• A la izquierda, una penitente encapuchada de la hermandad de Nuestro Padre Jesús del Huerto y San Diego; debajo, la convivencia entre madre e hija durante una procesión de Semana Santa
  • Arriba, integrantes de los “judíos coliblancos” marchan tocando el tambor junto a la hermandad; a la derecha, la procesión del Santo Entierro de Zaragoza

MONTORO, España (AP).— La negativa de una cofradía religiosa a incluir mujeres en su procesión de Semana Santa acaparó titulares en España, donde esta práctica, que se remonta a siglos atrás, es una de las que se viven con más fervor en el mundo.

La exclusión es la excepción en las procesiones católicas que se han celebrado en todo el país europeo. Varían desde las procesiones de varias horas que atraen a decenas de miles de fieles y turistas en grandes ciudades como Sevilla hasta las de los pueblos, que conectan de manera más íntima con la familia y la tradición.

Hubo indignación por la polémica en Sagunto, donde la mayoría de los integrantes de la cofradía Puríssima Sang de Nostre Senyor Jesucrist (Purísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo) votó para excluir a las mujeres y alegó que su decisión se basaba en “respetar la tradición”. La noticia motivó la protesta del gobierno, así como otras en la calle.

En España, las procesiones de Semana Santa requieren meses de preparación y alcanzan su punto álgido en las primeras horas del Viernes Santo. Las cofradías organizan los grupos que durante horas cargan los pesados pasos con imágenes, a veces hasta media docena, que representan escenas de los evangelios sobre la pasión de Cristo, como el beso con el que Judas lo traicionó en el Monte de los Olivos.

A veces las mujeres son “portadoras” y llevan los pasos sobre sus hombros.

En Baena, una aldea situada en lo alto de una colina, de casas encaladas entre los olivares de Andalucía, se podían ver pestañas cubiertas generosamente de máscara a través de las capuchas moradas de mujeres que cargaban un paso con una imagen de Jesús en oración, adornado con flores.

En Montoro, otro pueblo de la misma provincia de Córdoba, el integrante de una cofradía local afirmó que hombres y mujeres deberían tener los mismos papeles, sobre todo porque las imágenes sagradas incluyen a la Virgen María y a Jesús.

“En mi casa tengo tres hijas; mi mujer, cuatro, y conmigo cinco, y participamos toda la familia”, añadió Ricardo Ruano, quien el Jueves Santo fue “costalero”, una de las personas que cargan grandes pasos apoyándolos en la base del cuello. “Nosotros todo el año esperamos por esto, porque es lo que nos gusta”.

Varias “portadoras” en Montoro dijeron estar indignadas por la controversia en Sagunto. “Las mujeres tenemos el mismo derecho que un hombre a salir”, dijo Rosa de la Cruz. “No salimos para que nos vean, salimos para que vean a la imagen”.

Muchos en el pueblo dedicaron sus oraciones de Semana Santa a las víctimas de un devastador accidente de tren ocurrido en enero a las afueras de una localidad cercana y que dejó casi cuatro decenas de muertos.

Aunque España, como la mayor parte de Europa, es cada vez más laica, el interés por participar en las procesiones sigue creciendo, señaló Juan Carlos González Faraco, profesor de la Universidad de Huelva. Ha estudiado las tradiciones religiosas en Andalucía, incluida la romería de El Rocío, al final de la Pascua.

Históricamente masculinas, las cofradías llevan décadas incorporando a mujeres tanto en puestos de liderazgo como en funciones procesionales, agregó. Eso es especialmente notable en las filas de “penitentes”, a menudo encapuchados, que marchan junto a los pasos, aunque algunos de los más pesados todavía los cargan únicamente hombres.

En Montoro, Mari Carmen López apuntó que la fuerza física puede variar, pero hombres y mujeres comparten el mismo sentimiento.

“Vamos con fe, con devoción, con todo el corazón”, dijo mientras el paso de su cofradía avanzaba por los empinados callejones. Los hombres que lo rechacen “no se dan cuenta de que han nacido de una mujer”.

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