Los artistas ucranianos Zhanna Kadyrova y Nikita Kravtsov junto a la instalación “El ciervo de origami”, instalada en la Bienal de Venecia
Los artistas ucranianos Zhanna Kadyrova y Nikita Kravtsov junto a la instalación “El ciervo de origami”, instalada en la Bienal de Venecia

VENECIA (AP).— La 61a. edición de la Bienal de Venecia arrancó envuelta en polémica y protestas, luego de la renuncia inédita de su jurado debido a la participación de Israel y Rusia, situación que puso en duda la estructura de la exposición de arte contemporáneo más importante del mundo.

La crisis hizo a los pabellones nacionales epicentro del debate sobre el papel político del arte y la vigencia de representar a los países en una muestra globalizada.

Durante la apertura en los Giardini, ayer, artistas ucranianos permanecieron junto a la escultura de un ciervo de origami trasladada desde el frente de guerra en Donbás, mientras los del pabellón ruso bailaban música electrónica a pocos metros.

Paralelamente, activistas palestinos marcharon con los nombres de artistas fallecidos en Gaza, un reflejo de cómo las tensiones internacionales dominaron el ambiente artístico.

Marie Helene Pereira, una de las curadoras de la exposición principal “In Minor Keys”, afirmó que el conflicto actual cuestiona directamente el concepto de Estado nación dentro de la Bienal. Añadió que “es importante poder replantear la estructura, replantear las instituciones” para atender mejor a los artistas sin separar el arte de la política.

La controversia también alcanzó al pabellón nacional de Israel.

El artista Belu-Simion Fainaru respaldó la postura del jurado de no premiar a países bajo investigación de la Corte Internacional de Justicia, aunque pidió igualdad de trato para los creadores.

“Deberían tratarme como a un artista en igualdad, y no deberían discriminarme por mi raza, por ser judío, ni por mi nacionalidad o pasaporte”, expresó Fainaru frente a su instalación, que está inspirada en la Cábala. Desde Ucrania surgieron algunas de las críticas más duras hacia la presencia rusa en la Bienal.

La cocuradora Ksenia Malykh calificó como “un falso intento de mantenerse neutral” la decisión de permitir la apertura del pabellón ruso y aseguró que “no se puede ser neutral cuando la gente muere todos los días por culpa de los rusos”. Además, acusó a Rusia de utilizar el arte “como arma en una guerra híbrida en Europa”.

La ausencia del jurado será motivo de que este año no se entreguen los tradicionales Leones de Oro, considerados los máximos reconocimientos de la Bienal. En su lugar, el público elegirá a los ganadores al cierre de la muestra en noviembre.

Para Malykh, la medida debilita el prestigio del evento: “Si el premio lo da el público, es como si la Bienal hubiera llegado a Eurovisión. Después de eso, ya no es una institución profesional”, sostuvo.

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