“Os daré pastores según mi corazón” (Jer 3, 15). “Con estas palabras del profeta Jeremías, Dios promete a su pueblo no dejarlo nunca privado de pastores que lo congreguen y lo guíen”.
Así comienza la exhortación apostólica postsinodal “Pastores dabo vobis”, de san Juan Pablo II (1992), dedicada a la formación de los sacerdotes. Desde sus primeras líneas, este documento nos recuerda una verdad fundamental: Dios nunca deja solo a su pueblo. Permanece fiel a su promesa de suscitar pastores según su corazón, que nos orienten, nos acompañen, nos fortalezcan y nos conduzcan hacia Él.
Esa ha sido la misión del Seminario Conciliar de Yucatán a lo largo de estos 275 años: formar y acompañar a los futuros sacerdotes para el servicio de la Iglesia.
Sabemos, por la fe, que la promesa del Señor no puede fallar. Precisamente esta promesa es la razón y la fuerza que infunden alegría a la Iglesia ante el florecimiento y el aumento de las vocaciones sacerdotales (PDV número 1).
Esa misma alegría y esperanza es la que hoy nos impulsa a perseverar en la oración, pidiendo a Dios que continúe enviando sacerdotes santos, sanos y sabios.
Nuestro Seminario Conciliar, confiado al cuidado de Nuestra Señora del Rosario y san Ildefonso, es testimonio vivo de la fidelidad de Dios. A lo largo de su historia —marcada por luces y sombras, desafíos y esperanzas— ha permanecido firme, sostenido por la certeza de que es el Señor quien conduce y sostiene su camino.
La celebración de este aniversario jubilar se presenta como una ocasión privilegiada para renovar, como Iglesia particular, nuestra súplica por las vocaciones: por los seminaristas, los formadores, las madres Oblatas de Jesús Sacerdote y los jóvenes que experimentan la inquietud del llamado, para que todos respondamos con generosidad y seamos perseverantes en la fe.
Hemos elegido el lema “275 años formando pastores, mensajeros de esperanza” porque expresa con claridad la identidad y misión de nuestra querida institución, que ha acompañado durante casi tres siglos la vida de la Iglesia local mediante el discernimiento y la formación de los candidatos al sacerdocio ministerial.
Hoy, en un contexto que con frecuencia parece carecer de rumbo y horizonte, se hace más urgente volver la mirada al Dueño de la mies y suplicarle que envíe trabajadores a su viña, trabajadores solícitos, cercanos y generosos. Pidamos a Dios nuestro Señor, a través de la oración, la gracia de una nueva primavera vocacional en nuestra amada Arquidiócesis de Yucatán.
Nuestra Señora del Rosario, ruega por nosotros y por nuestro Seminario. Jesús, Buen Pastor, guía nuestro Seminario a tu corazón.
Seminarista, segundo de Configurativa.
