Castro








