Un trabajador manipula una textura de piel sintética llamada Bambi en la fábrica textil de BioFluff en Prato, Italia
Un trabajador manipula una textura de piel sintética llamada Bambi en la fábrica textil de BioFluff en Prato, Italia

NUEVA YORK (Chantel Tattoli y Clara Vannucci, de “The New York Times”).— Cuando tenía unos cuatro años de edad, Roni Gamzon tenía un abrigo de piel sintética que quería llevar “a todas partes”, dice.

Era blanco con manchas negras como de tinta —como si Cruella de Vil hubiera despellejado a unos cachorros dálmatas— y pensó mucho en ese aspecto después de una reunión con Martin Stübler, bioingeniero, y Steven Usdan, reciclador textil, en 2022.

Gamzon, que ahora tiene 26 años, creció entre Tel Aviv y Singapur, y estudió Ciencias de la Computación. En el momento de la reunión de 2022, estaba desarrollando una empresa emergente de tecnología aplicada a la moda para ayudar al mundo de la moda de lujo a relacionarse con la Generación Z.

Pero quería dedicarse a la sostenibilidad de la moda y pensó que el área en la que se podía tener el “mayor impacto” era la innovación textil.

Stübler, de 35 años, quien había trabajado para MycoWorks, famosa por fabricar “piel de hongo”, y Usdan, de 64 años, fundador de Giotex, recicladora de residuos textiles en México, desarrollaban una alternativa a la piel animal y sintética.

La piel es, por supuesto, una cuestión de bienestar animal largamente documentada (y a veces debatida). Pero también está el aspecto medioambiental: las pieles se tratan con diversas sustancias químicas y la piel sintética, como la del abrigo de la infancia de Gamzon, casi siempre está hecha de poliéster y acrílico, que son plásticos.

Gamzon había conocido a Stübler ese año en una conferencia sobre sostenibilidad para empresas emergentes en París, donde él le enseñó muestras hechas a mano de prototipos de pieles vegetales. “Se me quedó grabado”, evoca. “Esto tiene que estar en el mundo”.

En 2023, Gamzon ayudó a Stübler y a Usdan a fundar BioFluff, una empresa de tecnología de la moda con sede en Nueva York y París que fabrica pieles, “lana” y vellón sin plásticos, a partir de plantas y seda (Stübler abandonó la empresa el verano pasado).

Una fría mañana de febrero, en un despacho de la Maison des Start-ups —una incubadora de LVMH para fomentar la innovación, incluida la de BioFluff, en el sector del lujo—, Gamzon, ahora directora comercial de la empresa, acarició una muestra de piel moteada hecha de lino e inspirada en los dálmatas.

“Fue una de las primeras cosas que quise hacer”, admite riendo.

Al principio, Gamzon habló con los diseñadores sobre el aspecto y el tacto de la piel sintética, a la que llamó Savian, por la palabra hebrea que a veces se utiliza para describir la esponjosa cabeza de semilla blanca de los dientes de león y los senecios. Los aspectos que siempre surgían eran el nivel de brillo y la “suavidad y esponjosidad”.

BioFluff elaboró un material más voluminoso que el prototipo y presentó Savian a finales de 2023 en la COP28, la cumbre mundial de la ONU sobre el clima, en colaboración con la diseñadora Stella McCartney, quien lo utilizó para un largo abrigo negro. En 2024, la marca danesa Ganni expuso versiones de su bolso Bou fabricadas con Savian. (Ninguno de los dos productos se fabricó para la venta al por menor).

BioFluff tiene ahora dos líneas de pieles, con productos respaldados por viscosa: Savian Naturals, fabricada con fibras vegetales como cáñamo, lino y ortiga que a veces se mezclan con una fibra de rayón, y Savian Silks, fabricada con fibras de seda. (Aunque fabricar seda normalmente implica matar gusanos de seda, el catálogo de la empresa señala la “amplia aceptación” de este material, incluso entre las marcas preocupadas por los animales). Una tercera línea prevista, un peluche, se dirigirá al mercado de los juguetes.

Peletera vegetal

Y aunque BioFluff afirma que Savian Naturals es la primera peletería 100 por ciento vegetal del mundo, la peletería de imitación Ecopel, con sede en Shangái, lleva los últimos años trabajando en opciones similares. Ecopel sacó a la venta Flur, una piel sintética fabricada con fibras de ortiga en la primavera de 2024. El director de sostenibilidad de Ecopel, Arnaud Brunois-Gavard, dijo en un correo electrónico que el material seguía disponible, pero que su desarrollo estaba “en pausa” mientras la empresa se concentraba en opciones que permitieran una “mayor variedad de pieles”.

En 2019, Stella McCartney desarrolló con Ecopel y la empresa química estadounidense DuPont una piel sintética derivada en un 37% de fibras de residuos de maíz. Ese material —que se retiró el año pasado— se sustituyó por Bio Fur, una opción totalmente basada en biopolímeros, derivados de ciertos residuos vegetales que se convierten en ácido poliláctico, un bioplástico. BioFluff afirma que no utiliza este tipo bioplásticos.

BioFluff fabrica Savian con maquinaria readaptada en fábricas textiles existentes a las afueras de Florencia, Italia.

Las texturas de Savian están inspiradas en animales —con nombres como Dalmatian, Cheetah, Bambi, Pony, Wolfy y Beaver, y con colores que van desde el cereza y el coral al caramelo y el gris acero—, pero Gamzon asegura que el objetivo no es que las pieles de imitación tengan siempre el aspecto y el tacto de las pieles reales (o de los plásticos, en realidad); en lugar de eso, el material puede ser “algo propio”, manifiesta, “como una hamburguesa vegetariana”.

Usdan, director de producto de BioFluff, afirma que hoy en día percibe mucha fatiga en torno a los textiles ecológicamente innovadores, debido no solo al lavado verde, o ecoblanqueo, sino también a que la moda se centra demasiado en palabras como “reciclable” y “biodegradable” y apuesta por “soluciones milagrosas”.

Lo que importa es la “práctica en torno a los materiales” en cada fase, puntualiza.

Una evaluación preliminar del ciclo de vida realizada por terceros, encargada por la empresa en 2023 con una subvención, indicó que las emisiones de carbono asociadas a la piel vegetal de BioFluff eran al menos un 75% inferiores a las de la piel de plástico, revela Usdan. Las evaluaciones del ciclo de vida determinan el impacto medioambiental de un producto a lo largo de su existencia.

En un vertedero, Savian puede biodegradarse en pocos años, añade, mientras que las pieles de poliéster y acrílicas pueden tardar siglos en hacerlo. Savian también puede compostarse industrialmente en 12 semanas.

Pero el compostaje industrial en el mundo real de la moda biodegradable, que requiere una infraestructura que va desde las operaciones de recogida y clasificación de residuos hasta las instalaciones adecuadas, “no va a existir en un futuro próximo”, advierte Annie Gullingsrud, directora de estrategia de Trashie, plataforma de donación de productos textiles y electrónicos. Esto se debe en parte a la escasez de la infraestructura necesaria.

Gullingsrud indica que había reflexionado sobre el trabajo en torno al desarrollo de materiales sostenibles que ella y sus colegas hacían hace una década: “Estábamos soñando. Tuve que aprender a enfocarme en las cosas con mayor potencial de impacto”.

En su opinión, hay dos problemas principales de sostenibilidad en la moda: “El problema del CO2” y el “problema de los residuos”, o qué hacer con las prendas desechadas.

“La categoría de abrigos de piel es minúscula”, añade, y a menos que BioFluff pueda producir Savian tan barato como el poliéster, y a menos que encuentre un uso más amplio para sus productos, es probable que la empresa tenga “muy poco impacto” dada la producción de empresas como Amazon, Shein, Temu y Quince.

BioFluff abrió su primera sala de exposiciones en París y Savian ha aparecido en varias pasarelas esta temporada. Este punto de inflexión llega en un momento en que la piel animal ha caído más o menos en desgracia en el mundo de la moda.

Kering, el grupo propietario de Saint Laurent y Balenciaga, dejó de usar pieles en 2022. Oslo, Helsinki y Ámsterdam habían prohibido las pieles de animales en sus semanas de la moda cuando el Consejo Británico de la Moda prohibió las pieles en la Semana de la Moda de Londres en 2023. En ese mismo año entraron en vigor las prohibiciones para el uso de pieles animales en la Semana de la Moda de Copenhague y la de vender pieles nuevas en California.

En octubre, Condé Nast decidió no utilizar pieles en el contenido editorial y la publicidad de sus marcas, incluida “Vogue”. Recientemente, la Academia de Televisión prohibió las pieles en la alfombra roja de los Emmy, y el impedimento a usarlas en la Semana de la Moda de Nueva York —que el Consejo de Diseñadores de Moda de Estados Unidos (CFDA) votó en diciembre— entrará en vigor en septiembre próximo.

Aunque Gamzon apunta que BioFluff experimentó un “repunte de interés” después de la prohibición del Consejo, la diseñadora Aurora James señaló en febrero que la piel vintage también experimentaba un “auge loco”. Y añadió: “Creo que la prohibición llegó en un momento muy oportuno, porque todas las chicas que conozco están intentando encontrar el mejor abrigo de piel vintage del momento. No creo que la gente se lo esperara”.

La diseñadora Aurora James, quien es la copresidenta del CFDA, no apoyó la prohibición de las pieles. En un ensayo en Substack, la describió como “anticuada” y habló de los matices de la piel vintage, la piel criada en fábricas y la piel procedente de comunidades artesanas e indígenas. (La CFDA aprobó su petición de una excepción cultural para las personas indígenas).

También cuestionó la distinción entre piel y cuero. “Para mí, la cuestión es la misma que con la carne”, admite. “¿Cómo se obtiene esto? ¿Cuál es su impacto a largo plazo en el mundo?”.

Collina Strada es la primera marca de pasarela que vende piezas hechas con Savian, que se presentó en su desfile otoño-invierno 2026 durante la Semana de la Moda de Nueva York, en febrero. Hillary Taymour, la diseñadora de la marca vegana con sede en Nueva York, describió Savian como “una alternativa muy buena”. Conoció a Gamzon en una mesa redonda de la Semana del Clima en Nueva York el otoño pasado. Tras recibir muestras de Savian Naturals en Navidad, hizo un pedido a principios de enero.

“Lo cosimos de forma rudimentaria, lo fruncimos, lo pusimos a prueba: se cose como un material normal”, explica Taymour. “Es muy suave. Cumple todos los requisitos”. Su colección incluía una capucha (400 dólares), un manguito/bolsa (540 dólares), un chal (1,080 dólares) y una chaqueta (1,350 dólares) hechos con Wolfy café, así como uno de los abrigos Paw Paw de la marca en Pony con estampado de leopardo de las nieves que superpuso con organza a cuadros (2,700 dólares). El material estándar cuesta entre 20 y 53 dólares el metro y es “caro comparado con las pieles de poliéster de gama media”, indica Taymour.

Martine Rose, diseñadora de ropa masculina, utilizó Savian (que dijo por correo electrónico que le encantaba “por su estética”) en sus prendas de suéteres, vaqueros, deportivas y exteriores para su colección otoño-invierno 2026. Había cuellos de piel desmontables y algunas “mangas de fiesta” confeccionadas en mongol color cereza, la respuesta de BioFluff a la piel de oveja ondulada de Asia oriental.

Y Louis Vuitton utilizó la versión Wolfy de Savian para un chaleco de su colección de ropa de mujer otoño-invierno 2026 en la Semana de la Moda de París. (La prenda también utiliza piel de poliéster).

Gamzon reconoce que no era fácil entrar en este campo, y que BioFluff había estado a punto de fracasar. Por ejemplo, “todos los cambios de director creativo” en muchas de las principales casas de diseño “han dificultado mucho el proceso”. Pero aún se muestra optimista y cree “que el próximo otoño-invierno va a ser aún más fuerte”.

Ver más productos suyos en las pasarelas y en las tiendas sería bienvenido, asegura. “Nos han roto mucho el corazón”.

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