Rambla Prim, mi hogar fuera de casa, aquí están las personas a las cuales llamo mi familia extendida, las que me acogen con amor y reciben el que yo doy a mi manera con generosidad. Salgo a caminar después de cansar a todos, al fin y al cabo yo soy quien vengo a cambiar la rutina y no me gusta invadir el espacio de los demás. Voy rumbo a la playa, sin prisa, con ese mar que me da paz, que siempre me espera sin pedirme cuentas, con la alegría del peregrino que convierte su camino en historia.

Mi humanidad se tropieza con una plaza comercial, es inevitable no desviar la ruta y dirigirse a mirar vitrinas, total, el océano permanece ahí.

Se me acerca un chiquillo, me pregunta si hablo español y, como tipo de turista nórdica no tengo, asiento con la cabeza. “Mire”, dice, “estoy vendiendo pulseritas para mi campamento de verano, si no tiene efectivo, tengo para transferencias”.

Me gana la sonrisa ante tal mercadotecnia y decido comprar sin ver la mercancía. Saco el único billete que tenía en la bolsa el cual era de 10 euros y, mirándome, me comenta: “No tengo vuelto, pero conozco una tienda donde me lo cambian”.

Ante tantas facilidades y carisma del vendedor, decido darle el beneficio de la duda, pensando que si no regresa con el dinero se llevará mi fe en la humanidad, pero si vuelve me la retornaría entera y con ganancia. Total he arriesgado más y por nada.

Me quedé esperando sin ninguna expectativa, pero con la ilusión de que somos más los buenos que los malos, como suele decir mi querida Margarita Robleda. Al poco rato lo vi asomar con el efectivo fraccionado y carita de satisfacción por la encomienda realizada con éxito. Fue tal mi emoción que olvidé la transacción, pero él rápidamente abrió su mochila y me mostró el producto para que eligiera.

Yo no solo terminé comprando sino donando para su actividad escolar por su honradez, la cual elogié antes que se marchara.

Y ahora aquí estoy con cuatro pulseras particularmente feas pero con el corazón lleno de alegría porque a pesar de todas las calamidades un pequeño me devolvió la fe con tan solo diez “pavos”.

Alegrémonos muchachos, que no todo está perdido y un voto de confianza a veces es recompensado con la magia de la honestidad.

Licenciada en Ciencias de la Comunicación.

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