Una investigadora analiza los restos óseos para estudiar el ADN antiguo y poder reconstruir la historia genética de las poblaciones europeas
Una investigadora analiza los restos óseos para estudiar el ADN antiguo y poder reconstruir la historia genética de las poblaciones europeas

MADRID (EFE).— El colapso del Imperio romano de Occidente a partir del año 470 después de Cristo dio lugar a las estructuras sociales modernas, con las familias monógamas como núcleo de la sociedad.

Así lo infiere una investigación que ha aplicado las más recientes tecnologías de análisis genético a restos humanos de varios yacimientos funerarios de Bavaria (Alemania), de entre los siglos V y VIII d.C.

El estudio apareció ayer en la revista “Nature” y en el equipo internacional de investigadores que lo llevó al cabo se cuenta la genetista experta en sistemas sociales Lea Guyon, afiliada a la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

A través de los restos humanos encontrados en estos yacimientos funerarios de la frontera sur de Alemania, los investigadores han podido estudiar el genoma de 258 individuos entre los años 400 y 700 después de Cristo. Los han comparado con otros 2,500 genomas antiguos procedentes de otros yacimientos europeos y con 379 genomas modernos.

Los autores utilizaron una técnica conocida como Chronograph que relaciona dataciones por radiocarbono con la genealogía de los individuos a fin de datar acontecimientos como, por ejemplo, a qué edad han tenido hijos las mujeres.

Los análisis genéticos revelan un importante cambio demográfico que coincide con el colapso de las estructuras estatales romanas a finales del siglo V.

En ese momento, la población fundadora romana de ascendencia nórdica se mezcló con habitantes de otros asentamientos romanos de una gran diversidad genética, procedentes de toda Europa e incluso de Asia.

Hasta hace poco se pensaba que esta mezcla entre nórdicos y romanos del centro y sur europeos se produjo a raíz de una migración a gran escala.

Sin embargo, trabajos como este hablan “de que la población nórdica ya estaba bastante integrada familiarmente en las sociedades centroeuropeas cuando se produce el fin del Imperio romano”, declara Lea Guyon en una entrevista con EFE.

Guyón y el resto del equipo consideran que, más que una migración a gran escala, aquella sociedad era el resultado de la movilidad de pequeños grupos, que se fueron integrando y formando familias con otras personas del Imperio romano, lo que terminó por dar lugar a la diversa mezcla genética de los europeos modernos.

Los investigadores descubrieron que en esos tiempos la mortalidad infantil era elevada y casi una cuarta parte de los niños perdía a los dos padres antes de los 10 años, aunque la mayoría (81.8 %) crecieron con al menos un abuelo.

“El sistema social se centraba en familias nucleares, cuyos miembros practicaban la monogamia de por vida, evitaban el incesto, y no practicaban el levirato” (la obligatoriedad del matrimonio de una viuda sin hijos con sus cuñados), señala la investigadora.

“Vemos también que hay pocos casos de individuos que tienen hijos con personas diferentes, lo que sugiere que había una tendencia a la monogamia de por vida”, añade la investigadora de origen francés.

Además, las tumbas de las personas relacionadas se ubican más cerca unas de otras, especialmente las de padres e hijos.

Estos detalles hablan de la continuidad de las prácticas sociales tardorromanas que dieron forma a la forma de familia europea moderna a partir del siglo VII d. C.

Asimismo, “revelan que la transición de la Antigüedad tardía a la Alta Edad Media fue compleja y no debe verse únicamente a través del prisma tradicional del conflicto entre los bárbaros y el Imperio romano”, concluye la investigadora.

De un vistazo

Esperanza de vida

Los análisis genéticos revelaron que después del colapso del Imperio romano la esperanza de vida era de 43.3 años para los hombres y de 39.8 para mujeres, diferencia que se atribuye a que el embarazo y el parto eran factores de riesgo de muerte prematura.

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